miércoles, 20 de agosto de 2025

Trabajadores en la Viña del Señor

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña".
A todos nos fue llamando el Señor a trabajara en su Viña. A todos nos dio la vida para que lleguemos a este mundo a dar al mundo lo que al mundo le falta, por eso el Señor nos ungió con Su Espíritu para que podamos hacer el trabajo que el Padre nos pida. Así, cuando el Padre nos envía nos da todo lo necesario para que comencemos nuestro trabajo en este tiempo, en esta historia, pero quien sabe qué es lo que tenemos que hacer es el Padre. Ninguno de nosotros ha caído del cielo sin tener, en el corazón, un Plan que el Padre dejó ahí para que lo podamos descubrir en nuestro diálogo diario con Él. Es ese Plan el que le dará sentido a la vida y nos ayudará a encontrar las herramientas necesarias para el trabajo diario. Ese Plan Jesús lo llamaba: he venido a hacer la Voluntad de mi Padre, y así como Él nos va guiando en el trabajo de cada día.
Claro está que no siempre hacemos la Voluntad del Padre, sino que nos dejamos llevar por los que se creen dueño de la Viña y desoímos las instrucciones del Padre y vamos por nuestra propia cuenta pensando que "ya lo sabemos todo" y que no necesitamos consultar al Dueño de la Viña cómo y qué tenemos que hacer.
No son pocos los que se sienten los mejores en el terreno y por eso asumen o quieren asumir el mando sobre los que han venido después, pero siempre será el Dueño de la Vida quien recompense según el trabajo de cada uno y le de a cada uno lo que le corresponde. Y ahí es cuando los que se han considerado los mejores y han tratado de "pisar" a los demás, no reciban lo creen merecer sino que reciban lo que se merecen, sobre todo porque el Dueño de la Viña conoce y escruta los secretos del corazón de sus trabajadores y a cada uno le paga como corresponde.
Por eso, no te creas más que ninguno ni quieras saber más que el Dueño de la Viña, sino que aceptando nuestra pequeñez descubramos cuáles es nuestra función y el sentido de la vida que el Padre nos quiere dar a cada uno, para que nuestro trabajo sea fecundo y nuestra vida alcance la plenitud que el Padre le quiere dar, y llegue a conseguir el Premio que nos está esperando al final del Camino.

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