domingo, 27 de octubre de 2024

Mas papistas que el Papa

 

Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama».

Creo que hemos escuchado una exclamación que dice: “es más papista que el Papa”, refiriéndose a la o las personas que creen saber más que el mismo Papa, o que quieren hacer creer que tienen la razón de todo y que su verdad vale más que la de otros, y, exigen, muchas veces que se le crea a pesar de que no tienen toda la razón de las cosas.

Los apóstoles se muestran en este evangelio, podríamos decir, “compasivos” con Jesús, pues, seguramente, su actitud es querer proteger a Jesús y que no lo molesten. Esta actitud la vemos varias veces en los evangelios. Quizás la confianza con el Maestro les permitía pensar que tenían, también, autoridad para decidir qué cosas debía hacer Jesús y a quién debía escuchar o atender.

Sin embargo, Jesús, no hace caso a ellos sino a quien se muestra necesitado de Él. Y, en un acto de compasión y de educación en la humildad, le pide a los apóstoles que querían hacer callar al ciego que lo llamen pues Él lo va a escuchar.

A veces, nosotros no podemos entender qué cosas quieren los demás, y, sin embargo, no ponemos en esa actitud de querer callar a los que buscan a Dios. Los prejuicios sobre los demás hacen que pongamos barreras para que se acerquen a Dios, muchas veces, lo hacemos inconscientemente, pero otras, lo haremos con mucha consciencia pues hemos juzgado a la persona y vemos que no viene con buena disposición, o, que según las reglas no debería estar en el mismo lugar o en el mismo entorno, o, hasta en el mismo banco.

Jesús nos pide abrir el corazón para que los que quieran encontrarse con él puedan hacerlo, que no pongamos barreras humanas para no dejar entrar a los que quieren salvarse. Alguna vez he escuchado: rezamos para que haya gente nueva o para que los pecadores se conviertan, pero cuando viene alguien nuevo no le permitimos hacer cosas nuevas, o cuando un pecador se convierte siempre le hacemos pagar un derecho de piso para entrar en la comunidad.

Es cierto que la Iglesia vive de la tradición, pero la Tradición de la que vive la Iglesia es la Tradición del Magisterio y de la Palabra de Dios, después hay tradiciones humanas que pueden ser modificadas en el tiempo y se pueden aggiornar de acuerdo con lo que se vive o, mejor, a lo que Dios va mostrando a través de la historia. Sin embargo nos encontramos con cristianos muy atados a las tradiciones humanas y muy desapegados a la Palabra de Dios y las exigencias evangélicas. Por eso mismo, podemos llegar a ver que nuestras comunidades se van vaciando, porque lo que el hombre de hoy necesita es seguir a Dios y no a las tradiciones humanas.

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