domingo, 9 de febrero de 2025

Echa las redes

 «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Pedro era un experimentado pescador. Desde pequeño acompañaba a su padre a pescar y sabía lo que hacía, sus años de experiencia le habían dado la sabiduría de saber cuándo y dónde debían pescar, y, también cuando dejar la faena pues ya no podrían sacar nada. Tenía enfrente a Jesús, un predicador, que hablaba muy bien y la gente lo seguía, pero ¿sabría de pesca? Por eso la respuesta de Pedro: “maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada”. Era como decir ¿qué me viene a decir a mí?, sé que no sacaremos más nada.
Pero, por alguna razón confió en la palabra de Jesús, por eso sigue respondiendo: “pero, por tu palabra, echaré las redes”. Y ocurrió el milagro no sólo de la pesca milagrosa, sino de la conversión de Pedro y el posterior llamado de Jesús a seguirlo.
A veces no entendemos lo que Dios nos quiere pedir, creemos que no podremos hacer o aceptar o que no tenemos fuerza para vivir lo que nos toca. Y es cierto, Pedro no podía seguir pescando porque según su experiencia no era la hora y ya, seguramente, estarían cansados de estar toda la noche. Pero creyó en la palabra de Jesús, abrió su corazón a Jesús y se operaron los milagros.
Así nos pasa, a nosotros, en nuestra vida. No siempre entenderemos lo que Dios quiere o nos pide, pero debemos confiar en Su Providencia, en Su Amor, pues la Gracia y la Fuerza vienen de Él, no de nosotros. Los milagros los hace Dios, no nosotros. Por eso necesitamos prestar buen oído a la Palabra del Señor y saber qué nos pide, pero, también, saber discernir si lo que siento es de Dios o no, porque no todo lo que siento, muchas veces viene de Dios, sino que las tentaciones, el orgullo, los deseos de poder, las voces del mundo pueden hacerme equivocar, y en lugar de obedecer a Dios me estoy obedeciendo a mí mismo, al mundo o a quién sabe.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Jesús dijo a Simón: No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
La conversión de Pedro, su respuesta humilde, al Señor, le permitieron abrir su corazón de par en par a Jesús, y llegar así, a ser la Piedra sobre la que se edificó y sostiene nuestra Iglesia.

jueves, 6 de febrero de 2025

Ser luz

 San Sofronio, obispo

Sermón 3, sobre el Hypapanté,

Corramos todos al encuentro del Señor, los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz.

Llevamos en nuestras manos cirios encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a nosotros -el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna-, ya, sobre todo, para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro de Cristo.

En efecto, del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel que es la luz verdadera.

Sí, ciertamente, porque la luz ha venido al mundo, para liberarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por esto, avanzamos en procesión con cirios en las manos; por esto acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.

Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo alumbra a todo hombre. Dejemos, hermanos que esta luz nos penetre y nos transforme.

Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.

También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.

También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y, de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo.

miércoles, 5 de febrero de 2025

No me gustan las correcciones

"Hermanos:
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».
Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero, luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella".
Desde siempre nos ha costado que nuestros padres nos corrijan, más aún cuando nos creemos los mejores y los más listos, que es cuando comenzamos a tener mayor capacidad de respuesta. Los berrinches que nos pillamos por las correcciones son geniales, y, hasta, en muchos momentos, somos capaces de abandonar la casa paterna porque, como hemos dicho o decimos: "no nos entienden".
Está claro que siempre y en todo momento, aunque no lo expresemos, las correcciones, vengan de quien venga, nos cuestan, porque nos toca el orgullo, pareciera que nos quieren hacer sentir menos o más mal de lo que parecemos. Sin embargo, las correcciones, como bien dice el escritor de la carta a los Hebreos, es por nuestro bien.
Por eso, al herir nuestro orgullo y nuestro yo tenemos dos alternativas: aceptamos la corrección y crecemos y maduramos, o la rechazamos y rechazamos a quien nos las hace, y, así perdemos la oportunidad de crecer y madurar.
Esto nos pasa en el plano natural, y, también en el sobrenatural. Con diferencia que, cuando, nos corrigen para vivir en la Voluntad de Dios, es Dios quien nos da la Gracia para poder alcanzar la meta y, si no aceptamos la corrección, no tendremos Su Gracia para continuar, y, aunque lo que haga sea bueno, no será del agrado del Señor, porque sólo bendice lo que es para el Bien del Reino.
Por lo tanto, no hagamos como hicieron los paisanos de Jesús que por saber de dónde venía, cuál era su familia, y tener tantos prejuicios sobre Él no pudieron recibir su Gracia por no apreciar Sus Palabras.
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe".

martes, 4 de febrero de 2025

No quiero agradar a los hombres sino a Dios

Carta a los Romanos de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir

Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la Iglesia que ha alcanzado misericordia por la majestad del Padre altísimo y de Jesucristo, su Hijo único; a la Iglesia amada e iluminada por la voluntad de aquel que ha querido todo lo que existe, según la caridad de Jesucristo, nuestro Dios; Iglesia, además, que preside en el territorio de los romanos, digna de Dios, digna de honor, digna de ser llamada dichosa, digna de alabanza, digna de alcanzar sus deseos, de una loable integridad, y que preside a todos los congregados en la caridad, que guarda la ley de Cristo, que está adornada con el nombre del Padre: para ella mi saludo en el nombre de Jesucristo, Hijo del Padre. Y a los que están adheridos en cuerpo y alma a todos sus preceptos, constantemente llenos de la gracia de Dios y exentos de cualquier tinte extraño, les deseo una grande y completa felicidad en Jesucristo, nuestro Dios.
Por fin, después de tanto pedirlo al Señor, insistiendo una y otra vez, he alcanzado la gracia de ir a contemplar vuestro rostro, digno de Dios; ahora, en efecto, encadenado por Cristo Jesús, espero poder saludaros, si es que Dios me concede la gracia de llegar hasta el fin. Los comienzos por ahora son buenos; sólo falta que no halle obstáculos en llegar a la gracia final de la herencia que me está reservada. Porque temo que vuestro amor me perjudique. Pues a vosotros os es fácil obtener lo que queráis, pero a mí me sería difícil alcanzar a Dios, si vosotros no me tenéis consideración.
No quiero que agradéis a los hombres, sino a Dios, como ya lo hacéis. El hecho es que a mí no se me presentará ocasión mejor de llegar hasta Dios, ni vosotros, con sólo que calléis, podréis poner vuestra firma en obra más bella. En efecto, si no hacéis valer vuestra influencia, ya me convertiré en palabra de Dios; pero, si os dejáis llevar del amor a mi carne mortal, volveré a ser sólo un simple eco. El mejor favor que podéis hacerme es dejar que sea inmolado para Dios, mientras el altar está aún preparado; así, unidos por la caridad en un solo coro, podréis cantar al Padre por Cristo Jesús, porque Dios se ha dignado hacer venir al obispo de Siria desde oriente hasta occidente. ¡Qué hermoso es que el sol de mi vida se ponga para el mundo y vuelva a salir para Dios!

lunes, 3 de febrero de 2025

Sufre por mis ovejas

Sermón sobre la ordenación episcopal de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Tal es el modo como el Señor se puso a nuestro servicio, y como quiere que nosotros nos pongamos al servicio de los demás. Dio su vida en rescate por muchos: así es como nos redimió.
¿Quién de nosotros es capaz de redimir a otro? Fue su sangre y su muerte lo que nos redimió de la muerte, fue su abajamiento lo que nos levantó de nuestra postración; pero también nosotros debemos poner nuestra pequeña parte en favor de sus miembros, ya que hemos sido hechos miembros suyos: él es la cabeza, nosotros su cuerpo.
El Señor había dicho: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Por esto, el apóstol Juan nos exhorta a imitar su ejemplo, con estas palabras: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
Y el mismo Señor, después de su resurrección, dijo a Pedro: ¿Me quieres? Él respondió: Te quiero. Por tres veces se repitió la misma pregunta y respuesta, y las tres veces dijo el Señor: Apacienta mis ovejas. «¿Cómo podrás demostrar que me quieres, sino apacentando mis ovejas? ¿Qué vas a darme con tu amor, si todo lo esperas de mí? Aquí tienes lo que has de hacer para quererme: apacienta mis ovejas.» Por tres veces se repiten las mismas palabras: «¿Me quieres?» «Te quiero.» «Apacienta mis ovejas.» Tres veces lo había negado por temor; tres veces le hace profesión de amor.
Finalmente, después que el Señor ha encomendado por tercera vez sus ovejas a Pedro, al responderle éste con su profesión de amor, con la que condenaba y borraba su pasado temor, añade el Señor a continuación: «Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba dar gloria a Dios. Le anunciaba por adelantado la cruz, le predecía su martirio.
El Señor, pues, va más allá de lo que había dicho: Apacienta mis ovejas, ya que añade equivalentemente «Sufre por mis ovejas».

domingo, 2 de febrero de 2025

Luz para las naciones

"Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

“Luz para alumbrar a las naciones”, por eso, en este día, se bendicen las candelas (velas o cirios) y se lo denomina el día de la Candelaria. También es el día que se dedica a la Acción de Gracias y oración por la Vida Consagrada, pues hace referencia a la Presentación del Niño Jesús en el Templo, es decir, a la consagración del Niño a su Padre Dios.
Por eso, a este día en particular, podríamos añadirle varias cosas que nos ha dicho el Señor por su Palabra:
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Somos nosotros, todos los bautizados, los que llevamos a Luz de Dios al mundo, la luz de la verdad, del amor, de la paz, y por medio de nuestras vidas iluminamos a todos los que nos rodean: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra sociedad. Somos cada uno de nosotros misioneros de la Vida de Dios que hay en nosotros para que, también, pueda transformar otras vidas.
Por eso la misión no es sólo de unos pocos, sino que es de todos, pues todos hemos sido enviados, el día de nuestro bautismo, al mundo para llevar el mensaje de Jesús.
Y, también, todos los bautizados hemos sido consagrados a Dios por medio del Espíritu Santo, pues, después de que recibiéramos el agua bautismal se nos ungió con el Santo Crisma para consagrarnos a Dios como sacerdotes, profetas y reyes, y se nos dio la filiación divina gracias al Unigénito de Dios que se entregó por nosotros para darnos una Vida Nueva.
Aunque hoy rezamos por aquellos a quienes Dios ha llamado a una consagración especial como religiosos, también pedimos para que sean muchos los que puedan escuchar ese especial llamado de Dios y, sin miedo, puedan entregar su vida.
También pediremos por todos nosotros, para que, fieles a nuestra vocación a la santidad y a nuestra consagración bautismal, podamos llevar la Luz de la Fe a quienes necesiten, esperanza y amor, para tener un sentido en su vida y encuentren en el Señor la fortaleza para seguir viviendo en Fidelidad.

sábado, 1 de febrero de 2025

Solo por la Fe

"Hermanos:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
Por ella son recordados los antiguos.
Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba".
Así es nuestra vida. Dios nos llama a salir de nuestra vida para llegar a la Vida, salir de nuestro YO para dejarnos modelar por el Espíritu. El llamado de Dios es un llamado único para cada uno porque, cada uno de nosotros, somos únicos: irrepetibles y creados para una vocación particular. Claro que, para ello, tenemos que encontrarnos con el Señor, por medio de la oración y Su Palabra, para poder descubrir el sentido de nuestra vida, desde Dios.
Muchos buscan el sentido desde lo mundano, desde lo terranal, se dejan llevar por los ídolos o por lo comercial del momento, y, por eso, no encuentran el verdadero sentido, ese sentido que les llama desde el interior profundo del ser. Y, en otros casos, muchos saben cuál es el sentido de la vida que Dios les está mostrando pero no quieren dejar de lado las apariencias del mundo, ni los lujos del mundo, y se dejan convencer por los "cantos de sirena", y, aunque siguen sintiendo el vacío del alma, hacen callar los gritos del corazón.
Pero, cuando se escucha a Dios y nos dejamos llevar por su Voz, es entonces, cuando, como Abrán dejamos nuestra casa, nuestra tierra y salimos detrás de la Voz que nos invita a vivir la mejor de las aventuras: encontrar el Camino de la Vida.
"Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios".
Es claro que en este caminar, muchas veces, nos vamos a encontrar en medio de una tempestad, y nos va a parecer que estamos solos, que Dios se fue de nuestro lado o que se durmió, como en el Evangelio, y, sin embargo, Él siempre está atento a nuestra vida, pero deja que nos acostumbremos a tomar decisiones, aún en medio de las tormentas, pues así es como se forman mejor los mejores capitanes.
"Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»
Y así nos lo dijo: "no temáis Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Solo basta que lo creamos para poder aceptar su Voluntad, aquí en la tierra como en el Cielo.