«Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis».
Claro que, a veces, no sabemos distinguir los frutos buenos de los frutos malos, por eso tenemos que pedirle al que sabe que nos los enseñe. Como cuando vamos a la tienda y no sabemos cuál sandía es mejor o cuál melón es mejor que otro, hay que preguntarle al verdulero o a algún vecino que sepa. Y así y todo, muchas veces, nos engañan las apariencias y nos quedamos con un fruto seco o sin sabor.
Así, también, somos nosotros. Hoy en día que se vive más de las apariencias que del ser, del interior, no son pocos los que aparentan ser frutos buenos, pero que, en el fondo, están secos porque no han recibido o no se han acercado a beber de la Fuente de Agua Viva, y, aunque muchas veces se acerquen se dejan cautivar por otras cosas que pudren el interior.
Sí, es difícil mantenernos en la Fuente de Agua Viva y no dejarnos contaminar por los aires del mundo que traen, cada día, mejores tentaciones para alejarnos del Plan de Dios.
Por eso, tenemos la necesidad de cuidar tanto nuestra relación con el Señor e ir mirando y discerniendo cómo vivimos y qué aceptamos en nuestras vidas, pues los frutos que quiere dar el Señor con el alimento que nos da, muchas veces no son los que damos, porque nos dejamos cautivar por el canto de las sirenas y nos vamos, también, detrás de otros dioses "más modernos".
El acompañamiento espiritual es un camino que no siempre usamos para nuestro crecimiento espiritual, y es el camino que el Señor quiere que vivamos para ayudarnos a madurar, a crecer y a dar frutos según Su Voluntad. A ese acompañamiento lo "acompañamos" con los sacramentos, principalmente, la Eucaristía y la Reconciliación, el primero alimenta y el segundo poda lo que no sirve en nuestras vidas y nos da la Gracia de recomenzar. Siempre tendremos a mano los instrumentos necesarios para la poda y la maduración, pues el Señor nos lo ha dejado a mano para que los usemos, pero no siempre tenemos la constancia de llegar a ellos pues hay otras cosas más importantes en nuestra vida, y, por eso, no damos los frutos que Él quiere de nosotros.
miércoles, 25 de junio de 2025
Dar frutos buenos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.