"Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular".
Si bien san Pablo hacía esta exhortación a los presbíteros de la iglesia de Éfeso, también vale para los presbíteros de cualquier lugar y tiempo, y, también, para todos los que nos llamamos cristianos y formamos comunidades cristianas, pues ninguno de nosotros está libre del pecado original.
Siempre hubo y habrá quienes se crean dueños de la verdad e impongan sus propias verdades dejando de lado la Verdad del Evangelio. ¿Cómo sabemos cuando sucede eso? Cuando no se esté viviendo según el modelo que Jesús quiere para nosotros:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros".
"Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo para que también ellos sean santificados en la verdad".
El pecado original nos hace creer que podemos transformar y renovar la Palabra de Dios y la Verdad del Evangelio de acuerdo a las verdades del mundo, para que así la gente pueda adherirse más a las comunidades cristianas, pero, en verdad lo que estamos haciendo es alejándonos de la Fuente de la Vida, de la Fuente de la Verdad, de la Fuente de la Salvación.
No hemos sido llamados para predicarnos a nosotros mismos, ni para hacernos nuestros propios pedestales para que el mundo nos admire, sino para dar a conocer el Camino que Jesús nos reveló con su vida, muerte y resurrección, pues es el único Camino que nos conduce a la Vida por medio de la Verdad.
"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo".
Por eso no debemos dejarnos llevar por las ideologías del mundo que nos hacen creer que la Verdad de Cristo no es verdad, sino que adhiriéndonos cada día más a Él podamos, con la fuerza del Espíritu Santo, seguir predicando la Verdad del Evangelio y no nuestra propia verdad.
miércoles, 4 de junio de 2025
Adherirnos a la Verdad
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