De las Disertaciones de san Atanasio, obispo, Contra los arrianos.
En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría
eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo
procede, contemplando en las creaturas como una imagen de su propio ser
exclama: El Señor me creó al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor
considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que
pertenece a su propio ser.
Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino
porque él contempla en sus creaturas como una imagen creada de su propio ser.
Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que a vosotros recibe a
mí me recibe, pues aunque él no forma parte de la creación, sin embargo en las
obras de sus manos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por
ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me creó al principio de
sus tareas, al comienzo de sus obras.
Por esta razón precisamente la impronta de la sabiduría divina ha quedado
impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta
sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto
lo que enseña el apóstol san Pablo: Son manifiestas a ellos las verdades que se
pueden conocer acerca de Dios. Bien claro se las manifestó él. Así, desde la
creación del mundo, lo invisible de Dios es conocido mediante las obras. Por
esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es creatura, sino el arquetipo
de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en
nosotros.
Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta:
¿existe o no alguna clase de sabiduría en las creaturas? Si nos dicen que no existe,
¿por qué arguye, san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo
conoció por el camino de la sabiduría? Y si no existe ninguna sabiduría en las
creaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella
le afirma: El sabio, lleno de temor, se aparta del mal y con sabiduría edifica su
casa.
Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría del hombre hace brillar su rostro;
y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No digas: ¿cómo es
que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre
ello.
Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras
del hijo de Sirac. La derramó sobre todas sus obras, la repartió; entre los
vivientes, según su generosidad, la regaló a los que lo aman; pero esta efusión
de sabiduría no se refiere, en, manera alguna, al que es la misma Sabiduría por
naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella
sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues,
vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos
constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en la creación, diga de sí misma:
El Señor me creó al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo,
que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido
creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el
firmamento pregona la obra de sus manos.
lunes, 31 de octubre de 2022
La creacióna refleja la divinidad
domingo, 30 de octubre de 2022
Este también es hijo de Dios
Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; pues también este es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
¡Que fácil que es hablar de los demás! Pero, qué difícil es hacernos cargo de lo que decimos, y más aún de las personas a las que criticamos. Claro es que lo único que vemos de los demás son sus actos, su forma de actuar, además de creer lo que los otros dicen de esas personas, porque lo peor que hay es que me hago cómplice de “ciertas verdades” de lo que me han contado que han dicho…
Ser un eco de los comentarios de otros, es decir, ser un eco de los chismes que otros cuentan, me hace ser cómplice de esas, quizás, verdades o mentiras que cuentan. Y ¿quién se hace cargo de lo que vamos sembrando por el mundo, por la familia, por la comunidad? Seguramente responderemos como Caín: ¿qué tengo que ver yo con mi hermano? Y el Señor me responderá: eres responsable de la vida de tu hermano.
Y es más Jesús nos dirá: lo que le haces a uno de estos mis hermanos a Mí me lo haces. ¿Lo tenemos en cuenta?
Además, por una simple regla de tres, lo que yo hago a los demás también dejo la puerta abierta para que los demás lo hagan conmigo y ¿te gusta que los demás hablen de ti de esa manera? ¿te gusta que los demás levanten falsas verdades sobre tu comportamiento? ¿Te gustaría que los demás dijeran a los cuatro vientos lo que tú les has dicho en confianza?
No somos conscientes, las más de las veces, de lo que pueden hacer nuestras palabras, y, también, el hecho de ser transmisores de las palabras de los demás. Debemos analizar lo que decimos y lo que escuchamos.
Gracias a Dios tenemos a nuestro Señor que nos ayuda, en cada momento, a sobreponernos y a convertirnos de nuestras malas acciones. Pero no todo se resuelve con la simple confesión sacramental, sino que deberíamos saber resarcir a quien hemos ofendido o dañado con nuestras palabras ¿Lo haces?
sábado, 29 de octubre de 2022
Tu Espíritu es para nosotros
Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, Sobre la divina providencia
El Padre eterno puso, con inefable benignidad, los ojos de su amor en aquella
alma y empezó a hablarle de esta manera:
«¡Hija mía muy querida! Firmísimamente he determinado usar de misericordia para
con todo el mundo y proveer a todas las necesidades de los hombres. Pero el
hombre ignorante convierte en muerte lo que yo le doy para que tenga vida, y de
este modo se vuelve en extremo cruel para consigo mismo. Pero yo, a pesar de
ello, no dejo de cuidar de él, y quiero que sepas que todo cuanto tiene el
hombre proviene de mi gran providencia para con él. Y así, cuando por mi suma
providencia quise crearlo, al contemplarme a mí mismo en él, quedé enamorado de
mi creatura y me complací en crearlo a mi imagen y semejanza, con suma
providencia. Quise, además, darle memoria para que pudiera recordar mis dones, y
le di parte en mi poder de Padre eterno.
Lo enriquecí también al darle inteligencia, para que en la sabiduría de mi Hijo
comprendiera y conociera cuáles mi voluntad, pues yo, inflamado en fuego intenso
de amor paternal, creo toda gracia y distribuyo todo bien. Di también al hombre
la voluntad, para que pudiera amar y así tuviera parte en aquel amor que es el
mismo Espíritu Santo; así le es posible amar aquello que con su inteligencia
conoce y contempla.
Esto es lo que hizo mi inefable providencia para con el hombre, para que así el
hombre fuese capaz de entenderme, gustar de mí y llegar así al gozo inefable de
mi contemplación eterna. Pero, como ya te he dicho otras muchas veces, el cielo
estaba cerrado a causa de la desobediencia de vuestro primer padre, Adán; por
esta desobediencia vinieron y siguen viniendo al mundo todos los males.
Pues bien, para alejar del hombre la muerte causada por, su desobediencia, yo,
con gran amor, vine en vuestra ayuda, entregándoos con gran providencia a mi Hijo
unigénito, para socorrer, por medio de él, vuestra necesidad. Y a él le exigí
una gran obediencia, para que así el género humano se viera libre de aquel
veneno con el cual fue infectado el mundo a causa de la desobediencia de
vuestro primer padre. Por eso, mi Hijo unigénito, enamorado de mi voluntad,
quiso ser verdadera y totalmente obediente y se entregó, con toda prontitud, a
la muerte afrentosa de la cruz y con esta santísima muerte os dio a vosotros la
vida, no con la fuerza de su naturaleza, humana, sino con el poder de su
divinidad.»
viernes, 28 de octubre de 2022
Como el Padre me envió
Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie se arroga este honor; sólo lo toma aquel que es llamado por Dios. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.
Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.
En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a invitar a los justos a que se arrepientan, sino a los pecadores. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para cumplir la voluntad de aquel que me ha enviado. Dios no ha enviado su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
De este modo resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido. Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo, nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.
jueves, 27 de octubre de 2022
Tomad las armas de Dios
No puedo dejar pasar la carta de san Pablo porque es algo que tenemos que aprehender de un modo extraordinario. No digo aprender de memoria, sino aprehendeer, es decir hacerlo nuestro, que cale profundo en nuestro corazón y lo podamos llevar a la práctica. Sí, porque vivimos tiempos en donde necesitamos estar muy fuertes y preparados, no intelectualmente, sino espiritualmente para los combates que se avecinan.
"Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.
Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, por todos los santos".
No es que tenemos que tener miedo, como dicen algunos: ya está aquí el apocalipsis, no. Lo que pasa es que vamos corriendo tan de prisa por la vida que no tenemos tiempo de detenernos a pensar en las cosas del espíritu, y, sabemos que cuando corremos tanto nos cansamos más rápido, nos agobian las cosas que suceden y, en muchos casos, esas situaciones nos hacen perder la fe, la esperanza y dejamos de amar.
El mayor de los obstáculos en nuestro tiempo es no tener tiempo para pensar, para rezar, para encontrarnos con nosotros mismos y con el Señor, para descansar en nuestros hermanos y disfrutar de nuestra familia, y, más de una vez y de dos, no tener tiempo para rezar en familia, dejándola así desrotegida contra las asechanzas del mundo.
"Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder aguantar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire".
miércoles, 26 de octubre de 2022
No corras, disfruta
"Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos".
Una frase complicada la de Jesús. En realidad no tan complicada porque en las iglesias siempre lo hacen: la gente siempre se empieza a sentar en el último bando y los primeros quedan vacíos... pero no es a esa realidad a la que se refiere Jesús. Pero, ya que estamos... no se por qué esa costumbre de no ocupar los primeros bancos en las iglesias ¿no saben lo feo que queda? ¿y lo que sentimos los curas cuando las primeras filas quedan vacías?
En cambio, si van al teatro, al cine, o hasta la verbena del verano en la plaza, se pelean para ocupar los primeros bancos. Será que somos tan feos los párrocos que no nos quieren ver, y menos escuchar... Pero bueno, anécdotas aparte, pero...
La realidad es que en otro orden de cosas, lo que siempre llamamos apetito de poder, es lo que hace que muchos quieren ser los primeros en todo. El orgullo o la soberbia o la vanidad en algunos casos hace que queramos destacar más que el otro. Y eso, en el campo de lo económico y del trabajo se da bastante más que en el orden espiritual.
En estos tiempos donde lo importante es mostrar lo que tengo vamos haciendo una carrera contra el tiempo para lograr tener más que los demás, e, incluso, más que uno mismo, porque nunca me alcanza lo que tengo, porque siempre hay algo nuevo que me gusta y que no tengo.
Ejemplo son algunos armarios, no sólo de muejeres, sino también de varones, que están abarrotados de cosas que, quizás, sólo una sola vez se han puesto y, en algunos casos, ni una sola vez.
Pero (claro que siempre hay un pero) en el orden espiritual no hacemos carrera para ver quién es más santo que otros, porque eso ya no se ve, no se nota tanto como un buen reloj, un gran coche, una gran casa... y sin embargo cuando se acaba el tiempo de tener ¿con qué me he quedado? Una casa vacía, un coche que no lleva gente, un montón de cosas que nadie utiliza, y el corazón...
Por eso el Señor nos pide que no nos dejemos llevar por la carrera consumista de estos tiempos, sino que miremos más hacia adentro y disfrutemos de las personas que tenemos a nuestro lado, ellas no neceistan de todo, sino que neceistan de mí, así como yo de ellas.
Seamos disfrutones de los bienes espirituales y de las personas que tenemos a nuestro lado, dejémonos tiempo para disfrutar de ellos...
martes, 25 de octubre de 2022
Es justo y fiel
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
Consideremos, amadísimos hermanos, cómo Dios no cesa de alentarnos con la
esperanza de una futura resurrección, de la que nos ha dado ya las primicias al
resucitar de entre los muertos al Señor Jesucristo. Estemos atentos, amados
hermanos, al mismo proceso natural de la resurrección que contemplamos todos los
días: el día y la noche ponen ya ante nuestros ojos como una imagen de la
resurrección: la noche se duerme, el día se levanta; el día termina, la noche lo
sigue. Pensemos también en nuestras cosechas: ¿Qué es la semilla y cómo la
obtenemos? Sale el sembrador y arroja en tierra unos granos de simiente, y lo
que cae en tierra, seco y desnudo, se descompone; pero luego, de su misma
descomposición, el Dueño de todo, en su divina providencia, lo resucita, y de un
solo grano saca muchos y cada uno de ellos lleva su fruto.
Tengamos, pues, esta misma esperanza y unamos con ella nuestras almas a aquel
que es fiel en sus promesas y justo en sus juicios. Quien nos prohibió mentir
ciertamente no mentirá, pues nada es imposible para Dios, fuera de la mentira.
Reavivemos, pues, nuestra fe en él y creamos que todo está, de verdad, en sus
manos.
Con una palabra suya creó el universo y con una palabra lo podría también
aniquilar. ¿Quién podría decirle:
«Qué has hecho»? O ¿quién podrá resistir la fuerza de su brazo? Él lo hace todo
cuando quiere y como quiere y nada dejará de cumplirse de cuanto él ha
decretado. Todo está presente ante él y nada se opone a su querer, pues el cielo
proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día
al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo murmura; sin que hablen,
sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón.
Siendo, pues, así que todo está presente ante él y que él todo lo contempla,
tengamos temor de ofenderlo y apartémonos de todo deseo impuro de malas
acciones, a fin de que su misericordia nos defienda en el día del juicio. Porque
¿quién de nosotros podría huir de su poderosa mano? ¿Qué mundo podría acoger a
un desertor de Dios? Dice, en efecto, en cierto lugar, la Escritura: ¿A dónde iré
lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. ¿En qué lugar, pues, podría
alguien refugiarse para escapar de aquel que lo envuelve todo?
Acerquémonos, por tanto, al Señor con un alma santificada, levantando hacia él
nuestras manos puras e incontaminadas; amemos con todas nuestras fuerzas al que
es nuestro Padre, amante y misericordioso, y que ha hecho de nosotros su pueblo
de elección.