domingo, 15 de junio de 2025

Mucho me queda por contaros

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

¡Cuántas cosas le quedaron a Jesús por decirnos! ¡Cuántos misterios por revelarnos! Pero, claro, el lenguaje humano no puede contarnos las verdades de Dios, pero sí puede el Espíritu Santo revelarnos, poco a poco, lo que el Padre quiere decirnos, lo que el Padre quiere de nosotros. Por eso, antes de ascender a los Cielos Jesús nos prometió el Espíritu Santo, para no dejarnos con todas las incógnitas que nuestra curiosidad quiere saber.
Sí, Jesús y el Padre, y el Espíritu conocen la curiosidad humana, saben que tenemos ese don de escrudiñar en lo que no conocemos y buscar más allá de nuestra vista. Claro que como todo Don también conlleva una responsabilidad y, por lo tanto, puede ser un defecto o pecado según lo utilicemos.
Gracias al don de la curiosidad el hombre ha ido descubriendo cosas y hechos maravillosos, pero también ha llegado a utilizar muy mal ese don creando la muerte con sus artefactos mortales y dando al hombre herramientas contra la vida. Incluso, nosotros mismos, utilizamos, muchas veces la curiosidad para investigar en la vida de los demás y distribuir malos comentarios sobre las personas, permitiendo que su buena fama y honor puedan ser destruidas.
Pero, los que han sabido utilizar el don de la curiosidad para el bien y, con la ayuda del Espíritu Santo, nos han enseñado a entrar en la intimidad de Dios, aprender y conocer mejor al Padre, al Hijo y sus Palabras reveladoras, a entender cómo actúa el Espíritu Santo, y todo ello para alcanzar con la disposición de nuestro corazón y nuestra entrega cotidiana la santidad que el Padre quiere de nosotros como hijos suyos.
También es cierto que no todo conoceremos, pues nuestra vida cristiana cree en los “misterios de la fe”, pues hay cosas y hechos que sólo aceptamos por la Gracia del Espíritu que vive en nosotros, y que, con sus Dones, nos ayuda a madurar y crecer en el espíritu. No todo ha sido ni será revelado, pues si todo es revelado ya no existirá la Fe, ni la Esperanza, pues junto a Dios ya no necesitaremos la Fe porque lo veremos tal cual es, ni la Esperanza pues hemos alcanzado lo esperado, pero sí el Amor pues Dios es Amor, y en el Amor viviremos.
Por eso, en este tiempo de peregrinación hemos sido rescatados por el Hijo, y santificados por el Espíritu para vivir en la Voluntad del Padre, para alcanzar la Bienaventuranza prometida.

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