domingo, 31 de julio de 2022

Pobres de espíritu

Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

La pobreza espiritual es muy diferente de la pobreza material y, lamentablemente, una no va unida a la otra, aunque muchas veces le ayuda. Pero no, la pobreza espiritual no tiene nada que ver con la pobreza material, sino con cómo gestiono mi riqueza, tanto material como espiritual. Porque, así como está la soberbia material, también está la soberbia espiritual, cuando conociendo nuestras virtudes y dones no los usamos para ayudar sino para controlar, para darnos aires de dios, y nos colocamos por encima de los demás, y así nos transformamos en jueces y verdugos de los demás: “porque no son como yo”.
Tanto la soberbia espiritual como la soberbia material llevan al hombre a un alejarse no sólo de los demás, sino también de Dios de quien no necesita ni necesitará nada, sólo confía en sí mismo y su autocomplacencia hace que se crea indestructible, y, por supuesto, no necesita que nadie le diga lo que debe hacer porque ya lo sabe todo, y, sobre todo, todo lo hace muy bien.
Por eso el Señor nos advierte tanto sobre una como sobre la otra, y nos da la fórmula, por decirlo de alguna manera, para poder alcanzar la pobreza espiritual: no depender de nuestros bienes espirituales ni materiales, porque ambos pueden ser quitados de un día para otro, y sobre todo, no acumular bienes (ni unos ni otros) en nuestros propios graneros, sino que todo lo que he recibido ponerlo al servicio de los demás.
Cuando descubrimos que todo lo hemos recibido por Gracia de Dios, porque ha sido Él quien ha puesto en mí los bienes espirituales que me han sido útil para alcanzar los bienes materiales, entonces puedo ver que la humildad de reconocer que no ha sido porque yo he sido capaz, sino porque Dios me ha dado lo que tengo, entonces puedo poder todo ello al servicio de mis hermanos.
Sí, porque, así como Él me ha dado su Amor y Su Vida, entonces, yo, por Amor a Dios y a mis hermanos, pongo mis bienes materiales y espirituales al servicio de los que más lo necesiten. Todo, claro, discerniendo en qué momento y a quien, y cuándo Dios me pida que obre de tal o cual manera, pues todo será para Gloria de Él.

sábado, 30 de julio de 2022

Todo se haga para gloria de Dios

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a san Policarpo de Esmirna.

    Huye de la intriga y del fraude; más aún, habla a los fieles para precaverlos contra ello. Recomienda a mis hermanas que amen al Señor y que vivan contentas con sus maridos, tanto en cuanto a la carne, como en cuanto al espíritu. Igualmente predica a mis hermanos, en nombre de Jesucristo, que amen a sus esposas como el Señor ama a la Iglesia. Si alguno se siente capaz de permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, permanezca, en ella, pero sin ensoberbecerse. Pues si se engríe, está perdido; y si por ello se estimare en más que el obispo, está corrompido. Respecto a los que se casan, esposos y esposas, conviene que celebren su enlace con conocimiento del obispo, a fin de que el casamiento sea conforme al Señor y no por solo deseo. Que todo se haga para gloria de Dios.
    Escuchad al obispo, para que Dios os escuche a vosotros. Yo me ofrezco como víctima de expiación por quienes se someten al obispo, a los ancianos y a los diáconos. Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a tener parte con Dios! Colaborad mutuamente unos con otros, luchad unidos, corred juntamente, sufrid con las penas de los demás, permaneced unidos en espíritu aun durante el sueño, así como al despertar, como administradores que sois de Dios, como sus asistentes y servidores. Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de ser para vosotros como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas; vuestras cajas de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros. Así pues, tened unos para con otros un corazón grande, con mansedumbre, como lo tiene Dios para con vosotros. ¡Ojalá pudiera yo gozar de vuestra presencia en todo tiempo!
    Como la Iglesia de Antioquía de Siria, gracias a vuestra oración, goza de paz, según se me ha comunicado, también yo gozo ahora de gran tranquilidad, con esa seguridad que viene de Dios; con tal de que alcance yo a Dios por mi martirio, para ser así hallado en la resurrección como discípulo vuestro. Es conveniente, Policarpo felicísimo en Dios, que convoques un consejo divino y elijáis a uno a quien profeséis particular amor y a quien tengáis por intrépido, el cual podría ser llamado «correo divino», a fin de que lo deleguéis para que vaya a Siria y dé, para gloria de Dios, un testimonio sincero de vuestra ferviente caridad.
    El cristiano no tiene poder sobre sí mismo, sino que está dedicado a Dios. Esta obra es de Dios, y también de vosotros cuando la llevéis a cabo. Yo, en efecto, confío, en la gracia, que vosotros estáis prontos para toda buena obra que atañe a Dios. Como sé vuestro vehemente fervor por la verdad, he querido exhortaros por medio de esta breve carta.
    Pero como no he podido escribir a todas las Iglesias por tener que zarpar precipitadamente de Troas a Neápolis, según lo ordena la voluntad del Señor, escribe tú, como quien posee el sentir de Dios, a las Iglesias situadas más allá de Esmirna, a fin de que también ellas hagan lo mismo. Las que puedan, que manden delegados a pie; las que no, que envíen cartas por mano de los delegados que tú envíes, a fin de que alcancéis eterna gloria con esta obra, como bien lo merecéis.
    Deseo que estéis siempre bien, viviendo en unión de Jesucristo, nuestro Dios; permaneced en él, en la unidad y bajo la vigilancia de Dios.
    ¡Adiós en el Señor!

viernes, 29 de julio de 2022

Felices los que hospedan al Señor en su casa

De los Sermones de san Agustín, obispo

Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos todavía peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un día llegar a término.
Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una creatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu. Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello no por necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.
Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, él, que vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron dio poder de llegar a ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: «Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa.» No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Por lo demás, tú, Marta —dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos servicios—, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que se pondrá de faena, los hará sentar a la mesa y se prestará a servirlos.

jueves, 28 de julio de 2022

Venga tu Reino

Del libro de santa Teresa de Ávila sobre el Camino de perfección.

    ¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no lleva pensado cómo pedirla, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir: «Dadnos, Padre, lo que nos conviene»? Pues a quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más.
    ¡Oh Sabiduría eterna! Para entre vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo pedisteis en el huerto: mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas os dejasteis en la suya. Mas a nosotros nos conocéis, Señor mío, que no estamos tan rendidos como lo estabais vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque, según somos, si no nos dan lo que queremos (con este libre albedrío que tenemos), no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos.
    Pues dice el buen Jesús que digamos estas palabras en que pedimos que venga en nosotros un tal reino: Santificado sea tu nombre, venga en nosotros tu reino. Ahora mirad, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio su majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar este nombre santo del Padre eterno, conforme a lo poquito que podemos nosotros (de manera que se hiciese como es razón), si no nos proveía su majestad con darnos acá su reino, por ello lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro. Porque entendamos esto que pedimos, y lo que nos importa importunar por ello, y hacer cuanto pudiéremos para contentar a quien nos lo ha de dar, os quiero decir aquí lo que yo entiendo. El gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no en tiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en un ser; más muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le conociésemos.

miércoles, 27 de julio de 2022

Qué es el reino de los Cielos?

"El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo".
¿Hemos descubierto el tesoro que significa el Reino de los Cielos? ¿Hemos vendido lo que tenemos y compramos el campo?
Seguramente que entendemos las parábolas de Jesús sobre el Reino de los Cielos, pero no llegamos, a veces, a descubrir el valor que en realidad tiene el Reino de los Cielos. ¿Por qué? Porque si en realidad lo descubriéramos venderíamos, es decir, renunciaríamos a todo para poder comprarlo, para poder vivir el Reino de los Cielos en la tierra. Pero, en la mayoría de los casos, no lo hacemos, por lo tanto no hemos descubierto, todavía, el gran valor de ser cristianos verdaderos.
Y ¿qué tiene que vrer el reino de los cielos con ser cristianos verdaderos? ¿Acaso no rezamos: venga a nosotros tu reino? Así, pues el reino de los cielos lo construimos nosotros, cada uno de los bautizados, que vive la "voluntad de Dios en la tierra como en el cielo", construye el reino de los cielos en la tierra.
Es ahí donde descubrimos que no hemos "calculado" el valor de vivir en el reino de los cielos, porque no hemos dejado de vivir para el mundo, sino que no vivimos del todo para Dios. Su Voluntad no es el pan cotidiano que deseamos gustar, ni es el Pan de Vida el alimento que necesitamos todos los días para poder estar fuertes y disponibles para hacer la Voluntad de Dios "aquí en la tierra como en el Cielo".
Claro que es que cuando hemos escuchado hablar de estas parábolas pensamos que son sólo para los que se deciden por la vida consagrada, sin escuchar que todos los bautizados hemos sido consagrados para vivir una vida en Cristo, para Dios.
Entonces nos tenermos que poner a pensar ¿qué es el reino de los Cielos para mí? ¿Estoy dispuesto a dejar todo para vivir la Voluntad de Dios? ¿Cuál es la Voluntad de Dios para mi vida? ¿Soy capaz de abrirme al Espíritu para poder discernir qué quiere Dios de mí? ¿Será capaz de dejar lo que estoy viviendo para vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios?

martes, 26 de julio de 2022

Por los frutos los conoceréis

De los Sermones de san Juan Damasceno, obispo

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.
Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran designio» de la salvación universal, «Dios poderoso». Este niño es Dios.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.
¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

lunes, 25 de julio de 2022

Se entregaron con Cristo

 De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo


Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Haz que se siente uno a tu derecha y otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: «No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís.» Luego añade: ¿Podéis beber el cáliz que yo tengo que beber o recibir el bautismo con que yo he de ser bautizado? Es como si les dijera: «Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. No es éste tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros.»

Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: «¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?», sino que sus palabras son: ¿Podéis beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo tengo que beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su pasión le da el nombre de «bautismo», para significar con ello que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Sí, podemos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.

¿Qué les dice entonces el Señor? En efecto, mi cáliz lo beberéis y recibiréis el bautismo que yo he de recibir. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: «Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mi otorgarlo; es para quienes lo ha reservado mi Padre.» Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.

Los otros diez se disgustaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero -como ya dije en otro lugar- si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los apóstoles. En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio.

domingo, 24 de julio de 2022

Saber pedir

"Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?" 

Les dice san Pablo a los romanos: “Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables”.

¡Qué necesario que es saber dejar al Espíritu Santo hablar por nosotros! Y, sobre todo, dejar que el Espíritu Santo hable en nosotros. Es lo que el Padre más quiere darnos, porque es lo que más necesitamos en nuestra vida espiritual. Si lo hemos recibido en el bautismo, y ¡vive en nosotros! Porque somos un Templo vivo donde habita el Espíritu Santo, recurramos más a Él, pues Él es quien sabe lo que necesitamos.

¿Cuántas cosas pedimos en el día a día? ¿Cuántas cosas no hemos recibido en nuestra vida cuando las hemos pedido en oración?

Muchas veces, quizás, hemos sentido la frustración de que hemos rezado, hemos implorado y no hemos recibido lo que hemos pedido, ni tan siquiera cuando hemos pedido favores para otras personas.

Claro que el Señor en esta parábola nos dice “pedid y recibiréis”, y nos hemos quedado con esa frase y creemos, como niños pequeños y caprichosos, que todo lo que pedimos lo vamos a recibir, pero… nos olvidamos del final de la parábola, que, siempre es lo más importante: “cuanto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo”. ¿Por qué no nos da todo lo que queremos? Porque nuestro Padre es un gran pedagogo y si bien nos ama entrañablemente, nunca nos hará creer que somos los todopoderosos porque siempre recibimos lo que queremos.

Él sabe bien qué es lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, pero quiere que aprendamos a pedir, y no hay mejor forma de aprender a pedir que aprender a aceptar que no nos dan lo que queremos sino lo que necesitamos. Y ¿qué es lo que necesitamos? Pues eso mismo nos lo enseña el Espíritu Santo cuando nos ponemos en oración y le damos tiempo para que nos vaya indicando el camino a seguir, cuando nos vaya mostrando cuál es nuestra vocación y nuestra misión.

sábado, 23 de julio de 2022

Injertados en la Veradera Vid

"Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador".
Muchas veces el pecado, que habita en nosotros, nos seduce y nos engaña haciéndonos creer que somos nosotros quienes producimos frutos abundantes. Creemos que nuestra capacidad intelectual, que nuestro don de gentes, que nuestra manera de hablar, que nuestro... y nos olvidamos Quién es la Verdadera Vid, Quién es el Verdadero Labrador. Sí, no somos nosotros quienes nos hemos llamado a ser lo que somos, sino que el Padre nos ha llamado a Su Viña para trabajar, a cada uno a su hora, y en su lugar.
Por esa razón, y no por mera vanidad, es que Jesús pone énfasis en que Él es la Verdadera Vida, Él es quien nos alimenta con su savia y El Padre es quien nos mantiene con su Espíritu para alcanzar a ser lo que debemos ser.
Cuando nos olvidamos de Quienes son Ellos y de quien soy yo, entonces ya no producimos los verdaderos frutos, sino que producimos los frutos de la vanidad, del orgullo, del egoísmos...
Y, "a todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto".
Las podas que sufrimos en nuestra vida no son más que eso, podas que el Padre hace en nuestras vidas para que retomemos el verdadero cauce, para que lo dejemos trabajar en nosotros, para que volvamos a recordar a Quién debemos estar injertados para tener verdadera vida.
"Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros".
Así, si permanecemos en Cristo podremos seguir dando frutos en abundancia. Claro está que no sabemos cuál es la época de los frutos, pues, los que vivimos en este siglo, siempre esperamos que los frutos estén ahora, ¡ya! Y no, el fruto vendrá cuando sea el tiempo, y sobre todo cuando sea el tiempo del Padre y mi tiempo para que no me gloríe en mí mismo sino en el Padre que ha hecho fecunda la Obra que Él mismo comenzó en mi vida.
"Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí".
Y eso es lo más importante en nuestras vidas: permanecer en Cristo, pues, aunque creamos y queramos estar injertados en otras vides, sólo en Él podremos dar los frutos que el Padre espera de nosotros, y frutos que sean realmente buenos y generosos para poder llevar al mundo el verdadero sabor del Evangelio, que es el Evangelio de la Verdadera Vida.

viernes, 22 de julio de 2022

Buscaba al Amor

 De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios

María Magdalena, cuando llegó a al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho. Y dice el Evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: María se había quedado fuera, llorando junto al sepulcro.
Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el fin se salvará.
Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba. Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Desfallezco de amor; y también: Mi alma se derrite.
Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Se le pregunta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.
Jesús dijo: «¡María!» Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera: «Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en especial.» María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama «rabbuní»,es decir: «maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.

jueves, 21 de julio de 2022

Ha resplandecido la Luz de su Rostro

De los Comentarios de san Ambrosio, obispo, sobre los salmos.

    ¿Por qué nos escondes tu rostro? Cuando estamos afligidos por algún motivo nos imaginamos que Dios nos esconde su rostro, porque nuestra parte afectiva está como envuelta en tinieblas que nos impiden ver la luz de la verdad. En efecto, si Dios atiende a nuestro estado de ánimo y se digna visitar nuestra mente, entonces estamos seguros de que no hay nada capaz de oscurecer nuestro interior. Porque si el rostro del hombre es la parte más destacada de su cuerpo, de manera que cuando nosotros vemos el rostro de alguna persona es cuando- empezamos a conocerla, o cuando nos damos cuenta de que ya la conocíamos, ya que su aspecto nos lo da a conocer, ¿cuánto más no iluminará el rostro de Dios a los que él mira?
    En esto, como en tantas otras cosas, el Apóstol, verdadero intérprete de Cristo, nos da una enseñanza magnífica, y sus palabras ofrecen a nuestra mente una nueva perspectiva. Dice, en efecto: El mismo Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. Vemos, pues, de qué manera brilla en nosotros la luz de Cristo. Él es, en efecto, el resplandor eterno de las almas, ya que para esto lo envió el Padre al mundo, para que, iluminados por su rostro, podamos esperar las cosas eternas y celestiales, nosotros que antes nos hallábamos impedidos por la oscuridad de este mundo.
    ¿Y qué digo de Cristo, si el mismo apóstol Pedro dijo a aquel cojo de nacimiento: Míranos? Él miró a Pedro y quedó iluminado con el don de la fe; porque no hubiese sido curado si antes no hubiese creído confiadamente.
    Si ya el poder de los apóstoles era tan grande, comprendemos por qué Zaqueo, al oír que pasaba el Señor Jesús; subió a un árbol, ya que era pequeño de estatura y la multitud le impedía verlo. Vio a Cristo y encontró la luz, lo vio y él, que antes se apoderaba de lo ajeno, empezó a dar lo que era suyo.
    ¿Por qué nos escondes tu rostro?, esto es: Aunque nos escondes tu rostro, Señor, a pesar de todo, ha resplandecido sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor. A pesar de todo, poseemos esta luz en nuestro corazón y brilla en lo íntimo de nuestro ser; porque nadie puede subsistir, si tú le escondes tu rostro.

miércoles, 20 de julio de 2022

No te hagas el sordo

El Señor siempre nos habla en parábolas, nunca nos habla directamente, ni en aquél tiempo ni ahora, porque quiere que tengamos libertad para escuchar y comprender, porque, "no hay peor sordo que el que no quiere oír", por eso, siempre finaliza diciendo: "el que tenga oídos que oiga".
Los oídos del corazón y del espíritu están, muchas veces, cerrados o negados a la Palabra de Dios, una Palabra que, como dice San Pablo, es como una espada de doble filo, es decir siempre te va a cortar por algún lado, no para hacerte daño, sino, como lo hace el viñador, para que des más fruto, para que robustezcas tu espíritu para ser, cada día, más santo.
Por eso, al Señor, no le valen los argumentos y excusas humanas que ponemos, muchas veces, para no hacer lo que debemos, y, sobre todo, para no hacer lo que Él nos pide. Esto lo vemos muy claro en Jeremías:
"Yo repuse:
«¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que soy un niño».
El Señor me contestó:
«No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» - oráculo del Señor -.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
«Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar».
Es cierto que las misiones que el Señor nos pide realizar pueden ser demasiado grandes para nosotros, pero lo son para nuestra pobre imagición humana, pero, según Su Proyecto y Su Poder, Él tiene todo lo necesario para entregármelo y queda en mi disposición poder utilizarlo para dicha misión.
No somos nosotros los que tenemos el pdoer, y, aunque siempre digamos "poder es querer", nunca podremos hacer lo que Él quiere si no nos ponemos en Sus Manos. Sólo Dios puede hacer con nosotros grandes cosas si nosotros lo dejamos actuar, y dejamos de poner excusas para no hacerlo. Sólo Dios podrá hacer maravillas por medio nuestro si abrimos nuestros oídos a Sus Palabras y nuestro corazón a Su Espíritu para poder tener la fuerza y la Gracia para hacer Su Voluntad, aquí en el tierra como en el Cielo.
Por eso, no nos hagamos los sordos ante la Voz de Dios, sino que escuchemos lo que tiene para decirnos y pidamos la Gracia para poder hacerlo, porque, muchas veces, cerramos nuestros oídos por las dudas que nos pida algo que no queramos hacer, y, así dejamos pasar las oportunidades de hacer grandes cosas, como lo hizo María cuando se dispuso de corazón para que la Palabra se hiciera carne en su seno. Así también, en nosotros, la Palabra puede hacer vida si dejamos de hacernos los sordos ante la Voluntad de Dios.

martes, 19 de julio de 2022

Soy familia de Cristo?

«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana y mi madre».
A veces creemos que con esgrimir un título: "yo soy cristiano desde siempre", "yo soy muy católico", "yo soy sacerdote", "yo soy religiosa", "yo soy...", es suficiente para hacer creer que tengo o que soy más que otros que no esgrimen sus títulos, y por eso puedo hacer lo que quiera, pues me creo que soy.
¡Pues no! "El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos", dice el Señor. Cuando alguien hace la Voluntad del Padre que está en los Cielos no le hace falta andar anunciando qué es o qué título tiene, sino que su vida ya es una tarjeta de presentación de quién es y de cómo vive.
Así como también nuestra forma de vivir, nuestras palabras, nuestra forma de dirigirnos a los demás, nuestra manera de comportarnos habitualmente cuando los demás no nos ven, son nuestra tarjeta de presentación y ¿qué es lo que dice esa tarjeta de presentación? Soy en verdad cristiano, es decir otro cristo, discípulo de Jesús y por eso vivo en la Voluntad de Dios...
Quizás los que nos vanagloriamos de tener un título de tal o de cual tendríamos que mirarnos frente al espejo de la Voluntad de Dios, y ver si realmente soy o no de Cristo, si soy o no familia de Cristo. Por que hoy los títulos se pueden comprar y plagiar, pero la vida misma no se puede disfrazar pues los disfraces se caen y se modifican con el tiempo, y siempre sale a relucir quien de verdad soy.
En este mundo que vivimos, hay muchas máscaras y muchas formas de tapar la verdad, pero, como dice el refrán: la mentira tiene patas cortas, y, en muchas casos, enseguida se nos ve el plumero de lo que en realidad somos.
Por eso, antes de que se nos caigan las máscaras de lo que no somos, pongamos nuestras barbas en remojo y pidámosle al Señor que nos ayude a vivir de acuerdo a la Voluntad del Padre, para que no sólo nos llamemos sino que en verdad seamos lo que tenemos que ser, aunque eso nos cueste lágrimas, pues lo no somos no siempre permenace para siempre.
Y ¿qué más queremos que el Señor nos diga que somos de su familia? pues, entonces, a intenar, cada día, hacer la Voluntad del Padre que está en los cielos.

lunes, 18 de julio de 2022

Quieres ver?

«Maestro, queremos ver un milagro tuyo».
Él les contestó:
«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
¿Quéria Jesús hacer más milagros o no quería? ¿Podía hacer más milagros o no podía? En realidad sí podía, pero no quería darle el gusto a aquellos que ya habián visto todos los milagros, conocían la fama de Jesús, pero aún querían más signos para poder creer en Él.
Porque, en realidad, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y, muchas veces, nos pasa así, a todos. Cuando no queremos descubrir la Voluntad de Dios, por más que que baje Él y nos hable directamente no la vamos a descubrir, porque, en realidad, no queremos hacerla.
Por eso siempre buscamos la quinta pata al gato, sabiendo que no la tiene, porque no queremos darnos cuenta que el error está en nosotros, que somos nosotros los que no prestamos atención a los signos de los tiempos o que no oímos lo que nos dicen nuestros hermanos o que simplemente, miramos para otro lado para no hacer lo que debemos hacer.
Claro está que después nos quejamos si las cosas salen mal o no encontramos el consuelo y la fortaleza que necesitamos en el peor momento, pero es que hemos sido nosotros quienes le dimos la espalda a la Gracia de Dios en nuestra vida. No es que rechazamos a Dios, sino que no lo escuchamos porque no queremos saber qué tiene que decirnos, y si no escuchamos nuestra conciencia queda más contenta y tranquila porque no sabe. Siendo, en realidad, que no es así porque sabemos que hemos hecho oído sordo a lo que teníamos que hacer.
Así nos decía el Señor que seremos juzgado por aquellos que queriendo vivir no pueden y nosotros que podemos vivir, que tenemos libertad para vivir y expresar nuestra fe, no lo hacemos. Y es lo de siempre: quienes tienen no disfrutan de lo que tienen, sino que siempre están buscando lo que no tienen para poder quejarse y andar por la vida sin sentido, buscando lo que ya tienen, pero que no quieren usarlo porque los obliga a vivir de determinada manera. Por eso es más fácil no escuchar a Dios y vivir como a mí me gusta, y después quejarme; que negarme a mí mismo para hacer la Voluntad de Dios y agradecer todo lo que Dios me ha dado, y así dar testimonio de la alegría de vivir la Fe.

 

domingo, 17 de julio de 2022

Solo para Marta?

 Pero el Señor le contestó:

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

 

No es que Jesús le de poca importancia al servicio que realiza Marta, para nada, porque el servicio de Marta es un servicio a Jesús, al invitado, y, también a sus hermanos. Pero sí le reprocha que sólo se ocupe de esa actividad, de que no vea lo que tiene delante y que no se ocupe de escuchar La Palabra de Jesús.

En nuestra vida cotidiana tenemos, como en nosotros mismos, “como” dos partes: cuerpo y alma, cuerpo y espíritu, y, podemos ver también una tercera: Espíritu Santo, porque desde el día de nuestro bautismo Él habita en nosotros como en un templo. Por eso, en nuestra vida cotidiana hemos de tener dos cosas importantes: la actividad y contemplación, o, mejor dicho, la contemplación y la actividad.

Quizás cuando escuchas la palabra contemplación pienses que eso sólo es para las monjas y monjes, que pasan su vida en contemplación con el Señor. Contemplación es ponernos en sintonía con el Espíritu, y poder entrar en conversación con las Personas Divinas, por medio de la oración y la reflexión de la Palabra y, por supuesto, en la vivencia de la Eucaristía.

Para los que tienen una vida de familia y laboral, no necesitan estar todo el día en contemplación, sino que necesitan tener momentos de encuentros con el Señor, para poder discernir sobre lo que van a hacer ese día y cómo vivirlo desde Su Voluntad, y, sobre todo, para recibir desde el primer momento del día la Gracia necesaria y santificadora para que todo lo que hagan sea en nombre del Señor, y vaya santificando la vida y siendo instrumento de salvación para los hombres.

Los que vivimos una consagración especial, desde el sacerdocio o la vida consagrada, tenemos otros tiempos y momentos más intensos para la contemplación, pues estamos consagrados a Él, y por eso necesitamos, como la pareja en la familia, encuentros personales con el esposo para vivir siempre en comunión de Amor.

sábado, 16 de julio de 2022

Primero concibio en la mente

De los Sermones de san león Magno, papa

Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.
Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que ya al comienzo estaba con Dios, por quien empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por él, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.
Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón, pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.
Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, no hubiera podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido darnos ejemplo.
Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?

viernes, 15 de julio de 2022

La sabiduría del Espíritu

Del Opúsculo de san Buenaventura, obispo, Sobre el itinerario de la mente hacia Dios

Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo, él, que es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios y el misterio oculto desde los siglos. El que mira plenamente de cara este propiciatorio y lo contempla suspendido en la cruz, con fe, con esperanza y caridad, con devoción, admiración, alegría, reconocimiento, alabanza y júbilo, este tal realiza con él la pascua, esto es, el paso, ya que, sirviéndose del bastón de la cruz, atraviesa el mar Rojo, sale de Egipto y penetra en el desierto, donde saborea el maná escondido, y descansa con Cristo en el sepulcro, como muerto en lo exterior, pero sintiendo, en cuanto es posible en el presente estado de viadores, lo que dijo Cristo al ladrón que estaba crucificado a su lado: Hoy estarás conmigo en el paraíso.
Para que este paso sea perfecto, hay que abandonar toda especulación de orden intelectual y concentrar en Dios la totalidad de nuestras aspiraciones. Esto es algo misterioso y secretísimo, que sólo puede conocer aquel que lo recibe, y nadie lo recibe sino el que lo desea, y no lo desea sino aquel a quien inflama en lo más íntimo el fuego del Espíritu Santo, que Cristo envió a la tierra. Por esto dice el Apóstol que esta sabiduría misteriosa es revelada por el Espíritu Santo.
Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos. Este fuego es Dios, cuyo horno, como dice el profeta, está en Jerusalén, y Cristo es quien lo enciende con el fervor de su ardentísima pasión, fervor que sólo puede comprender el que es capaz de decir: Preferiría morir asfixiado, preferiría la muerte. El que de tal modo ama la muerte puede ver a Dios, ya que está fuera de duda aquella afirmación de la Escritura: Nadie puede ver mi rostro y seguir viviendo. Muramos, pues, y entremos en la oscuridad, impongamos silencio a nuestras preocupaciones, deseos e imaginaciones; pasemos con Cristo crucificado de este mundo al Padre, y así, una vez que nos haya mostrado al Padre, podremos decir con Felipe: Eso nos basta; oigamos aquellas palabras dirigidas a Pablo: Te basta mi gracia; alegrémonos con David, diciendo: Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi herencia eterna. Bendito el Señor por siempre, y todo el pueblo diga: «¡Amén!»

jueves, 14 de julio de 2022

Nos creamos nuestras cargas

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".
¿A qué cansancio se refiere el Señor? Al cansancio del alma, al cansancio que nos produce lidiar, cada día, con nuestra vida, con las cosas con las que no estamos de acuerdo, con el hecho de tener que vivir de una manera con la que no estamos de acuerdo, con que "siempre me toca a mí", con que esta cruz no me gusta, con que esto y lo otro... Los cansancios que nos produce el no aceptar lo que Dios permite en nuestras vidas o lo que Dios quiere para nuestras vidas.
Y ¿cuál es el yugo de Cristo? ¿cuál es su carga? Esa misma: la Voluntad de Dios, porque "no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió".
Para Jesús hacer la Voluntad del Padre era el Camino seguro para alcanzar la Vida, aunque sabía por dónde pasaría ese camino, pero estaba seguro que el Padre nada querría mejor para Él, y por eso, su confiana en el Padre era lo que hacía llevadero el yugo, pues el Padre se encargaría de darle todo lo necesario para finalizar el Camino.
Si nos acordamos de muchos pasajes difíciles en la vida de Jesús: las tentaciones en el desierto y la agonía en el Huerto, vemos que al finalizar el proceso, el Padre enviaba a sus ángeles para confortarlo. Claro es que siempre tenía que aceptar, primero, Su Voluntad: "Padre, si es posible aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya", tres veces clamó al Padre y luego el padre envió a sus ángeles para confortarlo.
Cuando nosotros aceptamos el yugo de Cristo y aceptamos llevar sus cargas, entonces Él nos concede las Gracias necesarias y suficientes para poder vivir de acuerdo a lo que el Padre quiere, es ahí, en ese instante cuando la Paz y, sobre todo, la fortaleza del Espíritu vienen a nosotros para poder seguir el camino.
Nos parecerá, muchas veces, que el yugo y la carga de Cristo no son posibles cargarlas en nuestras vidas. Y seguramente querremos cargar otras según nuestra forma de vida o según lo que nosotros creamos, y, por eso, muchas veces, nos creamos nuestras propias cruces y cargas, y es ahí cuando se nos hacen más pesadas y nos agobian el espíritu. Pero si nos deshacemos de esas cargas inventadas, vamos a poder aceptar las que el Padre quiere y ahí comenzaremos a vivir el descanso y el gozo del caminar en Dios, y de acuerdo a Su Voluntad.

miércoles, 13 de julio de 2022

No lo se

Hablando Dios por medio de Isaías, le decía al hombre que se vanagloria de sí mismo:
"¿Se enorgullece el hacha contra quien corta con ella?
¿Se gloria la sierra contra quien la mueve?
¡Como si el bastón moviera a quien lo sostiene, o la vara sostuviera a quien no es de madera!"
Ese hombre a quien Dios le ha dado la inteligencia, el espíritu, y todos los dones que tiene y que usa para su propio cometido, es el que, cuando se desvía del camino e "intenta matar a Dios", se transforma a sí mismo en Dios y se cree dios y señor de la historia y de su propio mundo. Es la espina (como dice san Pablo) del pecado original que sigue derramando su veneno en el interior del hombre para que, dándole la espalda a su creador, se eriga a sí mismo como creador del mundo y señor de la historia. Pero ¿a dónde lleva este hombre del siglo XXI al mundo? ¿Lo lleva a su plenitud? ¿Lo hace al mismo hombre más digno de sí mismo o se va quitando dignidad con tantas ideologías vacías de su propia esencia y dignidad? ¿Para darle protagonismo a unos le quita dignidad a otros y así cree que está construyendo un mundo nuevo y más digno?
Por eso, Jesús, alabando al Padre decía:
"Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
Porque, como bien dice san Pablo (también): "la sabiduría de este mundo es necedad para Dios", y así lo vemos, los sabios de este mundo nos van llevando a la destrucción (como decía algún filósofo moderno) a que el hombre sea lobo del hombre, y así nos vamos "comiendo" unos a otros por alcanzar un orgullo que, cada día, nos hace menos orgullosos de ser quienes somos.
Así, la infancia espiritual que Jesús nos propone con su Evangelio es la que nos lleva a la verdadera dignidad y plenitud de nuestro ser, no sólo hombres, sino, más aun, hijos de Dios.

martes, 12 de julio de 2022

Ser agradecido

¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
Son muchas las veces que no nos damos cuenta o no nos acordamos o no queremos acordarnos de las cosas buenas que hemos vivido, o que las cosas buenas que hemos vivido es por que Dios ha sido bueno con nosotros. Tampoco nos acordamos o queremos darnos cuenta de todos los valores que tenemos, y nos fijamos más en los errores cometidos que en los aciertos vividos.
Hay momentos en nuestras vidas que nos cierran los ojos a las cosas buenas, a los valores, a lo que Dios ha hecho por nosotros y nos dejamos caer en la angustia y la desesperanza, simplemente porque una nube negra ha tapado la luz del sol. Y, aunque nos acordemos que siempre después de la tormenta viene el sol, no dejamos de mirar a la tormenta y de lamentarnos porque no hay sol.
No es que tengamos que ser tan optimistas que nada nos importa y que siempre tengamos que tener la sonrisa en nuestros labios y no importarnos los errores o desaciertos de la vida, sino que hay que encontrar el equilibrio y poder dar gracias, continuamente, por todo lo que hemos recibido y lo que tenemos en nuestras manos y corazón.
Pero, también es cierto, que hay temperamentos que siempre tienden a ver el vaso medio vacío, por eso el Señor nos llama la atención y nos hace ver que siempre Él pone el agua suficiente en nuestro vaso para que podamos beber y no desfallecer. Claro, como no vemos Su Mano cuando va llenando el vaso, no nos ponemos a pensar ¿quien llena el vaso de agua porque siempre hay agua para beber?
Y es ahí cuando tenemos que darnos cuenta que es Él quien siempre va cuidando que, aunque tropecemos y caigamos, nos tiende la Mano para volver a ponernos en pie y seguir caminando. Si miramos un poquito hacia atrás, sólo un poquito, vamos a descubrir que en muchos momentos de la vida nos ha llevado en Sus Brazos y nos ha sacado del pozo en el que habíamos caído, y que, cuando creíamos que no podíamos más siempre hemos podido seguir andando.
Por eso, como dice el refrán, "es de buen hijo ser agradecido", y ser agradecido al Padre es ser agraciado, lleno de Su Gracia para poder seguir viviendo en paz y felicidad cada paso del camino que nos lleva hacia Él.

lunes, 11 de julio de 2022

No antepongan nada a Cristo

De la Regla de san Benito, abad

Cuando emprendas alguna obra buena, lo primero que has de hacer es pedir constantemente a Dios que sea él quien la lleve a término, y así nunca lo contristaremos con nuestras malas acciones, a él, que se ha dignado contarnos en el número de sus hijos, ya que en todo tiempo debemos someternos a él en el uso de los bienes que pone a nuestra disposición, no sea que algún día, como un padre que se enfada con sus hijos, nos desherede, o, como un amo temible, irritado por nuestra maldad, nos entregue al castigo eterno, como a servidores perversos que han rehusado seguirlo a la gloria.
Por lo tanto, despertémonos ya de una vez, obedientes a la llamada que nos hace la Escritura: Ya es hora que despertéis del sueño. Y, abiertos nuestros ojos a la luz divina, escuchemos bien atentos la advertencia que nos hace cada día la voz de Dios: Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón; y también: El que tenga oídos oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.
¿Y qué es lo que dice? Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Caminad mientras tenéis luz, para que las tinieblas de la muerte no os sorprendan.
Y el Señor, buscando entre la multitud de los hombres a uno que realmente quisiera ser operario suyo, dirige a todos esta invitación: ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Y si tú, al oír esta invitación, respondes: «Yo», entonces Dios te dice: «Si amas la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. Si así lo hacéis, mis ojos estarán sobre vosotros y mis oídos atentos a vuestras plegarias; y, antes de que me invoquéis, os diré: Aquí estoy.»
¿Qué hay para nosotros más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor, con su amor paternal, nos muestra el camino de la vida.
Ceñida, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, avancemos por sus caminos, tomando por guía el Evangelio, para que alcancemos a ver a aquél que nos ha llamado a su reino. Porque, si queremos tener nuestra morada en las estancias de su reino, hemos de tener presente que para llegar allí hemos de caminar aprisa por el camino de las buenas obras.
Así como hay un celo malo, lleno de amargura, que separa de Dios y lleva al infierno, así también hay un celo bueno, que separa de los vicios y lleva a Dios y a la vida eterna. Éste es el celo que han de practicar con ferviente amor los monjes, esto es: tengan por más dignos a los demás; soporten con una paciencia sin límites sus debilidades, tanto corporales como espirituales; pongan todo su empeño en obedecerse los unos a los otros; procuren todos el bien de los demás, antes que el suyo propio; pongan en práctica un sincero amor fraterno; vivan siempre en el temor y amor de Dios; amen a su abad con una caridad sincera y humilde; no antepongan nada absolutamente a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna.

domingo, 10 de julio de 2022

Pregunto?

¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él».
A veces preguntamos cosas de las cuales ya sabemos la respuesta, pero las preguntamos por si me dan otra respuesta más fácil para hacer, o, si no me responden puedo hacer lo que tengo ganas. Y, lamentablemente, eso no pasa con Dios. Cuando le preguntamos algo al Señor (como la hace el fariseo para ponerlo a prueba sabiendo cuál es la respuesta) Dios nos responde, nos ayuda a ver lo que ya sabemos, y, generalmente, nos sube un poco más el Ideal y… quedamos parados frente a la decisión: ¿hago lo que me han dicho o me declaro en rebeldía?
Más de una vez nos ponemos en rebeldía frente a lo que sabemos que tenemos que hacer, pero siempre buscamos una vueltita más para ver si podemos “zafar” de nuestra responsabilidad, o, en otros casos, echar la culpa a otros porque no me ayudaron o me hicieron equivocar con la decisión que he tomado.
Sobre todo, en este tema de “ayudar al prójimo”, siempre vamos buscando no a nuestro prójimo, sino al más próximo a mí, es decir, no ayudo a quien Dios pone a mi lado, sino a quien yo soy más afín, porque es más fácil ayudar a quien quiero o aprecio, o a quien sé que me va a agradecer lo que hago, que ser compasivo con quien no quiero o no aprecio.
No, no es fácil amar a quien me ha hecho daño, ayudar a quien no me lo va a agradecer, darle a quien no presta, etc.… pero así nos lo ha pedido el Señor, porque “si amáis a quien os ama ¿qué mérito tenéis? Eso también lo hacen los paganos”, y así con todo. Y, teniendo en cuenta este pedido del Señor, la Santa Madre Teresa de Calcuta nos ha dicho: “amar hasta que duela”, y sí, muchas veces, duele tener que amar de esa manera, por eso tengo que “matar” mi yo humano y dejar “aparecer” mi yo divino, pues ese amor es del verdadero hijo de Dios, que con Su Gracia puede amar hasta que duela, y descubrir así, cuánto nos amó el Señor, pues a Él sí le dolió el amor por nosotros.


 

sábado, 9 de julio de 2022

El verdadero Salomón

De los Comentarios de san Agustín, obispo sobre los salmos.

El templo que Salomón edificó para el Señor era tipo y figura de la futura Iglesia, que es el cuerpo del Señor, tal como dice en el Evangelio: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días. Del mismo modo que Salomón edificó aquel templo, se edificó también un templo el verdadero Salomón, nuestro Señor Jesucristo, el verdadero pacífico. Porque hay que saber que el nombre de Salomón significa «Pacífico», y el verdadero pacífico es Jesucristo, de quien dice el Apóstol: Él es nuestra paz, que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Él es el verdadero pacífico que unió en su persona, constituyéndose en piedra angular, los dos muros que provenían de partes opuestas, a saber, el pueblo de los creyentes que provenían de la circuncisión, y el pueblo de los creyentes que provenían de la gentilidad incircuncisa; de ambos pueblos hizo una sola Iglesia, de la que es piedra angular, y por esto es el verdadero pacífico.
Cristo es el verdadero Salomón, y aquel otro Salomón, hijo de David, engendrado de Betsabé, rey de Israel, era figura de este Rey pacífico. Por esto el salmo, para que pienses más bien en el nuevo Salomón, que es quien edificó la verdadera casa de Dios, empieza con estas palabras: Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. El Señor es, por tanto, quien construye la casa, es el Señor Jesucristo quien construye su propia casa. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero si él no construye, en vano se cansan los albañiles. ¿Quiénes son los que trabajan en esta construcción? Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora; y también antes de nosotros se esforzaron, trabajaron, construyeron otros; pero, si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Por esto los apóstoles, y más en concreto Pablo, al ver que algunos se desmoronaban, dice: Observáis los días, los meses, las estaciones y los años; temo que hagáis vano mi trabajo entre vosotros. Como sabía que él mismo era edificado interiormente por el Señor, por esto se lamentaba por aquéllos, por el temor de haber trabajado en ellos inútilmente.
Nosotros, por tanto, os hablamos desde el exterior, pero es él quien edifica desde dentro. Nosotros podemos saber cómo escucháis, pero cómo pensáis sólo puede saberlo aquel que ve vuestros pensamientos. Es él quien edifica, quien amonesta, quien amedrenta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a la fe; aunque nosotros cooperamos también con nuestro esfuerzo.

viernes, 8 de julio de 2022

Seríamos dichosos

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.

    Ya veis, queridos hermanos, cuán grande y admirable cosa es la caridad, y cómo no es posible describir su perfección. ¿Quién será capaz de estar en ella, sino aquellos a quienes Dios mismo hiciere dignos? Roguemos, pues, y supliquémosle que, por su misericordia, nos permita vivir en la caridad, sin humana parcialidad, irreprochables. Todas las generaciones, desde Adán hasta el día de hoy, han pasado; mas los que fueron perfectos en la caridad, según la gracia de Dios, ocupan el lugar de los justos, los cuales se manifestarán en la visita del reino de Cristo. Está escrito, en efecto: Entrad en los aposentos, mientras pasa mi cólera, y me acordaré del día bueno y os haré salir de vuestros sepulcros.
    Dichosos nosotros, queridos hermanos, si hubiéremos cumplido los mandamientos de Dios en la concordia de la caridad, a fin de que por la caridad se nos perdonen nuestros pecados. Porque está escrito: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuya boca no se encuentra engaño. Esta bienaventuranza fue concedida a los que han sido escogidos por Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea dada gloria por los siglos de los siglos. Amén.
    Roguemos, pues, que nos sean perdonadas cuantas faltas y pecados hayamos cometido por asechanzas de nuestro adversario, y aun aquellos que han encabezado sediciones y banderías deben acogerse a nuestra común esperanza. Pues los que proceden en su conducta con temor y caridad prefieren antes sufrir ellos mismos y no que sufran los demás; prefieren que se tenga mala opinión de ellos mismos, antes que sea vituperada aquella armonía y concordia que justa y bellamente nos viene de la tradición. Más le vale a un hombre confesar sus caídas, que endurecer su corazón.
    Ahora bien, ¿hay entre vosotros alguien que sea generoso? ¿Alguien que sea compasivo? ¿Hay alguno que se sienta lleno de caridad? Pues diga: «Si por mi causa vino la sedición, contienda y escisiones, yo me retiro y me voy a donde queráis, y estoy pronto a cumplir lo que la comunidad ordenare, con tal de que el rebaño de Cristo se mantenga en paz con sus ancianos establecidos.» El que esto hiciere se adquirirá una grande gloria en Cristo, y todo lugar lo recibirá, pues del Señor es la tierra y cuanto la llena. Así han obrado y así seguirán obrando quienes han llevado un comportamiento digno de Dios, del cual no cabe jamás arrepentirse.

jueves, 7 de julio de 2022

Somos el Templo santo de Dios

Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho.

    Yo y el Padre vendremos a fijar en él nuestra morada. Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que ilumina a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere sin embargo ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza.
    Él salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra. Reciben esta luz los que desean la claridad del resplandor sin fin, aquella claridad que no interrumpe noche alguna. En efecto, a este sol que vemos cada día suceden las tinieblas de la noche; en cambio, el sol de justicia nunca se pone; porque a la sabiduría no sucede la malicia.
Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa. Por esta puerta entra Cristo. Por esto dice la Iglesia en el Cantar de los cantares: La voz de mi amado llama a la puerta. Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío, y mis cabellos de la escarcha de la noche.
    Considera cuándo es principalmente que llama a tu puerta el Verbo de Dios, siendo así que su cabeza está cubierta del rocío de la noche. El se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación. Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de escarcha cuando su cuerpo está en dificultades. Entonces, pues, es cuando hay que estar en vela, no sea que cuando venga el Esposo se vea obligado a retirarse. Porque si estás dormido y tu corazón no está en vela, se marcha sin haber llamado; pero si tu corazón está en vela, llama y pide que se le abra la puerta.
    Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo.
    Vemos, por tanto, que el alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama. Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa.
 

miércoles, 6 de julio de 2022

La sabiduría de Dios construyó su casa

Del Comentario de Procopio de Gaza, obispo, sobre el libro de los Proverbios.

    La Sabiduría se ha construido su casa. La Potencia personal de Dios Padre se preparó como casa propia todo el universo, en el que habita por su poder, y también lo preparó para aquel que fue creado a imagen y semejanza de Dios y que consta de una naturaleza en parte visible y en parte invisible.
    Plantó siete columnas. Al hombre creado de nuevo en Cristo, para que crea en él y observe sus mandamientos, le ha dado los siete dones del Espíritu Santo; con ellos, estimulada la virtud por el conocimiento y recíprocamente manifestado el conocimiento por la virtud, el hombre espiritual llega a su plenitud, afianzado en la perfección de la fe por la participación de los bienes espirituales.
    Y así, la natural nobleza del espíritu humano queda elevada por el don de fortaleza, que nos predispone a buscar con fervor y a desear los designios divinos, según los cuales ha sido hecho todo; por el don de consejo, que nos da discernimiento para distinguir entre los falsos y los verdaderos designios de Dios, increados e inmortales, y nos hace meditarlos y profesarlos de palabra al darnos la capacidad de percibirlos; y por el don de entendimiento, que nos ayuda a someternos de buen grado a los verdaderos designios de Dios y no a los falsos.
    Ha mezclado el vino en la copa y ha puesto la. mesa. Y en el hombre que hemos dicho, en el cual se hallan mezclados como en una copa lo espiritual y lo corporal, la Potencia personal de Dios juntó a la ciencia natural de las cosas el conocimiento de ella como creadora de todo; y este conocimiento es como un vino que embriaga con las cosas que atañen a Dios. De este modo, alimentando a las almas en la virtud por sí misma, que es el pan celestial, y embriagándolas y deleitándolas con su instrucción, dispone todo esto a manera de alimentos destinados al banquete espiritual, para todos los que desean participar del mismo.
    Ha despachado a sus criados para que anuncien el banquete. Envió a los apóstoles, siervos de Dios, encargados de la proclamación evangélica, la cual, por proceder del Espíritu, es superior a la ley escrita y natural, e invita a todos a que acudan a aquel en el cual, como en una copa, por el misterio de la encarnación tuvo lugar una mezcla admirable de la naturaleza divina y humana, unidas en una sola persona, aunque sin confundirse entre sí. Y clama por boca de ellos: «El insensato, que venga a mí. El insensato, que piensa en su interior que no hay Dios, renunciando a su impiedad, acérquese a mí por la fe, y sepa que yo soy el Creador y Señor de todas las cosas.»
    Y dice: Quiero hablar a los faltos de juicio: Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado. Y, tanto a los faltos de obras de fe como a los que tienen el deseo de una vida más perfecta, dice: «Venid, comed mi cuerpo, que es el pan que os alimenta y fortalece; bebed mi sangre, que es el vino de la doctrina celestial que os deleita y os diviniza; porque he mezclado de manera admirable mi sangre con la divinidad, para vuestra salvación.»
 

martes, 5 de julio de 2022

Los de fuera, también son hermanos

De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

    Hermanos, os exhortamos vivamente a que tengáis caridad, no sólo para con vosotros mismos, sino también para con los de fuera, ya se trate de los paganos, que todavía no creen en Cristo, ya de los que están separados de nosotros, que reconocen a Cristo como cabeza, igual que nosotros, pero están divididos de su cuerpo. Deploremos, hermanos, su suerte, sabiendo que se trata de nuestros hermanos. Lo quieran o no, son hermanos nuestros. Dejarían de serlo si dejaran de decir: Padre nuestro.
    Dijo de algunos el profeta: A los que os dicen: «No sois hermanos nuestros», decidles: «Sois hermanos nuestros.» Atended a quiénes se refería al decir esto. ¿Por ventura a los paganos? No, porque, según el modo de hablar de las Escrituras y de la Iglesia, no los llamamos hermanos. ¿Por ventura a los judíos, que no creyeron en Cristo?
    Leed los escritos del Apóstol y veréis que cuando dice «hermanos» sin más, se refiere únicamente a los cristianos: Y tú, ¿cómo juzgas a tu hermano?, o ¿por qué desprecias a tu hermano? Y dice también en otro lugar: Vosotros hacéis injusticias y despojáis, y esto con hermanos. Esos, pues, que dicen: «No sois hermanos nuestros», nos llaman paganos. Por esto quieren bautizarnos de nuevo, pues dicen que nosotros no tenemos lo que ellos dan. Por esto es lógico su error, al negar que nosotros somos sus hermanos. Mas, ¿por qué nos dijo el profeta: Decidles: «Sois hermanos nuestros», sino porque admitimos como bueno su bautismo y por esto no lo repetimos? Ellos, al no admitir nuestro bautismo, niegan que seamos hermanos suyos; en cambio nosotros, que no repetimos su bautismo, porque lo reconocemos igual al nuestro, les decimos: Sois hermanos nuestros.
    Si ellos nos dicen: «¿Por qué nos buscáis, para qué nos queréis?», les respondemos: Sois hermanos nuestros. Si dicen: «Apartaos de nosotros, no tenemos nada que ver con vosotros», nosotros sí que tenemos que ver con ellos: si reconocemos al mismo Cristo, debemos estar unidos en un mismo cuerpo y bajo una misma cabeza.
    Os conjuramos, pues, hermanos, por las entrañas de caridad, con cuya leche nos nutrimos, con cuyo pan nos fortalecemos, os conjuramos por Cristo nuestro Señor, por su mansedumbre, a que usemos con ellos de una gran caridad, de una abundante misericordia, rogando a Dios por ellos, para que les dé finalmente un recto sentir, para que reflexionen y se den cuenta que no tienen en absoluto nada que decir contra la verdad; lo único que les queda es la enfermedad de su animosidad, enfermedad tanto más débil cuanto más fuerte se cree. Oremos por los débiles, por los que juzgan según la carne, por los que obran de un modo puramente humano, que son, sin embargo, hermanos nuestros, pues celebran los mismos sacramentos que nosotros, aunque no con nosotros, que responden un mismo Amén que nosotros, aunque no con nosotros; prodigad ante Dios por ellos lo más entrañable de vuestra caridad.
 

lunes, 4 de julio de 2022

Buscar el interés de la comunidad

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.

    Escrito está: Juntaos con los santos, porque los que se juntan con ellos se santificarán. Y otra vez, en otro lugar, dice: Con el hombre inocente serás inocente; con el elegido serás elegido, y con el perverso te pervertirás.
    Juntémonos, pues, con los inocentes y justos, porque ellos son elegidos de Dios. ¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo? ¿A qué fin desgarramos y despedazamos los miembros de Cristo y nos sublevamos contra nuestro propio cuerpo, llegando a tal punto de insensatez que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?
    Acordaos de las palabras de Jesús, nuestro Señor. El dijo, en efecto: ¡Ay de aquel hombre! Más le valiera no haber nacido, que escandalizar a uno solo de mis escogidos. Mejor le fuera que le colgaran una piedra de molino al cuello y lo hundieran en el mar, que no extraviar a uno solo de mis escogidos. Vuestra escisión extravió a muchos, desalentó a muchos, hizo dudar a muchos, nos sumió en la tristeza a todos nosotros. Y, sin embargo, vuestra sedición es contumaz.
    Tomad en vuestra mano la carta del bienaventurado Pablo apóstol. ¿Cómo os escribió en los comienzos del Evangelio? A la verdad, divinamente inspirado, os escribió acerca de sí mismo, de Cefas y de Apolo, como quiera que ya desde entonces fomentabais las parcialidades. Mas aquella parcialidad fue menos culpable que la actual, pues al cabo os inclinabais a apóstoles acreditados por Dios y a un hombre acreditado por éstos.
    Arranquemos, pues, con rapidez ese escándalo y postrémonos ante el Señor, suplicándole con lágrimas sea propicio con nosotros, nos reconcilie consigo y nos restablezca en el sagrado y puro comportamiento de nuestra fraternidad. Porque ésta es la puerta de la justicia, abierta para la vida, conforme está escrito: Abridme las puertas de la justicia, y entraré para dar gracias al Señor. Ésta es la puerta del Señor: los justos entrarán por ella. Ahora bien, siendo muchas las puertas que están abiertas, ésta es la puerta de la justicia, a saber: la que se abre en Cristo. Bienaventurados todos los que por ella entraren y enderezaren sus pasos en santidad y justicia, cumpliendo todas las cosas sin perturbación. Enhorabuena que uno tenga carisma de fe, que otro sea poderoso en explicar los conocimientos, otro sabio en el discernimiento de discursos, otro casto en su conducta. El hecho es que cuanto mayor parezca uno ser, tanto más debe humillarse y buscar no sólo su propio interés, sino también el de la comunidad.

domingo, 3 de julio de 2022

Ovejas o lobos?

La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
Un pequeño párrafo, pero con dos frases que nos exhortan y nos advierten:
Por un lado: la siembra del mundo con la Palabra de Dios es un trabajo inmenso, pero Jesús no lo quiere hacer solo, por eso ha elegido a los Doce, pero no sólo los ha elegido a ellos, sino que también nos ha elegido a nosotros, y, dentro de nosotros, a algunos para un ministerio particular: seguir la tradición apostólica de hacer posible, en el mundo, la Mesa Eucarística.
La Mesa Eucarística, la celebración de la Eucaristía sólo la pueden hacer los sacerdotes, y, cada vez, en nuestras diócesis, hay menos sacerdotes y menos seminaristas. La crisis vocacional, en el sacerdocio, nos llevará contar con menos misas y menos pastores que nos den el Alimento del Cielo. Es una realidad que estará pronto en nuestros pueblos, si los corazones jóvenes no se disponen a dar un Sí al Señor.
Y, por otro lado, no llama a ponernos, a todos los bautizados, en camino de misión, pues a todos los que hemos recibido el Espíritu Santo, nos ha transformado en apóstoles de Su Mensaje de Salvación, y lo debemos llevar a todo el mundo. Un Mensaje que no siempre será bien recibido, pero que lo tendremos que llevar, igualmente, “como ovejas entre lobos”, con paciencia, con humildad, con alegría, con esperanza, pues es el Mensaje que nos da vida y Vida en abundancia.
No podremos convertirnos en lobos para dar el Mensaje de la Vida, sino que, tendremos que saber que no siempre será y seremos bien recibidos, pues el mundo no quiere que se ilumine su pecado, ni que se descubran sus mentiras. Pero nada tenemos que temer pues el Señor estará con nosotros, Él será Quien nos guíe y ponga sus palabras en nuestros labios para que no sea nuestro orgullo o vanidad quienes prediquen, sino que sea la Palabra del Señor que está en nuestro corazón la que llegue al corazón de todos.


 

sábado, 2 de julio de 2022

Reconoce el mal

De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo.

    Si hay aquí alguno que esté esclavizado por el pecado, que se disponga por la fe a la regeneración que nos hace hijos adoptivos y libres; y así, libertado de la pésima esclavitud del pecado y sometido a la dichosa esclavitud del Señor, será digno de poseer la herencia celestial. Despojaos, por la confesión de vuestros pecados, del hombre viejo, viciado por las concupiscencias engañosas, y vestíos del hombre nuevo que se va renovando según el conocimiento de su creador. Adquirid, mediante vuestra fe, las arras del Espíritu Santo, para que podáis ser recibidos en la mansión eterna. Acercaos a recibir el sello sacramental, para que podáis ser reconocidos favorablemente por aquel que es vuestro dueño. Agregaos al santo y racional rebaño de Cristo, para que un día, separados a su derecha, poseáis en herencia la vida que os está preparada.
    Porque los que conserven adherida la aspereza del pecado, a manera de una piel velluda, serán colocados a la izquierda, por no haberse querido beneficiar de la gracia de Dios, que se obtiene por Cristo a través del baño de regeneración. Me refiero no a una regeneración corporal, sino al nuevo nacimiento del alma. Los cuerpos, en efecto, son engendrados por nuestros padres terrenos, pero las almas son regeneradas por la fe, porque el Espíritu sopla donde quiere. Y así entonces, si te has hecho digno de ello, podrás escuchar aquella voz: Bien, siervo bueno y fiel, a saber, si tu conciencia es hallada limpia y sin falsedad.
    Pues si alguno de los aquí presentes tiene la pretensión de poner a prueba la gracia de Dios, se engaña a sí mismo e ignora la realidad de las cosas. Procura, oh hombre, tener un alma sincera y sin engaño, porque Dios penetra el interior del hombre.
    El tiempo presente es tiempo de reconocer nuestros pecados. Reconoce el mal que has hecho, de palabra o de obra, de día o de noche. Reconócelo ahora que es el tiempo propicio, y en el día de la salvación recibirás el tesoro celeste.
    Limpia tu recipiente, para que sea capaz de una gracia más abundante, porque el perdón de los pecados se da a todos por igual, pero el don del Espíritu Santo se concede a proporción de la fe de cada uno. Si te esfuerzas poco, recibirás poco, si trabajas mucho, mucha será tu recompensa. Corres en provecho propio; mira, pues, tu conveniencia.
    Si tienes algo contra alguien, perdónalo. Vienes para alcanzar el perdón de los pecados: es necesario que tú también perdones al que te ha ofendido.

viernes, 1 de julio de 2022

Lo sigo o lo critico?

Hoy no sabía con qué párrafo del evangelio quedarme, por eso me he quedado con todos los párrafos, e intentaré ir parte por parte, si es que me sale lo que tengo en mente...
"En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme». Él se levantó y lo siguió".
Jesús no necesita mucho tiempo para descubrir quién eres, Él pasa, mira y llama. No te da mucho tiempo para pensar en si lo quieres seguir o no. Si estás dispuesto te levantarás y lo seguirás, pero si no lo estás siempre habrá alguna excusa para quedarte sentado en tu sillón y seguir con tu vida como hasta ahora.
Por eso, Él mismo dice: "quien pone la mano en el arado y mira para atrás, no es digno del Reino de los Cielos", porque en cuanto miras hacia atrás ya no puedes ver hacia dónde va Jesús, porque no se detiene a esperarte, pues "el reino de los cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan".
Los tiempos que vivimos desde su venida son tiempos extraordainarios y por eso necesita respuestas prontas y decididas, como la de Mateo: "él se levantó y lo siguió".
Porque después están, quizás no nos podemos quedar fuera de esta comparación, tampoco nosotros, los otros que mirando desde fuera lo que ocurre se ponen a criticar:
"Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
A veces no tenemos misericordia con los demás (a veces tampoco con nosotros) y por eso criticamos y descalificamos sin ponernos a pensar lo que puede haber en el corazón de mi hermanno, incluso en el mío mismo y por eso perdemos tiempo mirando el pasado y lo que hemos hecho o han hecho, y no lo que quiere Dios con migo o con mi hermano.
Cuando me siento en el sillón de los "inmaculados" me creo con derecho de señalar con mi "dedo puro" los defectos y pecados de los demás, sin embargo ahí está mi primer pecado, creer que puedo ser el juez y verdugo de los demás, sin darme cuenta que soy yo el que primero necesita que le sanen el corazón, para poder seguir al Señor.