domingo, 20 de octubre de 2024

No sabemos pedir

«Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir».
Muchas veces tenemos la misma intención con Dios: "queremos que hagas lo que te vamos a pedir". No pedimos por favor, no pedimos que nos ilumine, sino que haga lo que queremos, porque para eso es Dios ¿no? Muchos dicen: si verdaderamente es Padre ¿por qué hace esto o aquello o por qué no hace esto o aquello? Creemos que porque somos hijos o discípulos todo lo que pidamos lo vamos a obtener, pues tenemos derecho de que nos concedan lo que queremos.
Por eso el Señor les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Queremos tener poder, o mejor dicho estar al lado del que tiene el poder, porque si estamos cerca del poder o aparentamos tenerlo nos parece que somos más, que somos mejores que el resto, que todo lo que se nos ocurra lo podremos hacer.
¡Cómo nos engaña el pecado que habita en nosotros! Nos creemos humildes y somos soberbios, nos creemos sabios y somos ignorantes, nos creemos muy santos y somos pecadores, nos creemos con muchos derechos y nos olvidamos de las obligaciones, por eso...
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Pues no, no sabemos lo que pedimos, porque lo que pedimos lo pedimos desde nuestro convencimiento de que somos dueños de la verdad, que lo que pedimos como no es malo entonces se nos tiene que conceder. Y ahí es donde se ve nuestra ignorancia, creemos que lo que hacen los poderosos del mundo también lo podemos hacer dentro de la Iglesia, sin saber que "estamos en el mundo, pero no somos del mundo".
Jesús, llamándolos, les dijo:
«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».
A veces confundimos el servicio dentro de la iglesia con el poder, y, porque se nos han dado ciertos "poderes" nos creemos los poderosos, y así creemos que tenemos todos los derechos, pero nos olvidamos de las obligaciones y, sobre todo, nos olvidamos que estamos para servir a la Voluntad de Dios y no a nuestra propia voluntad, pues "el Hijo del hombre no vino para ser servido sino para servir y ofrecer su vida en rescate por una multitud", por que su "alimento es hacer la Voluntad del Padre" y no la voluntad del mundo.

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