sábado, 12 de abril de 2025

Se acerca la Hora

Cuando las Bodas de Caná de Galilea, Jesús le dijo a María: "mujer, todavía no ha llegado mi Hora", y es ahora donde esa Hora comienza a llegar, y Jesús lo sabe. Él sabe cuando y cómo será su entrega al Padre, conoce los corazones y saben cómo actúan y por eso no se expone, sino que se "guarda" para esa Hora y no para ninguna otra. No deja nada al azar, sino que todo lo va haciendo de acuerdo a la Voluntad del Padre.
Por eso, ante la cercanía de la Hora, se aleja al desierto, al encuentro consigo mismo y con Su Padre, como tantas otras veces lo ha hecho. Necesita de ese encuentro para poder encontrar las fuerzas necesarias para afrontar la Hora que el Padre le había pedido vivir, y lo hace con generosidad y con Amor. Amor al Padre y amor a nosotros, que, en definitiva, es por quienes ha asumido el camino que el Padre le pidió: camino de obediencia hasta la muerte y muerte en Cruz.
"Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Aquellos que se creían los más sabios y religiosos fueron los instrumentos elegidos por el Padre para que su cumpliera el Plan de Salvación para todos los hombres. Ellos cegados por su apetito de poder y su soberbia no pudieron ver en Jesús al Enviado del Padre, sino que sólo veían a alguien que les quitaba poder, que le quitaba la gente que antes lo seguía a ellos ahora van detrás de Jesús. Y, aunque Él hiciera signos que hablaban de quién era, eso no importa.
Así, como dice el refrán: Dios escribe derecho con renglones torcidos:
"Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos".
La Hora había comenzado cuando ellos decidieron darle muerte a Jesús, y Jesús prepara su corazón para entregárselo al Padre y a nosotros. Busquemos, como Jesús, en estos días, el desierto de la oración para que podamos acompañarlo y vivir, junto a Él, esa entrega generosa que, también a nosotros, nos pide el Padre.

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