“…tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos”.
Jesús no necesita mucho de nosotros, no necesita que tengamos todo solucionado, sino que tengamos la disposición para entregar lo poco que tenemos para que Él haga el milagro de multiplicar lo que Él mismo nos ha dado.
La Fiesta del Corpus no sólo es la Fiesta de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía, sino que con Él somos Iglesia, Él no es sólo nuestro alimento de Vida, sino que es la Cabeza de la Iglesia de la cual nosotros somos sus miembros, nos alimentamos con Él para caminar juntos con Él para mostrarlo con nuestra vida, para llevar Su Palabra con nuestra vida, para llevar la Esperanza y la alegría de la Salvación a todos con los que nos cruzamos en el camino de la vida.
Llevar al Santísimo Sacramento por las calles de nuestro pueblo es una responsabilidad porque es el Signo real de nuestra pertenencia a la Iglesia de Cristo, es decir al mundo en Quién creemos, en Quién hemos puesto el sentido de nuestras vidas, en Quién confiamos y que solo Él guía nuestra vida.
Acompañar a Jesús por las calles de nuestro pueblo no sólo es un día al año, sino que este día es el que da sentido a los demás días del año, pues alimentados con Su Palabra, fortalecidos con la Eucaristía y reconciliados por el Perdón alumbramos con nuestro testimonio la vida de aquellos que buscan sin encontrar, de aquellos que han perdido la Esperanza y aún siguen esperando la Luz que los guíe por el oscuro camino de la vida.
Por eso no tenemos que olvidar quienes somos y qué es lo que quiere el Señor de nosotros: “vosotros sois la luz del mundo”, “vosotros sois la sal del mundo”, “vosotros sois el fermento en la masa”, pero no porque seamos los mejores, sino porque hemos abierto nuestro corazón a Su Gracia, a Su Vida, y alimentados con su Vida caminamos seguros de que nos guiará y pondrá Sus Palabras en nuestros labios para predicar su vida así como lo hicieron los apóstoles.
Fue Él quien nos envió a llevar Su Buena Noticia hasta los confines de la tierra y por eso caminamos junto a Él, revestido de misterio en el Santísimo Sacramento, para que la Luz del Espíritu nos aliente a seguir detrás de Él y dejarnos renovar y salvar por su Gracia y Amor.
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