lunes, 30 de junio de 2025

Adorar a Dios

Del Tratado sobre el Padrenuestro de San Cipriano, obispo y mártir

Por lo que se refiere a la frecuencia de la oración, vemos cómo los tres jóvenes, fuertes en la fe y vencedores en el cautiverio, observaban, junto con Daniel, las horas de tercia, sexta y nona, prefigurando el misterio de la Trinidad, que habría de revelarse en los últimos tiempos.
Los antiguos adoradores de Dios, habiendo ya de antiguo determinado tales espacios espirituales de oración, se dedicaban a ella según modalidades precisas y en tiempos fijados. El curso del tiempo puso de manifiesto que, en esta manera de orar los justos de épocas anteriores, se escondía un misterio. Pues a la hora de tercia descendió sobre los discípulos el Espíritu Santo, dando así cumplimiento a la gracia prometida por el Señor.
Asimismo, Pedro, subiendo a la azotea a la hora de sexta, fue instruido mediante una señal y por medio de la voz de Dios que lo interpelaba, sobre el deber de admitir a todos a la gracia de la salvación, puesto que anteriormente dudaba de conferir el bautismo a los paganos.
Y el Señor, crucificado a la hora sexta, a la nona lavó con su sangre nuestros pecados, reportando entonces con su pasión una victoria, que le permitió redimirnos y darnos la vida.
En la actualidad, carísimos hermanos, y al margen de las horas antiguamente observadas, han aumentado los espacios de oración al ritmo de los sacramentos. De hecho, hemos de orar también por la mañana, para celebrar con la oración matutina la resurrección del Señor.
Y es necesario orar además a la puesta del sol y al caer el día. En efecto, como Cristo es el verdadero sol y el verdadero día, cuando a la puesta del sol y al caer del día natural oramos pidiendo que salga sobre nosotros nuevamente la luz, en realidad imploramos la venida de Cristo portador de la gracia de la eterna luz.
En los salmos, el Espíritu Santo llama a Cristo «día». Ahora bien, si en las Escrituras santas Cristo es el sol verdadero, no queda hora alguna en que los cristianos no deban adorar a Dios frecuentemente y siempre, de modo que los que estamos en Cristo, esto es, en el sol y en el día verdaderos, debemos perseverar todo el día en la oración.
Y cuando según la alternativa rotación de los astros, la noche sucede al día, ningún daño puede sobrevenir a los orantes de las tinieblas nocturnas, porque para los hijos de la luz, las noches se convierten en días. ¿Cuándo, en efecto, está sin luz quien lleva la luz en el corazón? O ¿cuándo no hay sol y día para quien Cristo es sol y día?

domingo, 29 de junio de 2025

Tú eres Pedro

“Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.

Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo”.
El Don de la Fe no es producto de la sangre ni la carne, sino que es un Don del Cielo para aquellos que tienen el corazón dispuesto y abierto a la Gracia. La Fe no se consigue con esfuerzo humano sino con la disposición al misterio, a creer sin ver, a esperar sin conocer, y ese fue el salto “ilógico” que dio Pedro ante la pregunta de Jesús.
Un salto en la fe, una locura de su parte creer que ese que tenía delante, ese hombre que había conocido hacía poco tiempo podría ser el hijo de Dios:
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Es el mismo salto que damos, cada día, nosotros, también, el creer en el Hijo de Dios vivo, en Jesús de Nazaret como el Mesías el Señor, el que con su muerte y resurrección nos ha dado una vida nueva por la Gracia de su propia Espíritu.
Es el salto en la fe que damos al creer que Pedro y sus sucesores son el Vicario de Cristo en la Tierra, aquellos que, por la Gracia del Espíritu Santo, son ungidos para discernir la Voluntad de Dios para la vida del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.
Es el mismo salto en la fe que damos al acercarnos, cada día, al Sagrario y al altar para hablar y recibir a Jesús mismo en la Eucaristía.
Y es, sobre todo, el salto en la fe que debemos dar para saber que nuestra vida, nuestras palabras, nuestras obras son las que llevan al mundo la vida de Jesús, que muestras ante las tinieblas del pecado la Luz del Evangelio y dan a los que lo necesitan paz, esperanza, alegría, confianza y, sobre todo, muestran y regalan el Amor de Dios.
Gracias al Espíritu Santo que sigue habitando y sostiene a la Iglesia es que recibimos, constantemente, su Gracia por medio de los sacramentos los que nos sostienen, renuevan, fortalecen para que, cada día, sigamos recorriendo el Camino de la Vida que nos lleva hacia la Casa del Padre, pero que, mientras tanto, van sembrando Su Vida con nuestras vidas.

sábado, 28 de junio de 2025

María conservaba todo en su Corazón

Sermón de San Lorenzo Justiniani, obispo

María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios. Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María Santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.
Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el que Cristo, el Señor, entra de buen grado.

viernes, 27 de junio de 2025

En Ti está la Fuente de agua viva

Del Opúsculo 3 de San Buenaventura, obispo

Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuán grande es éste que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de compasión natural, se quebrantan. ¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!
Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán al que atravesaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que salta hasta la vida eterna.
Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que anida en la pared de una cueva; sé el gorrión que ha encontrado una casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.
Corre, con vivo deseo, a esta fuente de vida y de luz, quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:
«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida y luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad!
¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!
De ti procede el río que alegra la ciudad de Dios, para que, con voz de regocijo y gratitud, te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.

jueves, 26 de junio de 2025

Velad y orad

Del Tratado sobre el Padrenuestro de San Cipriano, obispo y mártir

Al demonio se le otorga poder contra nosotros con una doble finalidad: para nuestro castigo cuando pecamos, o para nuestra gloria cuando somos probados. Es lo que sucedió con Job según declaración del mismo Dios, que dice: Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques. Y en el evangelio leemos que el Señor dijo durante la pasión: No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto.
Cuando rogamos no caer en la tentación, al hacerlo se nos recuerda nuestra debilidad y nuestra fragilidad, para que nadie se vanaglorie insolentemente, para que ninguno se arrogue algo con soberbia o jactancia, para que a nadie se le ocurra apropiarse la gloria de la confesión o de la pasión, cuando el mismo Señor nos hace una llamada a la humildad, diciendo: Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil. El simple y humilde reconocimiento de nuestra fragilidad nos impulsa a atribuir a Dios todo aquello que con amor y temor de Dios pedimos insistentemente y que él por su misericordia nos concede.
Después de todo esto, nos encontramos, al final de la oración, con una cláusula que engloba sintéticamente todas nuestras peticiones y todas nuestras súplicas. Al final de todo decimos: Mas líbranos del mal, fórmula en la que compendiamos todas las cosas adversas que, en este mundo, puede el enemigo maquinar contra nosotros. La única protección firme y estable contra todo esto es la ayuda de Dios: sólo él puede liberarnos prestando oído atento a nuestras implorantes súplicas. Después de haber dicho líbranos del mal, nada más nos queda ya por pedir: una vez solicitada la protección de Dios contra el mal y obtenida ésta, estamos seguros y a cubierto contra todas las maquinacio

miércoles, 25 de junio de 2025

Dar frutos buenos

«Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis».
Claro que, a veces, no sabemos distinguir los frutos buenos de los frutos malos, por eso tenemos que pedirle al que sabe que nos los enseñe. Como cuando vamos a la tienda y no sabemos cuál sandía es mejor o cuál melón es mejor que otro, hay que preguntarle al verdulero o a algún vecino que sepa. Y así y todo, muchas veces, nos engañan las apariencias y nos quedamos con un fruto seco o sin sabor.
Así, también, somos nosotros. Hoy en día que se vive más de las apariencias que del ser, del interior, no son pocos los que aparentan ser frutos buenos, pero que, en el fondo, están secos porque no han recibido o no se han acercado a beber de la Fuente de Agua Viva, y, aunque muchas veces se acerquen se dejan cautivar por otras cosas que pudren el interior.
Sí, es difícil mantenernos en la Fuente de Agua Viva y no dejarnos contaminar por los aires del mundo que traen, cada día, mejores tentaciones para alejarnos del Plan de Dios.
Por eso, tenemos la necesidad de cuidar tanto nuestra relación con el Señor e ir mirando y discerniendo cómo vivimos y qué aceptamos en nuestras vidas, pues los frutos que quiere dar el Señor con el alimento que nos da, muchas veces no son los que damos, porque nos dejamos cautivar por el canto de las sirenas y nos vamos, también, detrás de otros dioses "más modernos".
El acompañamiento espiritual es un camino que no siempre usamos para nuestro crecimiento espiritual, y es el camino que el Señor quiere que vivamos para ayudarnos a madurar, a crecer y a dar frutos según Su Voluntad. A ese acompañamiento lo "acompañamos" con los sacramentos, principalmente, la Eucaristía y la Reconciliación, el primero alimenta y el segundo poda lo que no sirve en nuestras vidas y nos da la Gracia de recomenzar. Siempre tendremos a mano los instrumentos necesarios para la poda y la maduración, pues el Señor nos lo ha dejado a mano para que los usemos, pero no siempre tenemos la constancia de llegar a ellos pues hay otras cosas más importantes en nuestra vida, y, por eso, no damos los frutos que Él quiere de nosotros.

martes, 24 de junio de 2025

La voz que clama en el desierto

Sermón de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo, y sacar provecho de él.
Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una joven virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo.
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.
Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la palabra eterna desde el principio.

lunes, 23 de junio de 2025

No te agobies por el mañana

Del Tratado sobre el Padrenuestro de San Cipriano, obispo y mártir

El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Puede también interpretarse de esta manera: nosotros que hemos renunciado al mundo y que, fiados en la gracia espiritual, hemos despreciado sus riquezas y pompas, debemos solamente pedir para nosotros el alimento y el sustento. Nos lo advierte el Señor con estas palabras: El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. Y el que ha comenzado a ser discípulo de Cristo renunciando a todo, secundando la voz de su maestro, debe pedir el pan de cada día, sin extender al mañana los deseos de su petición, de acuerdo con la prescripción del Señor, que nuevamente nos dice: No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. Con razón, pues, el discípulo de Cristo pide para sí el cotidiano sustento, él a quien le está prohibido agobiarse por el mañana, pues sería pecar de contradicción e incongruencia solicitar una larga permanencia en este mundo, nosotros que pedimos la acelerada venida del reino de Dios.
El Señor nos enseña que las riquezas no sólo son despreciables, sino incluso peligrosas, que en ellas está la raíz de los vicios que seducen y despistan la ceguera de la mente humana con solapada decepción. Por eso reprende Dios a aquel rico necio que sólo pensaba en las riquezas de este mundo y se jactaba de su gran cosecha, diciendo: Esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Se regodeaba el necio en su opulencia, él que moriría aquella noche; y él, a quien la vida se le estaba escapando, pensaba en la abundante cosecha.
En cambio, el Señor declara que es perfecto y consumado el que, vendiendo todo lo que tiene, lo distribuye entre los pobres, y abre una cuenta corriente en el cielo. Dice que es digno de seguirle y de imitar la gloria de la pasión del Señor, quien, expedito y ceñido, no se deja enredar en los lazos del patrimonio familiar, sino que, desembarazado y libre, sigue él mismo tras los tesoros que previamente había enviado al Señor.
Para que todos y cada uno de nosotros podamos disponernos a un tal desprendimiento, nos enseña a orar de este modo y a conocer, por el tenor de la oración, las cualidades que la oración debe revestir.

domingo, 22 de junio de 2025

Dadle vosotros de comer

 “…tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos”.

Jesús no necesita mucho de nosotros, no necesita que tengamos todo solucionado, sino que tengamos la disposición para entregar lo poco que tenemos para que Él haga el milagro de multiplicar lo que Él mismo nos ha dado.
La Fiesta del Corpus no sólo es la Fiesta de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía, sino que con Él somos Iglesia, Él no es sólo nuestro alimento de Vida, sino que es la Cabeza de la Iglesia de la cual nosotros somos sus miembros, nos alimentamos con Él para caminar juntos con Él para mostrarlo con nuestra vida, para llevar Su Palabra con nuestra vida, para llevar la Esperanza y la alegría de la Salvación a todos con los que nos cruzamos en el camino de la vida.
Llevar al Santísimo Sacramento por las calles de nuestro pueblo es una responsabilidad porque es el Signo real de nuestra pertenencia a la Iglesia de Cristo, es decir al mundo en Quién creemos, en Quién hemos puesto el sentido de nuestras vidas, en Quién confiamos y que solo Él guía nuestra vida.
Acompañar a Jesús por las calles de nuestro pueblo no sólo es un día al año, sino que este día es el que da sentido a los demás días del año, pues alimentados con Su Palabra, fortalecidos con la Eucaristía y reconciliados por el Perdón alumbramos con nuestro testimonio la vida de aquellos que buscan sin encontrar, de aquellos que han perdido la Esperanza y aún siguen esperando la Luz que los guíe por el oscuro camino de la vida.
Por eso no tenemos que olvidar quienes somos y qué es lo que quiere el Señor de nosotros: “vosotros sois la luz del mundo”, “vosotros sois la sal del mundo”, “vosotros sois el fermento en la masa”, pero no porque seamos los mejores, sino porque hemos abierto nuestro corazón a Su Gracia, a Su Vida, y alimentados con su Vida caminamos seguros de que nos guiará y pondrá Sus Palabras en nuestros labios para predicar su vida así como lo hicieron los apóstoles.
Fue Él quien nos envió a llevar Su Buena Noticia hasta los confines de la tierra y por eso caminamos junto a Él, revestido de misterio en el Santísimo Sacramento, para que la Luz del Espíritu nos aliente a seguir detrás de Él y dejarnos renovar y salvar por su Gracia y Amor.

sábado, 21 de junio de 2025

Cantaré Tus Misericordias

De una carta dirigida a su madre de San Luis Gonzaga, religioso

Pido para ti, ilustre señora, que goces siempre de la gracia y del consuelo del Espíritu Santo. Al llegar tu carta, me encuentro todavía en esta región de los muertos. Pero un día u otro ha de llegar el momento de volar al cielo, para alabar al Dios eterno en la tierra de los que viven. Yo esperaba poco ha que habría realizado ya este viaje antes de ahora. Si la caridad consiste, como dice san Pablo, en estar alegres con los que ríen y llorar con que lloran, ha de ser inmensa tu alegría, madre ilustre, al pensar que Dios me llama a la verdadera alegría, que pronto poseeré con la seguridad de no perderla jamás.
Te he de confesar, ilustre señora, que, al sumergir mi pensamiento en la consideración de la divina bondad, que es como un mar sin fondo ni litoral, no me siento digno de su inmensidad, ya que él, a cambio de un trabajo tan breve y exiguo, me invita al descanso eterno y me llama desde el cielo a la suprema felicidad, que con tanta negligencia he buscado, y me promete el premio de unas lágrimas, que tan parcamente he derramado.
Considéralo una y otra vez, ilustre señora, y guárdate de menospreciar esta infinita benignidad de Dios, que es lo que harías si lloraras como muerto al que vive en la presencia de Dios y que, con su intercesión, puede ayudarte en tus asuntos mucho más que cuando vivía en este mundo. Esta separación no será muy larga; volveremos a encontrarnos en el cielo, y todos juntos, unidos a nuestro Salvador, lo alabaremos con toda la fuerza de nuestro espíritu y cantaremos eternamente sus misericordias, gozando de una felicidad sin fin. Al morir, nos quita lo que antes nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro, y para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos.
Todo esto lo digo solamente para expresar mi deseo de que tú, ilustre señora, así como los demás miembros de mi familia, consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gozo, y para que no me falte tu bendición materna en el momento de atravesar este mar hasta llegar a la orilla en donde tengo puestas todas mis esperanzas. Así te escribo, porque estoy convencido de que ésta es la mejor manera de demostrarte el amor y respeto que te debo como hijo.

jueves, 19 de junio de 2025

Santificado sea tu Nombre

Del Tratado sobre el Padrenuestro de San Cipriano, obispo y mártir

Cuán grande es la benignidad del Señor, cuán abundante la riqueza de su condescendencia y de su bondad para con nosotros, pues ha querido que, cuando nos ponemos en su presencia para orar, lo llamemos con el nombre de Padre y seamos nosotros llamados hijos de Dios, a imitación de Cristo, su Hijo; ninguno de nosotros se hubiera nunca atrevido a pronunciar este nombre en la oración, si él no nos lo hubiese permitido. Por tanto, hermanos muy amados, debemos recordar y saber que, pues llamamos Padre a Dios, tenemos que obrar como hijos suyos, a fin de que él se complazca en nosotros, como nosotros nos complacemos de tenerlo por Padre.
Sea nuestra conducta cual conviene a nuestra condición de templos de Dios, para que se vea de verdad que Dios habita en nosotros. Que nuestras acciones no desdigan del Espíritu: hemos comenzado a ser espirituales y celestiales y, por consiguiente, hemos de pensar y obrar cosas espirituales y celestiales, ya que el mismo Señor Dios ha dicho: Yo honro a los que me honran, y serán humillados los que me desprecian. Asimismo el Apóstol dice en una de sus cartas: No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!
A continuación, añadimos: Santificado sea tu nombre, no en el sentido de que Dios pueda ser santificado por nuestras oraciones, sino en el sentido de que pedimos a Dios que su nombre sea santificado en nosotros. Por lo demás, ¿por quién podría Dios ser santificado, si es él mismo quien santifica? Mas, como sea que él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo, por esto, pedimos y rogamos que nosotros, que fuimos santificados en el bautismo, perseveremos en esta santificación inicial. Y esto lo pedimos cada día. Necesitamos, en efecto, de esta santificación cotidiana, ya que todos los días delinquimos, y por esto necesitamos ser purificados mediante esta continua y renovada santificación.
El Apóstol nos enseña en qué consiste esta santificación que Dios se digna concedernos, cuando dice: Los inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios. Así erais algunos antes. Pero os lavaron, os consagraron, os perdonaron en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. Afirma que hemos sido consagrados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. Lo que pedimos, pues, es que permanezca en nosotros esta consagración o santificación y -acordándonos de que nuestro juez y Señor conminó a aquel hombre que él había curado y vivificado a que no volviera a pecar más, no fuera que le sucediese algo peor- no dejamos de pedir a Dios, de día y de noche, que la santificación y vivificación que nos viene de su gracia sea conservada en nosotros con ayuda de esta misma gracia.

miércoles, 18 de junio de 2025

Todo para ser vistos y honrados

Dice Jesús:
"Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa".
¡Qué difícil es en estos tiempos no practicar ni la justicia, ni la oración, ni la limosna delante de los hombres! Sí, es muy difícil porque vivimos en la época de que todo tiene que ser visto por los demás, incluso, para algunas personas, hasta el mismo pecado es fotografiado y publicado en las redes sociales.
Todo lo hacemos para las redes sociales, todo lo hacemos para que vean lo buenos que somos, o lo malos que somos, porque también algunos quieren que hablen mal pero que hablen de ellos. Pero cuando ese vicio es vivido por la gente de iglesia, ya sean consagrados o laicos, es un vicio que, como dice Jesús no tendrá recompensa de nuestro Padre Celestial.
Hoy en día, casi todos, buscan la aprobación del mundo y no buscan la aprobación del Señor, pues la aprobación del mundo se ve mucho mejor, se sienten mejor los aplausos y pareciera que así soy mejor persona, mejor sacerdote, mejor religioso. Hasta muchos se han atrevido a hacer bailes en tiktok haciendo de la vida sacerdotal o consagrada un reality show para el mundo, intentando con eso atraer gente a sus "redes".
¿Por qué hacemos lo que hacemos? Sería la seria pregunta que nos tenemos que hacer todos. ¿Cuál es el sentido de hacer todo para que la gente lo vea? ¿Cuál es el sentido de hacer cosas para tener más likes en las redes? Seguramente todos tendremos argumentos muy lícitos y buenos, pero ¿son todos argumentos que proceden de un discernimiento acerca de lo que Dios quiere para estos tiempos y para mi vida? ¿No estamos haciendo demasiadas cosas para exponer algo que no somos?
Surgen, por lo menos para mí, muchas preguntas e interrogantes ante este vicio de hacer todo para el público mediático, y dejar de vivir en Dios, porque, si mal no recuerdo, el que salvará al mundo es Dios y nosotros solo somos instrumentos que llevan al mundo el mensaje de la Salvación y cómo lo transmitimos y cómo hacemos ver que todo es de Dios... habrá que pensarlo mejor.

martes, 17 de junio de 2025

Siempre el Amor

"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Creo que el mandamiento del Amor es el único mandamiento del que no nos acordamos mucho, de los 10 mandamientos del Antiguo Testamento nos acordamos, pero el mandamiento del Amor que nos dio Jesús en la Última Cena, poco caso le hacemos. Claro, es el mandamiento más difícil de cumplir.
¿Cómo podemos analizar nuestra vida en función de este mandamiento? Es muy fácil, pero muy difícil. Sí, porque así son las cosas de Dios, parecen fáciles al principio, pero cuando entramos en búsqueda del camino de la santidad se nos complica la cosa.
¿Cuál es el mejor examen de conciencia frente al mandamiento del amor? A que ya lo sabéis. Sí, la carta de san Pablo a los Corintios y, por las dudas que no os la tengáis muy fresca en la memoria os la copiaré:
"El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta".
Se podría decir que haciendo este examen de conciencia no haría falta repasar los otros 10 mandamientos, pero no es excluyente.
Y, como dice Jesús, no lo tengo que repasar sólo con los que tengo a mi lado y que me quieren, sino con aquellos a quienes les he dado vuelta la cara, a quienes no he perdonado, con quienes no quiere verme, a quienes quiero tener más lejos, etc., porque si lo hago con quienes me quieren o aman ¿cuál es el mérito?
¡A por ello! que el Espíritu Santo siempre sale en ayuda de quienes quieren no sólo "cumplir" con el reglamento, sino con quienes quieren vivir la vida de Cristo en su propia vida, es decir, vivir el camino de santidad que el Padre pensó para cada uno.

lunes, 16 de junio de 2025

El Señor nos enseñó a orar

Del Tratado sobre el Padrenuestro de San Cipriano, obispo y mártir

Los preceptos evangélicos, queridos hermanos, no son otra cosa que las enseñanzas divinas, fundamentos que edifican la esperanza, cimientos que corroboran la fe, alimentos del corazón, gobernalle del camino, garantía para la obtención de la salvación; y mientras ellos instruyen en la tierra las mentes dóciles de los creyentes, las conducen a los reinos celestiales.
Muchas cosas quiso Dios que dijeran e hicieran oír los profetas, sus siervos: pero cuánto más importantes son las que habla su Hijo, las que atestigua con su propia voz la misma Palabra de Dios, que estuvo presente en los profetas; y ya no pide que se prepare el camino al que viene, sino que es él mismo quien viene abriéndonos y mostrándonos el camino, de modo que los que antes ciegos y abandonados errábamos en las tinieblas de la muerte, ahora nos viéramos iluminados por la luz de la gracia y alcanzáramos el camino de la vida bajo la guía y dirección del Señor.
El cual, entre todos los demás saludables consejos y divinos preceptos con los que orientó a su pueblo para la salvación, le enseñó también la manera de orar, y a su vez él mismo le instruyó y aconsejó sobre lo que tenía que pedir. El que da la vida nos enseñó también a orar con la misma benignidad con la que da y otorga todo lo demás, para que fuésemos escuchados con más facilidad cuando nos dirigiésemos al Padre con la misma oración que el Hijo nos enseñó.
Había ya predicho que se acercaba la hora en que los verdaderos adoradores habrían de adorar al Padre en espíritu y verdad, y cumplió lo que antes había prometido, de tal manera que los que habíamos recibido el espíritu y la verdad como consecuencia de su santificación, adoráramos a Dios verdadera y espiritualmente, de acuerdo con sus normas.
¿Pues qué oración más espiritual puede haber que la que nos fue dada por Cristo, por quien nos fue también enviado el Espíritu Santo?, ¿y qué plegaria más verdadera ante el Padre que la que brotó de labios del Hijo que es la verdad? De modo que orar de otra forma no es sólo ignorancia, sino culpa también, pues él mismo afirmó: Rechazáis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición.
Oremos, pues, hermanos queridos, como Dios, nuestro maestro, nos enseñó. A Dios le resulta amiga y familiar la oración que se le dirige con sus mismas palabras, la misma oración de Cristo que llega a sus oídos.
Cuando hacemos oración, que el Padre reconozca las palabras de su propio Hijo; el mismo que habita dentro del corazón sea el que resuena en la voz, y cuando le tengamos como abogado por nuestros pecados ante el Padre, al pedir por nuestros delitos, como pecadores que somos, empleemos las mismas palabras de nuestro defensor. Pues, si dice que hará lo que pidamos al Padre en su nombre, ¿cuánto más eficaz no será nuestra oración en el nombre de Cristo, si la hacemos, además, con sus propias palabras?

domingo, 15 de junio de 2025

Mucho me queda por contaros

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

¡Cuántas cosas le quedaron a Jesús por decirnos! ¡Cuántos misterios por revelarnos! Pero, claro, el lenguaje humano no puede contarnos las verdades de Dios, pero sí puede el Espíritu Santo revelarnos, poco a poco, lo que el Padre quiere decirnos, lo que el Padre quiere de nosotros. Por eso, antes de ascender a los Cielos Jesús nos prometió el Espíritu Santo, para no dejarnos con todas las incógnitas que nuestra curiosidad quiere saber.
Sí, Jesús y el Padre, y el Espíritu conocen la curiosidad humana, saben que tenemos ese don de escrudiñar en lo que no conocemos y buscar más allá de nuestra vista. Claro que como todo Don también conlleva una responsabilidad y, por lo tanto, puede ser un defecto o pecado según lo utilicemos.
Gracias al don de la curiosidad el hombre ha ido descubriendo cosas y hechos maravillosos, pero también ha llegado a utilizar muy mal ese don creando la muerte con sus artefactos mortales y dando al hombre herramientas contra la vida. Incluso, nosotros mismos, utilizamos, muchas veces la curiosidad para investigar en la vida de los demás y distribuir malos comentarios sobre las personas, permitiendo que su buena fama y honor puedan ser destruidas.
Pero, los que han sabido utilizar el don de la curiosidad para el bien y, con la ayuda del Espíritu Santo, nos han enseñado a entrar en la intimidad de Dios, aprender y conocer mejor al Padre, al Hijo y sus Palabras reveladoras, a entender cómo actúa el Espíritu Santo, y todo ello para alcanzar con la disposición de nuestro corazón y nuestra entrega cotidiana la santidad que el Padre quiere de nosotros como hijos suyos.
También es cierto que no todo conoceremos, pues nuestra vida cristiana cree en los “misterios de la fe”, pues hay cosas y hechos que sólo aceptamos por la Gracia del Espíritu que vive en nosotros, y que, con sus Dones, nos ayuda a madurar y crecer en el espíritu. No todo ha sido ni será revelado, pues si todo es revelado ya no existirá la Fe, ni la Esperanza, pues junto a Dios ya no necesitaremos la Fe porque lo veremos tal cual es, ni la Esperanza pues hemos alcanzado lo esperado, pero sí el Amor pues Dios es Amor, y en el Amor viviremos.
Por eso, en este tiempo de peregrinación hemos sido rescatados por el Hijo, y santificados por el Espíritu para vivir en la Voluntad del Padre, para alcanzar la Bienaventuranza prometida.

sábado, 14 de junio de 2025

Las Escrituras dan testimonio de Cristo

Del Comentario sobre los salmos de San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia

Primeramente has de beber el antiguo Testamento, para poder beber también el nuevo. Si no bebes el primero, no podrás tampoco beber el segundo. Bebe el primero, para hallar algún alivio en tu sed; bebe el segundo, para saciarte de verdad. En el antiguo Testamento hallarás un sentimiento de compunción; en el nuevo, la verdadera alegría.
Los que bebieron en lo que no deja de ser un tipo, pudieron saciar su sed; los que bebieron en lo que es la realidad, llegaron a embriagarse completamente. ¡Qué buena es esta embriaguez que comunica la verdadera alegría y no avergüenza lo más mínimo! ¡Qué buena es esta embriaguez que hace avanzar con paso seguro a nuestra alma que no ha perdido su equilibrio! ¡Qué buena es esta embriaguez que sirve para regar el fruto de vida eterna! Bebe, pues, esta copa de la que dice el Profeta: Y mi copa rebosa.
Pero son dos las copas que has de beber: la del antiguo Testamento y la del nuevo; porque en ambas bebes a Cristo. Bebe a Cristo, porque es la verdadera vid; bebe a Cristo, porque es la piedra de la que brotó agua; bebe a Cristo, porque es fuente de vida; bebe a Cristo, porque es la acequia cuyo correr alegra la ciudad; bebe a Cristo, porque es la paz; bebe a Cristo, porque de sus entrañas manarán torrentes de agua viva; bebe a Cristo, y así beberás la sangre que te ha redimido; bebe a Cristo, y así asimilarás sus palabras; porque palabra suya es el antiguo Testamento, palabra suya es también el nuevo.
Realmente llegamos a beber y a comer la sagrada Escritura, si el sentido profundo de la tercera palabra viene a empapar nuestras almas, como si circulara por nuestras venas y fuera el motor que impulsara toda nuestra actividad.
Finalmente, no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios. Bebe esta palabra, pero bébela en el debido orden. Bébela en el antiguo Testamento y apresúrate a beberla en el nuevo. También él, como si se apresurara a hacerlo, dice: Ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló.
Bebe, pues, pronto, para que brille para ti una luz grande, no la luz de todos los días, ni la del día, ni la del sol, ni la de la luna; sino la que ahuyenta las sombras de la muerte. Pues los que viven en sombras de la muerte es imposible que vean la luz del sol y del día. Y, adelantándose a tu pregunta: ¿por qué tan maravilloso resplandor, por qué tan extraordinario favor?, responde: Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Un niño, que ha nacido de la Virgen, Hijo, que, por haber nacido de Dios, es el que hace que brille tan maravillosa luz.
Un niño nos ha nacido. Nos ha nacido a nosotros los creyentes. Nos ha nacido, porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Nos ha nacido, porque de la Virgen recibió carne humana, nace para nosotros, porque la Palabra se nos da. Al participar de nuestra naturaleza, nace entre nosotros; al ser infinitamente superior a nosotros, es el gran don que se nos otorga.

viernes, 13 de junio de 2025

La fuerza de las palabras está en las obras

De los sermones de San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador -dice san Gregorio- es poner por obra lo que predica».
En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.
Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas -oráculo del Señor- que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos -oráculo del Señor-, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo -oráculo del Señor-.
Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

jueves, 12 de junio de 2025

Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote

De la carta encíclica Mediator Dei de Pío XII, papa

Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no para sí mismo, ya que él, en nombre de todo el género humano, presenta al Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres. Es también víctima, pero lo es igualmente para nosotros, ya que se pone en lugar del hombre pecador. Por esto, aquella frase del Apóstol: Tened los mismos sentimientos propios de Cristo Jesús exige de todos los cristianos que, en la medida de las posibilidades humanas, reproduzcan en su interior las mismas disposiciones que tenía el divino Redentor cuando ofrecía el sacrificio de sí mismo: disposiciones de una humilde sumisión, de adoración a la suprema majestad divina, de honor, alabanza y acción de gracias.
Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando los pecados.
Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de san Pablo: Estoy crucificado con Cristo

martes, 10 de junio de 2025

Instrumentos para la salvación

Al finalizar el tiempo de Pascua con la Solemnidad de Pentecostés, volvemos al tiempo Ordinario en la liturgia de la Iglesia Católica, aunque son diferencias que sólo quienes están más metidos dentro de liturgia pueden apreciar, porque en lo exterior sólo se ve el cambio de colores en los ornamentos litúrgicos. Pero tiene todo un sentido propio para nuestra espiritualidad el tiempo litúrgico y que se ve identificado con la lecturas propias de cada tiempo, y que, por la Gracia de Dios, nos llevan a meditar en modo diferente sobre la vida y la espiritualidad del cristiano.

Celebrábamos el domingo la Venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y María reunidos en oración, el lunes la Fiesta de María, Madre de la Iglesia, pues en Pentecostés nació nuestra Iglesia, comenzó el tiempo de evangelización de llevar a cabo la misión encomendada por Jesús a los apóstoles: "id al mundo entero y predicad mi Evangelio". Y así, con la efusión del Espíritu Santo, los apóstoles comenzaron a llevar a cabo la misión evangelizadora que llega hasta nuestros tiempos.
Es ese mismo Espíritu que nos ha sido dado en nuestro bautismo para que podamos, como los apóstoles, cada uno según su propia vocación, seguir con la misión evangelizadora. Y así nos lo dijo Jesús:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Pero teniendo en cuenta que todo esto lo somos porque el Espíritu está en nosotros, y somos portadores de la Buena Noticia de la Salvación, y no porque seamos los mejores del mundo, sino porque se nos ha elegido y ungido para una misión determinada anunciando al Salvador y no siendo nosotros los salvadores del mundo.
Y ese es el problema que nos trae aparejado el pecado original: hacernos creer que somos los salvadores del mundo, y no los instrumentos utilizados por Dios para llevar el mensaje de Salvación. El pecado hace que nos pongamos delante de Dios haciéndonos o creyéndonos no los mensajeros, sino los salvadores.
Por eso necesitamos, como María, tener siempre nuestro corazón abierto al Espíritu para que sea él quien nos vaya transformando, convirtiendo, sanando de la enfermedad del pecado para que nuestra vida sea una imagen fiel de lo que anunciamos y creemos, sabiéndonos, también, necesitados de conversión y salvación.

domingo, 8 de junio de 2025

Ven Espíritu Santo

"Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas..."

La Solemnidad de Pentecostés es la culminación del Tiempo Pascual, aunque no siempre lo tenemos en cuenta, pero es una de las Solemnidades que deberían tener mayor importancia en nuestra vida cristiana. Pero no solamente en esa fecha únicamente, sino todos los días podemos vivir un Pentecostés pues necesitamos, todos los días, de los Dones del Espíritu Santo para poder ser Fieles a la Voluntad de Dios.
Antes de ascender a los Cielos es Jesús quien nos promete que nos enviará su Espíritu para que nos siga enseñando todo lo que Él no pudo, y, sobre todo, es el que nos santifica desde el día de nuestro bautismo. Pero no siempre nos acordamos de rezarle a Él, pues no lo tenemos tan presente en nuestra vida cotidiana.
La Secuencia de Pentecostés (es lo que he puesto como encabezado, pero son sólo unos pocos renglones) nos ayuda a pedir lo que necesitamos para seguir en el camino de la santidad, en el camino que Dios Padre quiere que recorramos y nadie mejor que Su Espíritu para que nos lo vaya indicando.
Es, además, la Solemnidad de Pentecostés el día en que recordamos que, libres de miedos, los Apóstoles abrieron de par en par las ventanas del lugar donde estaban para dejar salir al mundo entero la Buena Noticia de la Salvación: Jesús, el Hijo de Dios, se entregó a la muerte en Cruz y Resucitó para nuestra salvación, para salvarnos del pecado y darnos una Vida Nueva por la Gracia y el Espíritu.
Esa es la Buena Noticia que comienza a escucharse en todo el mundo desde aquel día, y desde ahí, hasta hoy no ha dejado nunca de predicarse y, sobre todo, de vivirse, a veces más intensamente, otras veces con menos intensidad, con más pecado o con menos pecado, pero siempre ha sido el Espíritu quien ha sostenido y seguirá sosteniendo la vida de aquellos que han sido llamados y ungido para anunciar.
Hoy, 21 siglos después, nos toca a nosotros, a cada uno de nosotros que hemos sido ungido con el Espíritu el día de nuestro bautismo, abrirnos a la Fuerza y al Fuego del Espíritu para que nos impulse con la misma fuerza y nos encienda con el mismo fuego que recibieron los Apóstoles para que anunciemos, con palabras y vida, la alegría de sabernos hijos de Dios y configurados con Cristo Jesús para llevar a todos la esperanza de la salvación.

sábado, 7 de junio de 2025

Tú sígueme

"Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y este, ¿qué?».
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
A Pedro, como al resto de los apóstoles, le intrigaba lo que pasaría con el discípulo amado de Jesús, por eso le pregunta sobre lo que le pasaría. Quizás suponiendo que tendría una misión más especial o concreta o vaya a saber qué cosas pasaban por la cabeza de Pedro en ese momento, pero seguro que eran preguntas que no correspondían ni al momento ni tampoco tenía necesidad de distraerse con esas cuestiones.
A veces nos fijamos más en lo que están viviendo otras personas que en lo que nos toca vivir a nosotros, perdemos tiempo en quejarnos o en criticar a los demás y no ponemos empeño en buscar la voluntad de Dios para nuestra vida.
Por eso la respuesta de Jesús a Pedro fue muy rápida y contundente: "si quiere que se quede hasta que voy venga ¿a ti qué?". Es decir que no te importe lo que yo le pida a tu hermano, no te ocupes en eso, ocúpate de lo que te estoy pidiendo a ti: "Tú sígueme".
En muchas ocasiones hacemos como cuando éramos niños: a mi hermano no le pides lo mismo que a mí, o ¿por qué no lo hace mi hermano también? Siempre nos estamos comparando o no, pero siempre estamos mirando con el rabillo del ojo lo que el otro está haciendo y de cómo le está yendo en la vida. Y, ya lo sabemos, la comparaciones son malas.
Claro está que siempre nos comparamos con los que están viviendo mejor que nosotros, pero nunca pedimos la cruz que llevan otros, el esfuerzo que hacen para alcanzar la santidad, o cómo viven la templanza, la fortaleza, la entrega en el servicio, la cercanía con los enfermos, etc. etc.
Por eso, lo mejor que nos enseña la respuesta de Jesús a Pedro es que nosotros debemos buscar cuál es la voluntad de Dios para mí e intentar no distraernos en otras cosas, porque al distraernos dejamos de hacer lo que debemos y nos perdemos de recibir las Gracias que el Señor tiene para darnos en ese momento: "Tú sígueme".

viernes, 6 de junio de 2025

De la vida de san Norberto

De la Vida de san Norberto, obispo

Norberto es contado, con toda razón, entre los que más eficazmente contribuyeron a la reforma gregoriana; él, en efecto, quiso antes que nada formar un clero entregado a una vida genuinamente evangélica y a la vez apostólica, casto y pobre, que aceptara «a la vez la vestidura y el ornato del hombre nuevo: lo primero en el hábito religioso, lo segundo en la dignidad de su sacerdocio», y que se preocupara de «seguir las enseñanzas de la sagrada Escritura y de tener a Cristo por guía». Acostumbraba recomendar a este clero tres cosas: «En el altar y en los divinos oficios, decoro; en el capítulo, enmienda de las desviaciones y negligencias; con respecto a los pobres, atenciones y hospitalidad».
A los sacerdotes, que en la comunidad hacían las veces de los apóstoles, les agregó tal multitud de fieles laicos y de mujeres, a imitación de la Iglesia primitiva, que muchos aseguraban que nadie, desde el tiempo de los apóstoles, había podido adquirir para Cristo, en tan breve espacio de tiempo y con la formación que él les daba, semejante cantidad de personas que procurasen seguir una vida de perfección.
Cuando lo nombraron arzobispo, encomendó a sus hermanos de religión la evangelización de los vendos; además, se esforzó en la reforma del clero de su diócesis, a pesar de la turbación y conmoción que esto causó en el pueblo.
Finalmente, su principal preocupación fue consolidar y aumentar la armonía entre la Santa Sede y el Imperio, guardando, sin embargo, intacta la libertad en cuanto a los nombramientos eclesiásticos, lo que le valió estas palabras que le escribió el papa Inocencio segundo: «La Santa Sede se felicita de todo corazón de tener un hijo tan devoto como tú»; el emperador, por su parte, lo nombró gran canciller del Imperio.
Todo esto lo hizo movido por la fuerza que le daba su fe: «En Norberto -decían- destaca la fe, como en Bernardo de Claraval la caridad»; también se distinguió por la amabilidad de su trato, «ya que, grande entre los grandes y exiguo entre los pequeños, con todos se mostraba afable»; asimismo era notable su elocuencia: «Palabra Dios llena de fuego, que quemaba los vicios, estimulaba las virtudes, enriquecía con su sabiduría a las almas bien dispuestas», ya que su valiente predicación era fruto de una meditación asidua y contemplativa de las cosas divinas.

jueves, 5 de junio de 2025

Vela por el rebaño

De las cartas San Bonifacio, obispo y mártir

La Iglesia, que es como una barca que navega por el mar de este mundo y que se ve sacudida por las diversas olas de las tentaciones, no ha de dejarse a la deriva, sino que debe ser gobernada.
En la primitiva Iglesia tenemos el ejemplo de Clemente y Cornelio y muchos otros en la ciudad de Roma, Cipriano en Cartago, Atanasio en Alejandría, los cuales, bajo el reinado de los emperadores paganos, gobernaban la nave de Cristo, su amada esposa, que es la Iglesia, con sus enseñanzas, con su protección, con sus trabajos y sufrimientos hasta derramar su sangre.
Al pensar en éstos y otros semejantes, me estremezco y me asalta el temor y el terror, me cubre el espanto por mis pecados, y de buena gana abandonaría el gobierno de la Iglesia que me ha sido confiado, si para ello encontrara apoyo en el ejemplo de los Padres o en la sagrada Escritura.
Mas, puesto que las cosas son así y la verdad puede ser impugnada, pero no vencida ni engañada, nuestra mente fatigada se refugia en aquellas palabras de Salomón: Confía en el Señor con toda el alma, no te fíes de tu propia inteligencia; en todos tus caminos piensa en él, y él allanará tus sendas. Y en otro lugar: El nombre del Señor es un torreón de fortaleza: a él se acoge el honrado, y es inaccesible. Mantengámonos en la justicia y preparemos nuestras almas para la prueba; sepamos aguantar hasta el tiempo que Dios quiera y digámosle: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tengamos confianza en él, que es quien nos ha impuesto esta carga. Lo que no podamos llevar por nosotros mismos, llevémoslo con la fuerza de aquel que es todopoderoso y que ha dicho: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Mantengámonos firmes en la lucha en el día del Señor, ya que han venido sobre nosotros días de angustias y aflicción. Muramos, si así lo quiere Dios, por las santas leyes de nuestros padres, para que merezcamos como ellos conseguir la herencia eterna.
No seamos perros mudos, no seamos centinelas silenciosos, no seamos mercenarios que huyen del lobo, sino pastores solícitos que vigilan sobre el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, a los hombres de toda condición y de toda edad, en la medida en que Dios nos dé fuerzas, a tiempo y a destiempo, tal como lo escribió san Gregorio en su libro de los pastores de la Iglesia.

miércoles, 4 de junio de 2025

Adherirnos a la Verdad

"Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular".
Si bien san Pablo hacía esta exhortación a los presbíteros de la iglesia de Éfeso, también vale para los presbíteros de cualquier lugar y tiempo, y, también, para todos los que nos llamamos cristianos y formamos comunidades cristianas, pues ninguno de nosotros está libre del pecado original.
Siempre hubo y habrá quienes se crean dueños de la verdad e impongan sus propias verdades dejando de lado la Verdad del Evangelio. ¿Cómo sabemos cuando sucede eso? Cuando no se esté viviendo según el modelo que Jesús quiere para nosotros:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros".
"Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo para que también ellos sean santificados en la verdad".
El pecado original nos hace creer que podemos transformar y renovar la Palabra de Dios y la Verdad del Evangelio de acuerdo a las verdades del mundo, para que así la gente pueda adherirse más a las comunidades cristianas, pero, en verdad lo que estamos haciendo es alejándonos de la Fuente de la Vida, de la Fuente de la Verdad, de la Fuente de la Salvación.
No hemos sido llamados para predicarnos a nosotros mismos, ni para hacernos nuestros propios pedestales para que el mundo nos admire, sino para dar a conocer el Camino que Jesús nos reveló con su vida, muerte y resurrección, pues es el único Camino que nos conduce a la Vida por medio de la Verdad.
"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo".
Por eso no debemos dejarnos llevar por las ideologías del mundo que nos hacen creer que la Verdad de Cristo no es verdad, sino que adhiriéndonos cada día más a Él podamos, con la fuerza del Espíritu Santo, seguir predicando la Verdad del Evangelio y no nuestra propia verdad.

martes, 3 de junio de 2025

La gloria de los mártires

De la homilía de san Pablo VI pronunciada en la canonización de los mártires de Uganda

Estos mártires africanos vienen a añadir a este catálogo de vencedores, que es el martirologio, una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua África, que nosotros, modernos hombres de poca fe, creíamos que no podrían tener jamás adecuada continuación.
¿Quién podría suponer, por ejemplo, que a las emocionantísimas historias de los mártires escilitanos, de los cartagineses, de los mártires de la «blanca multitud» de Útica, de quienes san Agustín y Prudencio nos han dejado el recuerdo, de los mártires de Egipto, cuyo elogio trazó san Juan Crisóstomo, de los mártires de la persecución de los vándalos, hubieran venido a añadirse nuevos episodios no menos heroicos, no menos espléndidos, en nuestros días?
¿Quién podía prever que, a las grandes figuras históricas de los santos mártires y confesores africanos, como Cipriano, Felicidad y Perpetua, y al gran Agustín, habríamos de asociar un día los nombres queridos de Carlos Luanga y de Matías Mulumba Kalemba, con sus veinte compañeros? Y no queremos olvidar tampoco a aquellos otros que, perteneciendo a la confesión anglicana, afrontaron la muerte por el nombre de Cristo.
Estos mártires africanos abren una nueva época, quiera Dios que no sea de persecuciones y de luchas religiosas, sino de regeneración cristiana y civil.
El África, bañada por la sangre de estos mártires, los primeros de la nueva era -y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto-, resurge libre y dueña de sí misma.
La tragedia que los devoró fue tan inaudita y expresiva, que ofrece elementos representativos suficientes para la formación moral de un pueblo nuevo, para la fundación de una nueva tradición espiritual, para simbolizar y promover el paso desde una civilización primitiva -no desprovista de magníficos valores humanos, pero contaminada y enferma, como esclava de sí misma- hacia una civilización abierta a las expresiones superiores del espíritu y a las formas superiores de la vida social.

lunes, 2 de junio de 2025

En el sufrimiento y la alegría

De la exhortación al martirio de Orígenes, presbítero

Si hemos pasado de la muerte a la vida, al pasar de la infidelidad a la fe, no nos extrañemos de que el mundo nos odie. Pues quien no ha pasado aún de la muerte a la vida, sino que permanece en la muerte, no puede amar a quienes salieron de las tinieblas y han entrado, por así decirlo, en esta mansión de la luz edificada con piedras vivas.
Jesús dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida, no digo por él, sino por nosotros mismos y, me atrevería a decirlo, por aquellos que van a sentirse alentados por nuestro martirio.
Nos ha llegado, oh cristiano, el tiempo de gloriarnos. Pues dice la Escritura: Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo; aceptemos, pues, con gran gozo los padecimientos de Cristo, y que se multipliquen en nosotros, si realmente apetecemos un abundante consuelo, como lo obtendrán todos aquellos que lloran. Pero este consuelo seguramente superará a los sufrimientos, ya que, si hubiera una exacta proporción, no estaría escrito: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, rebosa en proporción nuestro ánimo
Los que se hacen solidarios de Cristo en sus padecimientos participarán también, de acuerdo con su grado de participación, en sus consuelos. Tal es el pensamiento de Pablo, que afirma con toda confianza: Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.
Dice también Dios por el Profeta: En el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado. ¿Qué tiempo puede ofrecerse más aceptable que el momento en el que, por nuestra fe en Dios por Cristo, somos escoltados solemnemente al martirio, pero como triunfadores, no como vencidos?
Los mártires de Cristo, con su poder, derrotan a los principados y potestades y triunfan sobre ellos, para que, al ser solidarios de sus sufrimientos, tengan también parte en lo que él consiguió por medio de su fortaleza en los sufrimientos.
Por tanto, el día de salvación no es otro que aquél en que de este modo salís de este mundo.
Pero, os lo ruego: Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca deis a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente dad prueba de que sois ministros de Dios con lo mucho que pasáis, diciendo: Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza.