San Atanasio, Carta a Epicteto
La Palabra tendió una mano a los hijos de Abrahán, afirma el Apóstol, y por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos y asumir un cuerpo semejante al nuestro. Por esta razón, en verdad, María está presente en este misterio, para que de ella la Palabra tome un cuerpo, y, como propio, lo ofrezca por nosotros. La Escritura habla del parto y afirma: Lo envolvió en pañales; se proclaman dichosos los pechos que amamantaron Señor, y, por el nacimiento de este primogénito, fue ofrecido el sacrificio prescrito. El ángel Gabriel había anunciado esta concepción con palabras muy precisas, cuando dijo a María no simplemente «lo que nacerá en ti» -para que no se creyese que se trataba de un cuerpo introducido desde el exterior-, sino de ti, para que creyésemos que aquel que era engendrado en María procedía realmente de ella.
Las cosas sucedieron de esta forma para que la Palabra, tomando nuestra condición y ofreciéndola en sacrificio, la asumiese completamente, y revistiéndonos después a nosotros de su condición, diese ocasión al Apóstol para afirmar lo siguiente: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad.
Estas cosas no son una ficción, como algunos juzgaron; ¡tal postura es inadmisible! Nuestro Salvador fue verdaderamente hombre, y de él ha conseguido la salvación el hombre entero. Porque de ninguna forma es ficticia nuestra salvación ni afecta sólo al cuerpo, sino que la salvación de todo el hombre, es decir, alma y cuerpo, se ha realizado en aquel que es la Palabra.
Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que todos nosotros hemos nacido de Adán.
Lo que Juan afirma: La Palabra se hizo carne, tiene la misma significación, como se puede concluir de la idéntica forma de expresarse. En san Pablo encontramos escrito: Cristo se hizo por nosotros un maldito. Pues al cuerpo humano, por la unión y comunión con la Palabra, se le ha concedido un inmenso beneficio: de mortal se ha hecho inmortal, de animal se ha hecho espiritual, y de terreno ha penetrado las puertas del cielo.
Por otra parte, la Trinidad, también después de la encarnación de la Palabra en María, siempre sigue siendo la Trinidad, no admitiendo ni aumentos ni disminuciones; siempre es perfecta, y en la Trinidad se reconoce una única Deidad, y así la Iglesia confiesa a un único Dios, Padre de la Palabra.
lunes, 1 de enero de 2024
La Palabra tomó carne en María
domingo, 31 de diciembre de 2023
Sagrada Familia
“Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”.
Con la Fiesta de la Sagrada Familia finalizamos este 2023 y creo que es la mejor manera de dar Gracias por lo vivido en este año. Es cierto que no siempre hemos vivido gratos momentos, y, como siempre, en nuestras vidas, hay días soleados y nublados, con tormentas y oscuros, pero también hay muchos días de alegría y gozos. Pero, en todo momento y en todas las circunstancias, lo importante es que lo hayamos pasado y que hayamos podido sortear las piedras y los obstáculos de cada día.
Seguramente para muchos habrán sido días de mucha suerte y para otros de mucha desgracia, pero, para los que creemos en la Providencia sabemos que en todos ha estado la Mano del Padre para ayudarnos a levantarnos, a reponernos y a seguir caminando con Esperanza. Sabemos que todo, lo que el Padre permite y lo que nos pida vivir, es para nuestro bien, y la salvación de las almas, pues en la cruz de cada día hacemos presente la Cruz Salvadora de Jesús, y así todo tiene sentido y Gracias de Dios para, como dice san Pablo, alcanzar la meta y no perder la fe.
En este año 2023 nos coincide fin de año con la Fiesta de la Sagrada Familia para poner en las manos de Ellos a nuestras familias, sus penas y dolores, sus alegría y gozos, en definitiva, poner en las manos de la Sagrada Familia el deseo de que siempre y en todo momento podamos estar juntos, y si ha habido situaciones difíciles que las sepamos solucionar juntos, pues es el Amor de Dios el que se hace presente en el corazón de nuestras familias.
Y, si, en todo caso, se nos hace difícil reconciliarnos y mantener el amor, recurramos a María, la Madre de Dios, y Madre nuestra, para que Ella nos ayude a abrir el corazón, para que las espinas que se nos fueron clavando durante el tiempo se vayan transformando en rosas de amor, de perdón, pues Su Hijo y nuestro Hermano, nos ha perdonado y pide que nos perdonemos para que podamos, siempre, demostrar la fuerza del amor.
No dejemos que este año que va a comenzar lo haga con causas sin resolver, sino que podamos comenzar, como se dice, un nuevo libro de la vida con páginas en blanco, para que podamos escribir los renglones de nuestras vidas con la Gracia y el Amor de Dios. Ese Amor nos pide que recurramos siempre a Él para que, en nuestras vidas, siempre esté presente su alegría, su esperanza y el deseo de que cada día podamos hacer nuevas todas las cosas, pues Su Amor hace todo nuevo, desde Nazareth hasta hoy.
sábado, 30 de diciembre de 2023
Poner buenas bases
"Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él".
La Familia de Nazaret, la Sagrada Familia, nos invita a volver a vivir lo que ellos vivieron o, mejor dicho, como ellos vivieron, no sólo en armonía y amor, sino en comunión con la Voluntad de Dios, pues ese ha sido el centro de sus vidas: la Voluntad de Dios. Pues así como María en la Anunciación abrió su corazón a Dios y se hizo su Esclava para vivir Su Voluntad, así también José supo escuchar los mensajes de Dios y hacer lo que Él le pedía.
De este modo al caminar, María y José, los dos en el mismo sentido: buscando y viviendo la Voluntad de Dios, también el Hijo aprendió de sus padres a buscar y vivir lo mismo: "no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió", "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", "Padre, que no se haga mi voluntad sino la Tuya". Cuando, verdaderamente se tiene un ejemplo tan radical en la vivencia de un ideal se aprende a vivir de la misma manera, no hacen falta muchos libros ni cursos, sino que el ejemplo es el mejor instrumento para enseñar un camino.
Hoy en día es el camino que tenemos que volver a recorrer, y ese sólo se aprende en casa, en familia. Cuando hablamos de que los laicos tienen que tener un rol importante en la Iglesia, es comenzar a ser Iglesia doméstica donde se aprende lo esencial, desde lo humano hasta lo divino, donde las bases del hombre y del hijo de Dios son construidas y colocadas en el fundamento de la educación.
"No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo - la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero -, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia.
Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".
viernes, 29 de diciembre de 2023
Cuando llegó la plentiud
De los Sermones de san Bernardo, abad
Dios, nuestro Salvador, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Demos gracias a Dios, pues por él abunda nuestro consuelo en esta nuestra peregrinación, en este nuestro destierro, en esta vida tan llena aún de miserias.
Antes de que apareciera la humanidad de nuestro Salvador, la misericordia de Dios estaba oculta; existía ya, sin duda, desde el principio, pues la misericordia del Señor es eterna, pero al hombre le era imposible conocer su magnitud. Ya había sido prometida, pero el mundo aún no la había experimentado y por eso eran muchos los que no creían en ella. Dios había hablado, ciertamente, de muchas maneras por ministerio de los profetas. Y había dicho: Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción. Pero, con todo, ¿qué podía responder el hombre, que únicamente experimentaba la aflicción y no la paz? «¿Hasta cuándo -pensaba- iréis anunciando: "Paz, paz", cuando no hay paz?» Por ello los mismos mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién ha dado fe a nuestra predicación? Pero ahora, en cambio, los hombres pueden creer, por lo menos, lo que ya contemplan sus ojos; ahora los testimonios de Dios se han hecho sobremanera dignos de fe, pues, para que este testimonio fuera visible, incluso a los que tienen la vista enferma, el Señor le ha puesto su tienda al sol.
Ahora, por tanto, nuestra paz no es prometida, sino enviada; no es diferida, sino concedida; no es profetizada, sino realizada: el Padre ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que, si bien es pequeño, está ya totalmente lleno. En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. Esta plenitud de la divinidad se nos dio después que hubo llegado la plenitud de los tiempos. Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fue precisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adán que antes de la culpa era inocente.
¿Qué cosa manifiesta tanto la misericordia de Dios como el hecho de haber asumido nuestra miseria? ¿Qué amor puede ser más grande que el del Verbo de Dios, que por nosotros se ha hecho como la hierba débil del campo? Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Que comprenda, pues, el hombre hasta qué punto Dios cuida de él; que reflexione sobre lo que Dios piensa y siente de él. No te preguntes ya, oh hombre, por qué tienes que sufrir tú; pregúntate más bien por qué sufrió él. De lo que quiso sufrir por ti puedes deducir lo mucho que te estima; a través de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo. Cuanto menor se hizo en su humanidad, tanto mayor se mostró en el amor que te tiene, y cuanto más se anonadó por nosotros, tanto más digno es de nuestro amor. Dios, nuestro salvador —dice el Apóstol—, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. ¡Qué grande y qué manifiesta es esta misericordia y este amor de Dios a los hombres! Nos ha dado una grande prueba de su amor al querer que el nombre de Dios fuera añadido al título de hombre.
jueves, 28 de diciembre de 2023
La verdadera inocencia
En el día de los Santos Inocentes Dios nos está pidiendo que volvamos a la inocencia inicial, es decir a la inocencia de los niños que confían en Su Padre, a la inocencia de vivir reconciliándonos como lo hacen los niños que no tienen maldad en su corazón, sino que buscan siempre estar bien y en buena relación con los demás, que cuando se pelean buscan enseguida un abrazo para mostrar el cariño y el amor al otro.
Pero no la inocencia de creer que todo lo puedo hacer y que no tengo que pedir perdón por nada y a nadie porque sólo Dios puede perdonarme, porque sino lo que Jesús nos enseñó sería pura mentira, incluso porque nos ha dicho que digamos: "perdona nuestro ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Por ello, para pensar mejor todo esto nos basta el párrafo que San Juan nos escribe hoy:
"Este es el mensaje que hemos oído a Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado".
Si hemos roto la comunión con alguien, con algún hermano o familia o amigo o miembro de nuestra comunidad, entonces no estamos en comunión con todos, ni estamos en comunión con la Luz del Señor. Y, entonces, debemos buscar el modo de revertir esa situación, buscar el modo de tener la valentía y la fuerza suficiente para pedir perdón, para reconciliarme y consolidar la comunión en el amor, en el espíritu.
Porque, en este caso y en otro:
"Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia".
Y sí, nos engañamos muchas veces porque siempre le echamos la culpa al otro, es el otro quien tiene que venir y pedirme perdón, es el otro quien hizo lo que no debía, es el otro quien me ha ofendido, es el otro... pues yo soy tan bueno y tan angelical que nunca haga nada mal... ¡vamos!
"Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros".
Por eso, muchas veces, nos cuesta reconciliarnos con Dios y con los hermanos, porque pensando que nunca hacemos nada mal, que nunca pecamos, lo hacemos mentiroso al Señor, pues Él mismo es quien ha dicho: "el justo peca 7 veces por día", y nosotros que de justo, a veces, sólo tenemos el nombre...
¿No será hora de ponernos frente a la Luz y pedir la fuerza del Espíritu para hacer lo que debemos hacer y volver a la comunión con nuestros hermanos?
miércoles, 27 de diciembre de 2023
La Vida misma se ha manfiestado
Tratado sobre la carta I de San Juan, de San Agustín, obispo
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida. ¿Quién es el que puede tocar con sus manos a la Palabra, si no es porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros?
Esta Palabra, que se hizo carne, para que pudiera ser tocada con las manos, comenzó siendo carne cuando se encarnó en el seno de la Virgen María; pero no en ese momento comenzó a existir la Palabra, porque el mismo san Juan dice que existía desde el principio. Ved cómo concuerdan su carta y su evangelio, en el que hace poco oísteis: En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios.
Quizá alguno entienda la expresión «la Palabra de la vida» como referida a la persona de Cristo y no al mismo cuerpo de Cristo, que fue tocado con las manos. Fijaos en lo que sigue: Pues la vida se hizo visible. Así, pues, Cristo es la Palabra de la vida.
¿Y cómo se hizo visible? Existía desde el principio, pero no se había manifestado a los hombres, pero sí a los ángeles, que la contemplaban y se alimentaban de ella, como de su pan. Pero, ¿qué dice la Escritura? El hombre comió pan de ángeles.
Así, pues, la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no lo éramos de ver la Palabra. La Palabra se hizo carne, a la cual podemos ver, para sanar en nosotros aquello que nos hace capaces de ver la Palabra.
Os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó, es decir, se ha manifestado entre nosotros, y, para decirlo aún más claramente, se manifestó en nosotros.
Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Que vuestra caridad preste atención: Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Ellos vieron al mismo Señor presente en la carne, oyeron las palabras de su boca y lo han anunciado a nosotros. Por tanto, nosotros hemos oído, pero no hemos visto.
Y por ello, ¿somos menos afortunados que aquellos que vieron y oyeron? ¿Y cómo es que añade: Para que estéis unidos con nosotros? Aquéllos vieron, nosotros no; y, sin embargo, estamos en comunión, pues poseemos una misma fe.
En esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa. La alegría completa es la que se encuentra en la misma comunión, la misma caridad, la misma unidad.
martes, 26 de diciembre de 2023
Pasivos ante el pecado
"Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
El martirio de San Esteban es lo que ilumina la octava de Navidad haciendo que el Nacimiento de Jesús se vea concretado en su entrega hasta el final, haciendo de su vida una luz que iluminó a aquella comunidad y le dio valor para seguir llevando la Buena Noticia. Está claro que el martirio no es algo común en nuestros pueblos, pero, sobre todo, porque también es un Don de Dios para la persona y para la Iglesia, pues se necesita mucha fuera espiritual para aceptar entregar la vida para salvar y conservar el Amor a Dios y a los hermanos.
Pero, además de mirar la entrega de Esteban quería ver la actitud de Saulo (quien después sería San Pablo) en este breve párrafo de los Hechos.
"Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo".
Aquí podríamos ver que la actitud de Saulo es una actitud pasiva frente a un hecho muy duro: el apedreamiento de una persona.
Y eso me hizo pensar mucho en mí, en nosotros. Sí, porque, no pocas veces, nos quedamos en actitud pasiva mientras otros apedrean (con sus palabras) a otras personas, no somos capaces de defender la integridad, o la fama de una persona cuando otras la están atacando. También, me parece, que no somos capaces de interceder para que dos personas puedan perdonarse o salir al encuentro cuando están distanciadas y ofrecernos para solucionar tal o cual problema.
Tenemos, las más de las veces, una actitud de pasividad frente al pecado y al dolor del otro que, pensándolo bien, no tendría que ser así entre hermanos, sino que tendríamos que hacer algo para que el Amor sea el vencedor en todo momento.
Es cierto que es más fácil "no meternos", pero ahí es cuando estamos "omitiendo" ayudar al hermano a no pecar y ayudar al hermano a buscar la reconciliación. Es decir, estoy comiendo pecado de omisión porque pudiendo hacer algo para evitar el escándalo o para evitar el dolor, no estoy haciendo nada, simplemente me quedo mirando cómo se va perdiendo la unidad y el amor.