jueves, 2 de junio de 2022

Para que el mundo crea

Cuando en la Misa decimos que lo que estamos leyendo es Palabra de Dios, es porque creemos que eso es lo que Dios ha querido dejarnos escrito para que nos guíe en la vida cristiana, en la vida espiritual. Y creemos con fe que eso es lo que Dios quiere para nosotros y para toda la Iglesia. Sobre todo las Palabras que Jesús nos dijo mientras estaba en el mundo que son las que los evangelistas y apóstoles han querido dejar por escrito, en sus memorias o en sus cartas: recomendaciones que no nos obligan si no creemos, pero que nos deben obligar si creemos que son Palabra de Dios.
De este modo cuando leemos la oración de Jesús en la Última Cena, no solo es una oración, sino que nos deja una exhortación muy clara y deseos que han de ser comprendidos y meditados para poder vivirlos en plenitud, pues de ello depende la salvación de los hombres.
"No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".
No es fácil transmitir con palabras lo que es la vida de Jesús, y, sobre todo el mandamiento de la unidad y del amor. Bueno, sí, se puede hablar mucho de amor y de unidad, pero sabemos que hay palabras que siempre estarán vacías de contenido si no se las ve realizadas en la vida concreta, en la vida diaria. Y eso es lo que quiere Jesús y lo que expresa en su oración: "que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".
Que sean para que el mundo crea, es una condición sin la cual no hay el mismo resultado. Si no somos uno, es decir si no vivimos unidos en el Amor y la Verdad de Cristo, el mundo no creerá en Dios, y no encontrará la salvación que Jesús le ha vednido a traer.
Y Unidad no es que todos pensemos la mismo y que no tengamos decisión y libertad, sino que todos intentemos caminar unidos en el mismo Amor y en la Verdad, pues todos somos diferentes y esa diferencia hace al Cuerpo uno, cada uno con su misión, pero todos fieles y obedientes a la Voluntad de Dios.

 

miércoles, 1 de junio de 2022

He abrazado la Verdad

De las Actas del martirio de los santos Justino y compañeros

Aquellos santos varones, una vez apresados, fueron conducidos al prefecto de Roma, que se llamaba Rústico. Cuando estuvieron ante el tribunal, el prefecto Rústico dijo a Justino:
«Antes que nada, profesa tu fe en los dioses y obedece a los emperadores.»
Justino respondió:
«No es motivo de acusación ni de detención el hecho de obedecer a los mandamientos de nuestro Salvador Jesucristo.»
Rústico dijo:
«¿Cuáles son las enseñanzas que profesas?»
Respondió Justino:
«Yo me he esforzado en conocer toda clase de enseñanzas, pero he abrazado las verdaderas enseñanzas de los cristianos, aunque no sean aprobadas por los que viven en el error.»
El prefecto Rústico dijo:
«¿Y tú las apruebas, miserable?»
Respondió Justino:
«Así es, ya que las sigo según sus rectos principios.»
Dijo el prefecto Rústico:
«¿Y cuáles son estos principios?»
Justino respondió:
«Que damos culto al Dios de los cristianos, al que consideramos como el único creador desde el principio y artífice de toda la creación, de todo lo visible y lo invisible, y al Señor Jesucristo, de quien anunciaron los profetas que vendría como mensajero de salvación al género humano y maestro de insignes discípulos. Y yo, que no soy más que un mero hombre, sé que mis palabras están muy por debajo de su divinidad infinita, pero admito el valor de las profecías que atestiguan que éste, al que acabo de referirme, es el Hijo de Dios. Porque sé que los profetas hablaban por inspiración divina al vaticinar su venida a los hombres.»
Rústico dijo:
«Luego, ¿eres cristiano?»
Justino respondió:
«Así es, soy cristiano.»
El prefecto dijo a Justino:
«Escucha, tú que eres tenido por sabio y crees estar en posesión de la verdad: si eres flagelado y decapitado ¿estás persuadido de que subirás al cielo?»
Justino respondió:
«Espero vivir en la casa del Señor, si sufro tales cosas, pues sé que, a todos los que hayan vivido rectamente, les está reservado el don de Dios para el fin del mundo.»
El prefecto Rústico dijo:
«Tú, pues, supones que has de subir al cielo, para recibir un cierto premio merecido.»
Justino respondió:
«No lo supongo, lo sé con certeza.»
El prefecto Rústico dijo:
«Dejemos esto y vayamos a la cuestión que ahora interesa y urge. Poneos de acuerdo y sacrificad a los dioses.»
Justino dijo:
«Nadie que piense rectamente abandonará la piedad para caer en la impiedad.»
El prefecto Rústico dijo:
«Si no hacéis lo que se os manda, seréis atormentados sin piedad.»
Justino respondió:
«Nuestro deseo es llegar a la salvación a través de los tormentos sufridos por causa de nuestro Señor Jesucristo, ya que ello será para nosotros motivo de salvación y de confianza ante el tribunal de nuestro Señor y Salvador, que será universal y más temible que éste.»
Los otros mártires dijeron asimismo:
«Haz lo que quieras; somos cristianos y no sacrificamos a los ídolos.»
El prefecto Rústico pronunció la sentencia, diciendo:
«Por haberse negado a sacrificar a los dioses y a obedecer las órdenes del emperador, serán flagelados y decapitados en castigo de su delito y a tenor de lo establecido por la ley.»
Los santos mártires salieron, glorificando a Dios, hacia el lugar acostumbrado y allí fueron decapitados, coronando así el testimonio de su fe en el Salvador.
 

martes, 31 de mayo de 2022

La disponibilidad mariana

"En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel".
Si en la Anunciación veíamos la disponibilidad de María para aceptar la Voluntad de Dios, aquí vemos la misma disponibilidad para ir al servicio de sus hermanos: "se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña".
Al enterarse de que Isabel necesitaba ayuda, no se puso a preguntar si otro podría ayudarla o si esto o aquello, sino que de prisa salió para ayudarla.
Muchas veces descubrimos que tenemos mucha disponibilidad para las "cosas de Dios", pero poca disponibilidad para los hermanos, y así nos damos cuenta de aquello que dice san Juan: "quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a sus hermanos a quienes ve, es un mentiroso", porque el Señor nos pide la misma disponibilidad para Él y, quizás, más para los hermanos, que, muchas veces, son más difíciles de amar que a Dios.
Hoy, en este final de mayo, último día de las Flores a María, debemos pedirle a La Madre que nos ayude a ser disponibles a Dios como lo fue Ella, en una disponibilidad que se ve materializada en la ayuda a los hermanos, especialmente a los que no me agradaría ayudar, por aquello que nos dice el Señor: "si amaís a quienes os aman, ¿qué mérito tenéis? eso también lo hacen los pecadores".
Entonces que nuestra disponibilidad sea heroica, es decir, que vayamos a servir a quienes necesiten ayuda pero sin mirar quiénes son o cómo han sido sus vidas, o nuestras relaciones con ellos, sino que, sabiendo que neceistan una mano ir a dárselas.
En eso consiste la verdadera disponibilidad y la exigencia del Amor.

 

lunes, 30 de mayo de 2022

Ha sido muy claro

"En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
"Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo".
Siemmpre, aunque sea en parábolas, Jesús ha hablado claro y no ha dejado nada de decirnos, quizás no siempre hemos estado atentos a lo que nos decía, porque no queríamos entender su mensaje, pero desde el primer momento nos ha hablado claro. En ningún momento ha dejado de darnos a conocer el Camino que hemos elegido y lo que tendríamos que pasar por haberlo elegido.
Si bien cuando elegimos ser cristianos no pensamos que tendríamos que vivir ciertas cosas, y aceptar otras renuncias que no quisiéramos, pero eso porque no escuchamos atentamente su Palabra, pues desde el comienzo de su predicación Él nos dijo: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame".
Y ahora, al final de su paso por este mundo, cuando la gente realmente le dice que cree en Él, les vuelve a decir: "en el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo". Porque como nos lo dijo en la Última Cena: "estamos en el mundo pero no somos del mundo", y eso, como dice san Pablo de sí mismo: "es una lucha constante entre la carne y el espíritu".
El mundo en el que vivimos nos quiere alejar, constantemente, de Dios, de Su Voluntad, y es ahí donde tendremos que luchar para no dejarnos convencer, sino que el Espíritu tiene que venir en nuestra ayuda para fortalecernos y ayudarnos seguir siendo Fieles a la Vida que Jesús nos ha mostrado que tenemos que vivir.
Si realmente estamos con Él no debemos temer a esa lucha interna, pues Él mismo es quien nos fortalece y Su Espíritu quien nos ayuda a discernir, lo que nosotros tenemos que poner de nuestra parte es la disponibilidad para vivir en Fidelidad a Su Voluntad, lo demás vendrá por añadidura. Por eso siempre ha sido tan claro al hablarnos y al invitarnos a seguirlo, pues el Camino no es fácil, pero no imposible con la Gracia de Dios.

 

domingo, 29 de mayo de 2022

Vivir con alegría

Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
Siempre tengo en el recuerdo esta imagen de Jesús elevándose hacia el cielo y los discípulos mirando como se elevaba. Es la misma figura que me hago cuando estamos en la Misa, pero al revés: Jesús que desciende del Cielo para “aterrizar” en el altar y convertirse en Pan y Vino, en la Eucaristía.
Porque ascendió al Cielo no para distanciarse de nosotros sino para estar siempre con nosotros hasta el fin de los tiempos, pero, sobre todo, para poder bajar a nosotros como lo hizo el día de la Anunciación.
Sí, suena loco, pero nuestra fe es una locura.
El día de la Anunciación Jesús bajó del Cielo y se encarnó en el seno de María Virgen por obra y gracia del Espíritu Santo, y nació y vivió entre nosotros. Pero no quería irse para siempre, sino que quería que nosotros viviéramos como Él, como hijos de Dios. Por esa razón se entregó en la Cruz y Resucitó para darnos una Nueva Vida, una Vida de hijos de Dios.
Y así, cada vez que baja al altar, desde los Cielos, baja para estar en nosotros como lo estuvo en el Seno de María, pues ese mismo Dios-Hombre vive en nosotros y nosotros vivimos por Él.
Por eso, luego de recibirlo en la Santa Eucaristía podemos, como los apóstoles volver a nuestros lugares “con gran alegría” y volver, cada día, al “templo bendiciendo a Dios”, que nos ha amado tanto que siempre estará no sólo cerca de nosotros, sino en nosotros cada vez que nos alimentemos con Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad.
Me acuerdo de una frase de Santa Teresita de Lisieux que le decía a la Virgen María: “podría yo decir que soy más feliz que tú, Madre querida, pues a diferencia de ti yo te tengo a ti como Madre mía”. Y así podríamos nosotros decir de Jesús, pues nosotros lo tenemos a Él así como lo tuvo María, y, Él es la causa de nuestra verdadera alegría, del sentido de nuestras vidas, con sus cruces y gozos, pero sobre todo es la Vida Nueva que renueva mí y nuestro mundo, cada día.


 

sábado, 28 de mayo de 2022

Dos vidas

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan

    La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.
    La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por el apóstol Juan. La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme; en cambio de Juan se dice: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes.» Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla.»
    El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.
    Aquellas palabras de Cristo: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida no debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: Tú, sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos. Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.
    Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.
    Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana.
    En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñarla con su predicación, la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios - y lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que mirar como en un espejo y oscuramente -, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.
 

viernes, 27 de mayo de 2022

Estad alegres

"En verdad, en verdad os digo, vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría".
El príncipe de este mundo y sus seguidores estaban alegres porque creían que habían dado muerte a Jesús, en cambio los que lo seguían y creían en Él cayeron en la tristeza de que su lider se había muerto y ya no lo tenían con ellos. En cambio al resucitar Jesús de entre los muertos, los discípulos recobraron la alegría y la fuerza de saber que Él está vivo y vive entre ellos, en cambio, el mundo y su príncipe y seguidores, se pusieron tristes porque no habían logrado su cometido.
Y así sigue pasando en la actualidad: quieren seguir matando a Dios para poder actuar según sus antojos, y con cada hazaña que hacen en contra de los que seguimos a Jesús y Su Evangeliio, se alegran. Pero Jesús sigue vivo en Su Iglesia y en sus discípulos, aunque seamos pocos y no muy buenos, pero sus enseñanzas siguen vivas en nuestro corazones e intentamos, con la ayuda del Espíritu Santo, seguir viviéndolas y madurando en la fe para que nuestro testimonio sirva para iluminar las tinieblas del pecado y del error.
Nuestra alegría no es la alegría de los que no tienen nada de qué preocuparse, sino que es la alegría de aquellos que saben que su Dios está vivo y vive para darles Vida y Vida en abundancia, pues Él es Fiel a su Palabra y dijo que siempre estaría con nosotros hasta el fin del mundo.
"También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada".
Ese día los apóstoles no le preguntaron nada porque sabían que era Él, porque con ellos comía, hablaba y los seguía instruyendo en el Camino que comenzaban a recorrer.
Hoy también podemos encontrarnos con Él como lo hicieron los apóstoles pues sabemos que está vivo y presente en la Eucaristía, que cuando nos reunimos dos o mas en Su Nombre está en medio de nosotros, y en tantos momentos cuando lo necesitamos siempre lo podemos encontrar. Por eso no tememos ni nos acobardamos, sino que con valentía seguimos confiando y llevando Su Palabra por donde vamos, porque Su Palabra vive en nosotros así como Él vive para nosotros y nosotros para Él.