Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
¿Quiere Jesús darnos miedo del mañana o de la muerte? No, no lo creo. Lo que quiere es que no perdamos la vida acumulando riquezas y olvidándonos de lo esencial de nuestra vida y no sólo hablo de lo espiritual, que, sin embargo, es lo importante salvar nuestra alma, sino de otras cosas que en la vida también forman parte de lo que nos hace ser quienes somos: la relación con los padres, con los abuelos, con la pareja, con los hijos, con los amigos.
Acumulamos, muchas veces, muchas horas de trabajo para sostener un nivel de vida que no siempre nos da vida, sino que nos quita vida pues nunca llegamos a alcanzar lo que queremos, y, sin embargo, nos vamos perdiendo los mejores momentos de nuestras vidas. ¿Para qué?
La sociedad de consumo en la que vivimos nos lleva a querer tener, cada día, más cosas que, en el fondo, no usamos de todas ellas tanto como quisiéramos, ni tan siquiera los más pequeños utilizan todos los juguetes y cosas que van pidiendo y que se van comprando. ¿Cuántas cosas, ya sean juguetes, electrodomésticos, ropa usamos más de dos o tres veces, y a veces sólo una?
Y ¿cuántas horas o días le dedicamos a estar junto a nuestros padres o abuelos, tíos o primos, sobrinos o amigos disfrutando de su presencia, de la charla e incluso de las historias de los mayores que son nuestra historia?
Y, por supuesto que dentro de esto cabe también el pensar en nuestro espíritu, que es lo que menos tenemos en cuenta a la hora de programar nuestro día a día. Claro, porque no sabemos que nuestro espíritu es lo que nos anima, lo que nos fortalece, lo que nos ayuda a sobreponernos en momentos duros, lo que nos anima en la alegría, la esperanza y, sobre todo, quien nos ayuda a permanecer fieles en el amor.
Que cuidar el espíritu no es sólo rezar, reflexionar la Palabra, recibir los sacramentos, ir a Misa, todo eso es la parte sobrenatural de nuestro espíritu, es la parte cristiana de nuestra vida humana. Porque nuestro ser humano también necesita de momentos de ocio, de reponer fuerzas, y todo es lo hago con lecturas que nos ayudan a descubrirnos a nosotros mismos, que nos ayudan a encontrar camino de protección ante tantas cosas y comentarios, que nos ayudan a poder dar a los demás aquello que hemos recibido y ser, también, fortaleza para los débiles, consuelo para los abatidos, alegría para los tristes, y tantas otras cosas que quisiéramos también para nosotros mismos.
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