sábado, 12 de octubre de 2024

Esclavos de Su Voluntad

"En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Muchas veces hemos escuchado este Evangelio, es decir, estas Palabras de Jesús sobre María, su Madre, y siempre hemos pensado o escuchado que Él no quería disminuir la importancia de María en su vida, sino que quería que viéramos más allá del título de Madre de Jesús.
Y así es, no es importante el título que hemos conseguido sino lo que hacemos o, mejor dicho, cómo nos cambia ese título conseguido. No son pocas las personas que al saber que tienen un título profesional de grado o posgrado, o algún cargo importante ya sea en empresas o trabajos o, incluso, en la iglesia, se creen ya casi dioses y miran a todos desde un pedestal más alto.
No, no es el título lo que hace grande a las personas, y menos aún a un cristiano, sino la forma en que vive y, sobre todo, cómo vive la Voluntad de Dios en su propia vida. Porque lo que a María la hizo Bienaventurada por todas las generaciones no fue el ser la Madre de Cristo, sino su "esclavitud" a la Voluntad de Dios: "he aquí la Esclava del Señor ¡hágase en mi Tú Voluntad!".
No comprendemos que nosotros, como María, también estamos llamados a hacer la Voluntad de Dios, y no me cansaré de repetirlo, pues lo repetimos siempre: "hágase Tú Voluntad en la tierra como en el cielo".
Y aquí es donde siempre nos equivocamos pues no queremos hacer Su Voluntad, sino que queremos que Él haga nuestra voluntad, o, mejor aún, que otros hagan por mí o para mí mi voluntad, o que otros hagan la Voluntad de Dios, pero yo no.
Por eso, María nos invita a vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios para que alcancemos, como Ella, la Bienaventuranza en la tierra y en el Cielo, para que así, como Ella, podamos, también, renovar no sólo nuestra vida sino ser parte de la transformación de la sociedad que Dios quiere que hagamos, pero no haciendo la voluntad del mundo, ni la mía, sino saber que sólo la Voluntad de Dios es la que nos transforma y nos lleva a transformar el mundo.

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