Como tantas otras parábolas la Parábola del Hijo Pródigo es de aquellas que al comenzar a leerlas ya nos imaginamos todo lo que ocurre y por eso no le damos tiempo al Espíritu para que nos diga lo que el Padre quiere de nosotros, o que nos enseñe lo que Jesús quiere que entendamos. Si bien hay muchos personajes en los que podamos espejarnos: el padre, los hijos, los sirvientes, pero también están los publicanos, los pecadores y los fariseos y los escribas. Aunque se los menciona sólo al principio pero siempre están en todos los mensajes que Jesús nos, y, creo que, gracias a ellos Jesús nos ha dejado muchos mensajes que nos ayudan a vivir y a pensar nuestras actitudes.
Esta parábola Jesús la dice pensando en lo que ellos, los escribas y fariseos, estaban pensando acerca de Jesús y de aquellos con quienes Él se reunía: publicanos y pecadores. Los escribas y fariseos no debían juntarse con publicanos y pecadores por miedo al contagio, porque si se juntaban con gente impura ellos mismos quedaban impurificados y no podían seguir con sus ritos y costumbres religiosas.
Y así nos pasa o les pasa a muchos en nuestra Iglesia: se creen mejores unos que otros y se permiten juzgar y condenar a los que ellos creen pecadores o que no están de acuerdo con lo que ellos viven, creyendo que son los únicos que viven una fe intachable, haciéndose así pecadores por faltar al amor, a la caridad, a la misericordia y teniendo como pecado la vanidad o soberbia espiritual, la cual les da el derecho de juzgar y condenar a otros.
Por eso, aunque no seamos conscientes de nuestras faltas de caridad hacia nuestros hermanos, todos debemos mirarnos en el espejo de los fariseos y escribas porque, aunque no lo veamos, tenemos el aguijón de la soberbia espiritual muy clavado en nuestro corazones, y es un aguijón que no sale fácilmente de nuestras vidas.
Así, cuando lo reconozcamos podremos abrazar como lo hace Jesús a todos, todos y todos (una frase que a muchos les gusta pero que no la viven) los hermanos, pues el abrazo del Padre no es sólo al que se fue, sino que también quiere abrazar diariamente a quien está a su lado para que pueda comprobar que en ese abrazo quiere comunicarle el amor que es indistinto para uno que para otro.
sábado, 7 de marzo de 2026
Escribas y fariseos
viernes, 6 de marzo de 2026
Los celos semilla de discordia
"Israel amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas.
Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo".
Los celos son la semilla que sembrada en un corazón sin Dios hace crecer el odio que nos lleva a la perdición. Es la semilla que nos hace caer en los pecados más graves porque de ella surgen las discordias, las discusiones, las divisiones y la destrucción de todo lo que se nos cruce por delante porque nos va quitando, poco a poco, la fuente del amor.
Cuando los celos se unen a la envidia perdemos la Gracia santificante y nos vamos perdiendo en la oscuridad de nuestro propio pecado haciendo que todo comience a ser malo, y sobre todo, las personas que Dios pone a mi lado para ayudarme a crecer y cambiar son las que más comienzo a detestar y, por eso mismo, comienzo a sembrar cizaña para que otros piensen o sientan lo mismo que yo transformándome en sembrador de cizaña, de envidia, de discordia, todo lo contrario a lo que Dios quiere que seamos.
"Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?".
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos".
Y Jesús nos habla a nosotros así como les habló a los judíos para que descubramos y tomemos conciencia de lo que estamos perdiendo, pues no sólo perdemos amistades, familia y personas que nos ayudan a crecer, sino que vamos perdiendo el Amor de Dios que sana nuestros corazones, vamos perdiendo Su Gracia porque no reconocemos nuestro pecado y nos vamos haciendo cada día más rebeldes a la vivencia del amor por nuestros hermanos, y, así, perdiendo la Gracia de la Conversión.
jueves, 5 de marzo de 2026
A quién escuchamos?
"Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen".
Pero él le dijo: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto."»
A veces pedimos demasiados signos y milagros para poder entender o aceptar la Voluntad de Dios, queremos que Dios sea explícito en sus palabras o que haga un signo extraordinario para que sepa que lo que estoy oyendo viene de Él. Cuando pedimos esos signos es porque no queremos hacer lo que Dios nos pide o nos permite, sino que estamos buscando a alguien que nos diga lo que realmente queremos hacer que es nuestra propia voluntad y no la de Dios.
Cuando aprendemos a escuchar la Voz de Dios en Su Palabra, en los signos de los tiempos y en los acontecimientos de la vida cotidiana, no nos hacen falta los signos extraordinarios ni que Dios nos envíe un whatsapp para saber cuál es su Voluntad.
Pero, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y así nos pasa a los que decimos que somos cristianos pero que no vivimos como discípulos de Cristo porque nos dejamos llevar por la voz del mundo y no por la Voz de Dios.
Porque:
"Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita".
Cuando sólo escuchamos lo que queremos oír y no abrimos nuestro corazón a la Voz del Señor, entonces no recibimos la Gracia necesaria y suficiente para alcanzar lo anhelamos desde el corazón, sino que nos contentamos con lo superficial, lo banal, lo que, en realidad, nos está pidiendo el mundo que vivamos porque no aceptamos, en definitiva, las exigencias del Evangelio y así, tampoco alcanzamos los beneficios de Su Amor.
En cambio, nos dice el Señor:
"Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto".
miércoles, 4 de marzo de 2026
Podéis beber el cáliz?
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»
¿Sabemos lo que pedimos en nuestra oración? ¿Sabemos qué es lo que necesitamos cuando pedimos algo en la oración? ¿Qué es lo que pedimos?
Claro que todas estas preguntas tienen un lado complicado porque lo primero que nos surge pensar es en nuestra oración de peticiones, o en nuestras peticiones en la oración. Pedimos por la salud, por la familia, por algún amigo, por algún enfermo, pero no es sólo eso lo que pedimos, esas son, realmente, intenciones personales que salen del corazón y de las necesidades urgentes de todos los días.
Lo que realmente pedimos es lo que el Señor nos enseñó a pedir en la oración del Padre nuestro, y ese el pedido más completo que hacemos todos los días. Y ¿te has puesto a pensar qué es lo que pides cuando le hablas al Padre en la oración que te enseñó el Hijo? Seguramente muchas veces has escuchado las reflexiones sobre el Padre nuestro y otras tantas lo hemos leído en el Evangelio, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué es lo que estamos pidiendo cuando abrimos nuestros labios para hablar con el Padre en el Padre nuestro.
Y es ahí, en esa oración cotidiana donde estamos pidiendo algo que no sabemos si estamos dispuestos a vivirlo, o, por lo menos no nos hemos puesto a pensar qué significa para mi vida decirle al Padre que estoy dispuesto a hacer Su Voluntad en la tierra como en el Cielo. Y ahí está el cáliz que bebió Jesús por nosotros y que nos invita a beberlo cada día.
¿Estás dispuesto a beber el cáliz de la obediencia a la Voluntad de Dios todos los días de tu vida? Así sería la pregunta que nos deberíamos hacer antes de rezar el Padre nuestro, porque es lo que le estamos diciendo al Padre de los Cielos, porque eso fue lo que Jesús nos enseñó, no sólo la oración, no sólo a pedir, sino a abrir el corazón para que, como Él vivió, también nosotros vivamos en la Voluntad del Padre, pues ese es el Camino que Él recorrió y nos enseñó a caminarlo a nosotros.
Y, como Él sabía que, seguramente, se nos olvidaría lo que tenemos que vivir, entonces nos dejó la intención de vivirlo grabada en la mejor de nuestras oraciones, y, sobre todo, en una oración que repetimos cada día y, en algunos casos, varias veces por día.
martes, 3 de marzo de 2026
Aunque tu pecado sea rojo como la grana...
"Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana".
Una hermosa exhortación de parte de Dios y una aliento para nuestra conciencia y vida: saber que el Señor puede perdonarnos y que su misericordia es infinita.
A veces dudamos de que el Señor pueda perdonar nuestros pecados porque siempre caemos en el mismo pecado, siempre tropezamos con la misma piedra y, por eso, nos da vergüenza, muchas veces, confesarnos porque tenemos que decir lo mismo una y otra vez.
Por eso, el mismo Jesús nos dijo: el justo peca 7 veces por día, por que Él sabe de nuestra debilidad, de nuestro pecado, pero necesita que lo reconozcamos, que analicemos nuestra conducta y recurramos a su Gracia para poder fortalecernos y buscar, siempre, un apoyo en Su Palabra para no caer, pero si caemos lo tenemos a Él que es nuestro abogado Celestial.
Pero claro, todo tiene que tener su vuelta: como el conoce nuestro corazón y sabe de nuestro pensamientos, también sabe si hay un sincero arrepentimiento de corazón para intentar no caer más, y, sobre todo, si el pecado ha sido contra mi prójimo, contra mi hermano, me pide que haga algo para restaurar el daño realizado, pues no basta con pedir perdón a Dios si no le pido perdón a mi hermano: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", y, en ese sentido también nos toca a nosotros pedir perdón si hemos ofendido.
Cuando, verdaderamente nos duele el pecado cometido entonces el arrepentimiento puede llegar a ser más sincero y el remedio a ello hasta puede ser gratificante. Pero si no me duele el hecho de pecar, de ofender, de hacer daño con mis palabras, obras y acciones, entonces no habrá sinceridad en mi arrepentimiento y aunque pida perdón en el confesionario, quizás el Señor no purifique mi corazón pues sigo con las mismas intenciones que tenía antes de confesarme.
No utilicemos, por lo tanto, el sacramento de la confesión en vano si en realidad no hay sinceridad en mi arrepentimiento, o si, en definitiva, no estoy dispuesto ni a arrepentirme ni a solucionar lo que he realizado. Antes bien pidamos al Espíritu Santo que nos ayude y nos de el Don del Temor de Dios para que sabiendo que puedo perder su Amor pueda comenzar a sentir dolor por mi pecado y buscar la fortaleza para poder arrepentirme de corazón y reconciliarme conmigo mismo, con mis hermanos y luego con el Padre Celestial, para que así aquello que ennegreció mi alma queda limpia y purificada por la absolución de mis pecados por medio del sacramento de la Reconciliación.
lunes, 2 de marzo de 2026
Principios cotidianos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
¡Cuántos principios para la vida que nos da el Señor! Son principio reales para nuestra convivencia, para la vida cotidiana, pero que no siempre los ponemos en práctica, o, mejor dicho, los ponemos en práctica para lo que nos conviene pero no para lo que el Señor nos manda.
A estos preceptos del Señor tendríamos que agregarle aquellas palabras en las que nos dice: "si amáis a quienes os aman ¿qué mérito tenéis? Yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen". ¿Por qué hay que agregarle esta exhortación de Jesús? Porque nos gusta hacer las cosas a nuestro antojo y no nos gusta exigirnos más de la cuenta, sino que sólo hacemos las cosas con quienes queremos, con quienes están cerca, con quienes nos dicen lo que queremos escuchar. Sin embargo, Jesús, nos exige mucho más que eso y por eso al final de estos preceptos de vida cristiana nos dice: "pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros", y eso no lo tenemos en cuenta.
Por eso es necesario que nuestro examen de conciencia sea concienzudo, es decir, tomándonos en serio la Palabra de Jesús, porque, muchas veces, creemos que no perdonar, no ser misericordioso, actuar con malos tratos, hablar mal de los demás, exigirle a los demás cosas que yo no hago, culpar a los otros de mis malas acciones, etc. etc., eso está bien porque los culpables de que yo actúe mal son los otros. Que yo tenga mal genio es culpa de los demás, que yo critique es culpa de los demás, que haga daño con mis palabras es porque se lo merecen... ¿Si Dios pensara así de tí? ¿qué dirías? ¿Si los demás actuaran contigo de la misma manera que tú actúas con los otros, cómo te sentaría?
Así nuestro examen de hoy, o de estos días de cuaresma tendrían que partir de estos principios de los que nos habla Jesús: ser misericordioso, no juzgar, no condenar, pedir perdón, saber perdonar... para que podamos, realmente, hacer una buena confesión y comenzar un tiempo de reconciliación para que la Pascua llegue verdaderamente a nuestro corazón.
domingo, 1 de marzo de 2026
Sal de tu tierra
"En aquellos días, el Señor dijo a Abran:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré".
Un primer llamado de Dios al hombre para dejarse conducir por Él y comenzar, así, a construir un mundo nuevo desde la fe de un solo hombre. Abran dijo Sí a Dios y dejó su tierra y sus bienes y comenzó un largo camino para alcanzar la Gracia y la Vida Nueva en Dios, así nació un Pueblo Elegido del cual somos herederos, herederos de la fe y la confianza de un hombre en su Dios.
Y así tenemos que estar todos los días: saliendo de nuestra zona de confort para entregarnos por completo a nuestro Dios y Señor para seguir construyendo un mundo nuevo a partir de un Hombre Nuevo, un hombre nuevo que nace del costado de un Dios que se entregó por amor en una Cruz.
Así cada día salimos de nosotros mismos para subir con Jesús al Monte de la Transubstanciación, es decir al Monte de la Eucaristía en donde nos encontramos en Nuestro Dios y Señor para que Él nos siga confirmando y alimentando en nuestro camino de Fe, de Esperanza y de Amor.
Porque del mismo modo que Jesús llevó a los apóstoles al Monte de la Transfiguración ahora nos quiere llevar a nosotros para hacernos sentir Su Presencia Viva que nos alienta, fortalece y enciende para que, al bajar a la rutina de todos los días, podamos, a diferencia de los apóstoles, compartir nuestra experiencia de Dios, que sea nuestro rostro iluminado por la alegría de la salvación quien hable de lo que creemos, de lo que esperamos y de lo que intentamos, cada día, vivir.
Aquél día de la transfiguración Jesús le pidió a los apóstoles que no le contaran a nadie lo que habían visto, pero después los envió a todo el mundo a llevar la Buena Noticia, así, hoy, a nosotros, nos invita a salir de nosotros mismos, a alimentarnos de Su Vida en la Eucaristía, y llenos de Su Espíritu salir al mundo a dar la Buena Noticia de la Salvación.
Aunque las voces del mundo nos digan que eso no es cierto, aunque las voces del mundo nos quieran apagar, confiamos en la Voz de Aquél que habló desde la nube y de Aquél que ha llegado a nuestro corazón para transformarnos y elegirnos para ser un testimonio vivo y claro de la Presencia de Dios en el mundo de hoy.