sábado, 28 de febrero de 2026

El desafío de vivir en fidelidad

"Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón".
Así dice el Señor en el Salmo de hoy: caminar en la ley del Señor, guardar sus preceptos, buscarlo de todo corazón para vivir en la dicha, para alcanzar la bienaventuranza, para lograr la felicidad que anhela el corazón del hombre. Pero no es la felicidad que nos da el mundo o la felicidad que nos hace creer el mundo, sino la verdadera felicidad que sólo nos puede dar Aquél que nos creó y que nos llamó a la vida y que nos dio la Vida por medio de la Cruz y la Resurrección.
Por eso, para alcanzar esa plenitud del ser, la plenitud de la vida del hombre, Jesús nos indica el camino a seguir:
«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos".
Es la perfección del amor, del amor más puro y más difícil de conseguir porque es el amor que más duele, el que más me cuesta vivir porque no es el que estoy acostumbrado a vivir, ni es el que el mundo quiere que viva y menos aún el Príncipe de este mundo.
Hoy por hoy, los cristianos, nos hemos acostumbrado a vivir lo mínimo del evangelio, a cumplir ciertos requisitos formales del ser cristiano, pero no llegamos a la esencia y a lo fundamental del Camino que recorrió Jesús primero y que nos pide vivir a nosotros sus seguidores. En realidad, creo, que nos conformamos con ser buenos cumplidores de ciertas cosas pero no nos arriesgamos a vivir por completo las exigencias del Evangelio. Nos conformamos con que "no mato ni robo", pero no llegamos a, como decía Madre Teresa: "amar hasta que duela", porque no nos gusta el dolor del amor, pero sí queremos disfrutar de los Bienes que nos da el Señor: su Amor, su Paz, su Consuelo, su Fortaleza, etc., y, sobre todo, exigirle milagros, pero no somos capaces de dar un Sí completo al Camino que nos pide recorrer.
Y Él sigue esperando que nos demos cuenta de todo lo que nos estamos perdiendo por no aceptar el desafío de vivir.

viernes, 27 de febrero de 2026

Verdadera conversión

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la “gehena” del fuego".
Muchos de nosotros, los cristianos, no llegamos a tomarle el peso a las Palabras de Jesús, y, sobre todo, a estas palabras que nos hablan del juicio y del peligro que corremos si no nos convertimos verdaderamente. Para muchos es suficiente con creer en la Misericordia Divina y por eso no se arrepienten ni piden perdón, y creen que porque Jesús es Bueno y Misericordioso todo lo perdona, y siguen leyendo el Evangelio como si no dijera nada o no tuviera consecuencias en mi vida espiritual lo que Jesús me manda a vivir, o, mejor dicho lo que Jesús nos advierte sobre nuestras malas acciones.
Y todo eso está respaldado por las Palabras que el Padre dio en la antigüedad al Pueblo de Israel:
"Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Por eso las lecturas nos ayudan, en este tiempo de cuaresma, a hacer un repaso no de la vida de los otros, sino de mi propia vida, de cómo he tratado a mis hermanos, y no sólo a los que más quiero, sino, sobre todo a los que menos quiero o a los que me han hecho daño, porque la exhortación del evangelio nos habla de que hagamos el bien a los que no queremos porque si hacemos sólo el bien a los que queremos ¿qué mérito tenemos? Eso lo hacen también los paganos.
Y, por otro lado, descubrir que sólo alcanzaremos la misericordia si tenemos misericordia porque la vara con que midamos a los demás se usará para medirnos a nosotros, por eso decimos en el Padre nuestro: perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Así, mirándonos bien y sin miedo de descubrir que no hemos sido tan buenos como nos creíamos podremos alcanzar la misericordia si, realmente, pedimos perdón a quién hemos ofendido o perdonamos a quien nos ha ofendido.
Tiempo de Cuaresma, tiempo de reconocer nuestras malas acciones y reconciliarnos con los hermanos, con Dios y con nosotros mismos.

jueves, 26 de febrero de 2026

Lo que hemos recibido

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti".
Siempre me llamó la atención y me gustó mucho esta oración de la reina Ester porque habla de confianza, y no de una confianza que ella pueda tener en su Dios, sino porque ha escuchado lo que sus antepasados decían.
A pesar de que muchas veces nos neguemos a creer o que, por alguna causa, nos hayamos alejado de Dios, siempre queda en nosotros lo que otros nos han transmitido, y, seguramente, lo que Dios ha dejado inscrito en nuestro corazón cuando nos creó.
Hay, en el hombre, una necesidad de lo absoluto, de lo trascendente, que para nosotros es Dios, pero para algunos tiene otro nombre. Pero cuando, como se dice habitualmente, "el agua nos llega al cuello" levantamos la mirada hacia lo eterno y buscamos la ayuda en el Cielo.
Es algo que, aunque no lo queramos reconocer, todos lo necesitamos en un momento u otro, por eso los que creemos y tenemos una confianza cierta en nuestro Padre Dios no tenemos que dejar de testimoniar su Amor, y nuestra Esperanza en Él, pues de alguna forma esas palabras, ese testimonio, aunque sea leve o pobre, quedará en el corazón de alguien que, más adelante, lo pueda necesitar.
No siempre tendremos las palabras justas, ni sabremos transmitir lo que vivimos, pero no hacen falta las palabras cuando se ama profundamente, porque el amor se nota en el aire y se ve en nuestra forma de vida. Profundizar en ese Amor, en esa relación con el Señor nos permitirá dejar que Él se manifiesta a través de nuestra vida sin que nosotros hagamos el esfuerzo de darlo a conocer, porque Él tiene caminos que nosotros no comprendemos y puede hablar hasta por las piedras del camino.
A nosotros nos pide que permanezcamos unidos en el Amor para que el Amor se manifieste a través de nuestra vida, aunque, como lo dice la reina Ester todos nos dejen solos y nos quedemos solos frente al León.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Jonás figura de Cristo

 San Pedro Crisólogo (s. V)

Toda la historia de Jonás es como una prefiguración perfecta del Salvador. Jonás descendió a Joppe para subirse a un barco con destino a Tarsis; el Señor descendió del cielo a la tierra, la divinidad hacia la humanidad, el sumo poder descendió hasta nuestra miseria, para embarcarse en el buque de su Iglesia.
Jonás mismo es quien toma la iniciativa de tirarse al mar: «Tómame, dice, échame al mar»; anuncia así la Pasión voluntaria del Señor. Cuando la salvación de una multitud depende de la muerte de uno sólo, esta muerte está en las manos de este hombre que puede libremente retrasarla o, al contrario adelantarla para evitar el peligro. Todo el misterio del Señor está prefigurado aquí. Para él la muerte no es una necesidad; depende de su libre elección. Escúchalo: «Tengo el poder de entregar mi vida, y tengo el poder de retenerla: no me la quitan» (Jn 10, 18).
He aquí, que sale de las profundidades del mar un monstruo, un gran pez se acerca que tiene que cumplir y manifestar la resurrección del Señor, o mejor dicho, engendrar este misterio. He aquí un monstruo, imagen terrorífica del infierno, que con sus fauces abiertas se lanza sobre el profeta, saborea y asimila el poder de su creador, y devorándolo come su propia incapacidad de engullir ya nunca más a nadie. La estancia en sus entrañas prepara la estancia del visitante de arriba: así, lo que había sido causa de desdicha se transforma en embarcación inconcebible de una travesía necesaria, guardando a su pasajero. Y después de tres días lo devuelve a la luz, para darlo a los paganos. Este es el signo, el único signo, que Cristo consintió dar a los escribas y en Fariseos (Mt 12, 39), con el fin de darles a entender que la gloria que ellos mismos esperaban de Cristo iba a volverse también hacia los paganos: Los Ninivitas son el símbolo de las naciones que creyeron en él ¡Qué felicidad para nosotros, hermanos! Lo que ha sido anunciado y prometido simbólicamente, es en realidad y con toda verdad, lo que veneramos, lo que vemos y poseemos.
Por la maldad de sus enemigos, Cristo fue sumergido en las profundidades del caos del infierno; durante tres días ha recorrido todos sus rincones (1 P 3, 19) . Y cuando resucitó manifestó la crueldad de sus enemigos, la propia grandeza y su triunfo sobre la muerte.
Será, pues, justo que los habitantes de Nínive se levantaran el día del juicio para condenar a esta generación, porque ellos se convirtieron por la proclamación de un solo profeta naufragado, extranjero, desconocido, mientras que la gente de esta generación, después de tantas obras admirables y prodigios, con todo el esplendor de la resurrección, no llegaron a acoger la fe ni se convirtieron. Han rechazado creer en el signo mismo de la resurrección.

martes, 24 de febrero de 2026

Ofendido y ofensor

"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
No sólo que a veces no sabemos perdonar, sino, también, que no sabemos pedir perdón, y, por otro lado, no sabemos tomar conciencia de que hemos ofendido. Muchos creen que sólo por decir la verdad no ofendemos, y, en muchos casos, diciendo la verdad ofendemos al hermano, porque lo que creemos que es verdad es nuestra verdad y no la verdad del otro. Y, en ese tema tenemos que ponernos a pensar y reflexionar, porque creemos que estamos actuando bien y no lo estamos haciendo.
También es cierto que, para muchos, es fácil decir "te perdono" o "perdoname", pero en el fondo del corazón no hay tal cuestión porque sigue la cosa dando vueltas y vueltas, y termina siendo un dolor que queda guardado y se va convirtiendo en rencor. O, simplemente, me quedo con que ya lo dije pero no hay una conversión sincera de haber reconocido la falta, de haber modificado mi conducta anterior.
Las ofensas tienen tantas caras y se manifiestan de tantas manera que no siempre lo tenemos en cuenta, porque, incluso, hasta el silencio es, muchas veces, una ofensa porque he dejado de hablarle, porque he dejado de escucharle, porque no he respondido a lo que me han dicho, etc.
Todo depende de cuánto amor hay en el corazón de cada uno, porque sólo por amor puedo perdonar a quien me ha ofendido, sólo por amor puedo no ofender a mi hermano, sólo por amor puedo antes de asegurar una verdad de ir a mi hermano y hablar con él sobre tal o cual cosa. Sólo por amor puedo en una conversación personal y privada consultar, preguntar, acompañar.
A veces, el temperamento, el genio, los impulsos, la situación del momento, etc., son excusas para decir lo primero que me sale de la boca y por eso mismo creo que está bien porque "siempre digo lo que pienso", pero quien te dice que lo que pienses está bien, o simplemente ¿lo has dicho por amor al otro? ¿lo has dicho de un modo que has herido a tu hermano?
Tengamos cuidado con nuestras formas, nuestros modos, nuestra lengua, y, sobre todo pidamos siempre la gracia para poder pedir perdón de corazón y saber perdonar de corazón, pues de ese mismo modo el Señor nos perdonará a nosotros.

lunes, 23 de febrero de 2026

Santidad en el Amor

El Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
"Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor".
Y Jesús nos lo repitió:
"Sed santos porque vuestro Padre celestial es santo".
Y ¿Cómo ser santos? ¿Cuál es el camino?
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
La medida de la santidad es el Amor, el amor que vivimos en el día a día, el amor que se hace parte de nuestra vida porque el Amor nos ha dado la vida. Pero no es el amor un trabajo que tenemos que dominar, sino que es una acción que nos tiene que salir casi naturalmente porque nuestro corazón está lleno de Su Amor y no del nuestro.
Nuestro amor es débil, está infectado por el pecado y la concupiscencia está en él y siempre está buscando algo que le aproveche y todo tiene que tener una ganancia o una devolución.
Por eso, Jesús, nos decía:
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
Éste es el Camino perfecto para un cristiano, y el más difícil si lo queremos hacer desde nuestras fuerzas, por eso necesitamos alimentarnos de Su Vida, que es Vida de Amor, para poder amar como Dios.

domingo, 22 de febrero de 2026

Respondiendo a las tentaciones

Ya sabemos que siempre estaremos tentados en muchos aspectos de nuestra vida y en todo momento del día, la tentación, se podría decir que forma parte de nuestra vida, de nuestro día a día. Por eso quería que nos pongamos a pensar no en las tentaciones sino en las respuestas que da Jesús a las tentaciones de satanás:
«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Es cierto que, literalmente, habla del alimento, del hambre natural y humano, pero Jesús le responde desde el alimento espiritual que, para muchos, no es tan necesario como el otro. Y el es alimento que, generalmente, dejamos de lado porque no tenemos tiempo, porque estamos cansados, porque esto, porque lo otro. Incluso los que deberíamos ser más conscientes de que necesitamos del alimento espiritual lo dejamos de lado por diferentes razones, pero ninguna justificada. La vida espiritual (la oración, la reflexión de la Palabra, la confesión, la Eucaristía) es esencial para nuestra vida cotidiana.
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Cuando dejamos de lado la vida espiritual lo que nos nace son las necesidades terrenales, y es ahí cuando comenzamos a tentar a Dios porque pretendemos que el Señor nos siga sosteniendo cuando nosotros no recurrimos a Él. O, mejor dicho, recurrimos a Él para exigirle cosas que nosotros no estamos dando ni viviendo. Sólo por el hecho de no "buscar" la Gracia por los caminos ordinarios estamos tentando a Dios para que nos fortalezca, nos de esperanza, alegría, etc., sin dar nosotros o hacer nada para poder alcanzar los frutos de la vida entregada a la Voluntad de Dios.
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Y aquí es donde tenemos que tener más cuidado, porque no es solamente estar sentado frente al Santísimo Sacramento, sino dejar que el Señor me hable, me cuestione, y me deje cuestionar y así poder convertirme en verdadero discípulo del Señor. Porque si sólo me quedo mirando y no dejo que el transforme mi corazón, entonces la adoración es sólo un acto más de nuestro fariseísmo pues nos sentamos para adorarlo pero en realidad vivimos según la voluntad del mundo.

sábado, 21 de febrero de 2026

Seré un fariseo más?

"Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Todos aquellos que se creían justos y que cuestionaban y criticaban a Jesús fueron los que se quedaron fuera del Reino, son los que se quedan fuera de Su Gracia y de su Espíritu. Porque ellos al no creer que no necesitan ser sanados, salvados o convertidos se pierden el gozo de recibir la Gracia de la Reconciliación y la fuerza del Espíritu. Pero, además, se pierden del gozo de estar en la Presencia del Señor, de recibir Su Palabra, Su Consuelo, Su Fortaleza.
A veces nos creemos tan sanos que obviamos los signos que nos va dando el cuerpo y dejamos pasar de ir a la consulta del médico porque "no nos pasa nada", sin embargo, han habido ciertos signos y sensaciones que nos hablan de que debemos ir y cuando vamos, muchas veces, ya es tarde.
Así también nos pasa con el espíritu nos creemos tan justos, tan santos que no necesitamos, no de Dios, sino de los hermanos, y por eso nos elevamos de nuestra condición y, como los fariseos, nos dedicamos a criticar y a juzgar a los demás porque no son tan buenos como nosotros.
Así nos dice el Señor por medio de Isaías:
«Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan".
Pero no siempre nos damos cuenta que estamos oprimiendo al débil, al hermano, que estamos acusando y calumniando al hermano y lo hacemos convencido que decimos la verdad porque me lo dijeron, porque lo escuché, por que... Y ¿Dios que te ha pedido con tu hermano? ¿Es de Dios lo que estás haciendo?
Este tiempo de silencio interior, de ayunos y abstinencias, de oraciones cuaresmales es el tiempo de descubrir que estoy haciendo lo mismo que los fariseos y por eso no estoy tan cerca del Señor como creía, sino que me he puesto en su lugar y debo encontrar el momento de descubrirme frente a Él y encontrar el gusto del arrepentimiento y el pedido de perdón.

viernes, 20 de febrero de 2026

Ayuno y abstinencia

Hoy, viernes de cuaresma, como es costumbre en la Iglesia vamos pensando en los ayunos y las abstinencias (de carne o alcohol) para hacer sacrificio y así preparar el corazón para la Semana Santa. Pero vemos que Dios nos dice:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo".
A veces nos conformamos con algunos ritos externos que nos hacen creer que lo estamos haciendo bien, y, en realidad, estamos sólo cumpliendo con un rito que, en el fondo, no modifica nuestra conducta frente a Dios ni con los hermanos.
Que el ayuno y la abstinencia son sacrificios verdaderos, pero tienen que llegar al corazón, hacer que nuestro corazón se arrepienta, verdaderamente, del pecado cometido, tanto de acción como de omisión. Porque sino sólo se queda un algo que hago pero que no tiene el efecto que el Señor quiere.
Por eso, nuestro Papa León nos decía en la carta que nos envió para esta Cuaresma:
"Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz".
Y no es esto o lo otro, sino que el ayuno y la abstinencia nos sirva para este ayuno profundo de liberarnos de lo que llevamos en el corazón y daña nuestra relación con Dios y con los hermanos.

jueves, 19 de febrero de 2026

Es mi elección

"Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla".
No era Moisés quien ponía delante del pueblo la vida y el bien, la muerte y el mal, sino que Dios hablaba por medio de Moisés. Por lo tanto es Dios quien le dice al Pueblo que elija, es Dios quien nos dice a nosotros que elijamos. Y elegir algo tiene su responsabilidad, tiene sus derechos y obligaciones, por eso mismo le dice Dios al Pueblo: si elije la vida y a Dios tendrá que seguir sus caminos, observar sus preceptos, etc.
Y lo mismo sucede con Jesús, pues no nos obliga a seguirlo sino que nos da la opción de seguirlo:
"Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Esta opción es para todos los hombres, varones y mujeres, que se han encontrado con Jesús, con su Palabra y sienten que Ese es el Camino que su corazón les pide recorrer. Y, por eso mismo, antes de mostrarles el Camino les advierte de las consecuencias de seguirlo:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
No sólo veamos el final sino que tenemos que discernir si queremos seguir todo el Camino no sólo la parte más linda del camino que es la Vida en la Gracia, sino que también hay otras consecuencias u obligaciones del Camino. Y, como Dios sabe cómo somos no ha dejado nada por decirnos para que sepamos de antemano qué es lo que habrá en el Camino para alcanzar la Verdadera Vida.
Es una opción y como toda opción hay que saber discernirla y optar, pero cada uno tiene que responder pues nadie puede responder por uno, sino que es mi respuesta libre y consciente al Plan de Dios sobre mí. ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo con todas las consecuencias?

miércoles, 18 de febrero de 2026

Convertíos de todo corazón

"Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo".
Comenzamos el hermoso tiempo de Cuaresma, tiempo de silencio, de reflexión, de penitencia, de conversión. Un tiempo en el que Dios nos invita a mirar hacia nuestro corazón con sinceridad y sin miedos.
Digo hermoso tiempo porque nos invita a reflexionar acerca de su Amor y Misericordia, porque en realidad es lo que el Padre quiere: mostrarnos su Amor y Misericordia para renovar nuestro espíritu y ayudarnos a caminar hacia la gloria de la Pascua, con un corazón puro y renovado que sea capaz de descubrir en las pequeñas cosas de cada día todo su Amor y ver los signos que nos va dando para alcanzar la santidad.
Ya con el profeta Joel nos exhorta a la conversión de todo corazón, pues sabe que, siempre, nuestro corazón se va llenando de residuos de maldad que va quedando de nuestro pecado, que, junto al pecado original, nos va quitando la luz de la esperanza, la fortaleza del amor y la alegría de la salvación.
Cuando no bajamos hasta el fondo de nuestro corazón no descubrimos todo lo que hay en él, pues día a día vamos dejando caer, inconscientemente, situaciones pecaminosas ya sea de pensamiento, obra y omisiones que vamos dejando pasar y que, muchas veces, no reconocemos porque vamos corriendo de un lado para otro sin profundizar en lo que hemos hecho, dicho u obrado o dejado de obrar.
Aunque nos creamos los mejores del mundo, los más rezadores, los que llevamos las mejores medallas colgadas en nuestro pecho, y que nos sabemos las Escrituras de adelante para atrás y de atrás para adelante, nada de eso nos libra de la espina del pecado que siempre está sembrando dolor en el corazón. Por eso, sin miedo y con sinceridad nos tenemos que preguntar si realmente estamos viviendo de acuerdo a la Voluntad de Dios, si verdaderamente estamos yendo por el Camino que nos ha marcado el Señor, o simplemente, como todos, vamos caminando por donde nos parece sin preguntar al Señor por dónde ir, y, sobre sin poder llegar a amar como Jesús nos amó, pues al fin de cuentas lo que Él nos pide es que analicemos nuestra vida en función del Amor que Él nos tiene y que nosotros debemos vivir con nuestros hermanos.

martes, 17 de febrero de 2026

Todavía no comprendéis?

"En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes".
Es muy interesante este Evangelio y la forma que tiene Jesús de hacerles ver a los discípulos que no siempre están atentos a sus palabras sino a sus propios pensamientos y discusiones. Asociaron la advertencia de Jesús al asunto de que se olvidaron de traer el pan, sin embargo lo de Jesús iba más allá de ese hecho, pues ese hecho no le interesaba ni estaba preocupado.
Y ¿qué es la levadura de los fariseos y de Herodes?
Al hacerme esta pregunta me acordé de alguna frase de las redes sociales que hay alguien decía que la vanidad y la soberbia son hinchazón del YO. Y a eso se refería Jesús, los fariseos y Herodes se consideraban los mejores del mundo unos porque eran estrictos cumplidores de la Ley, y el otro porque creía que tenía todo el poder del mundo.
Los fariseos eran muy cumplidores pero no llevaban a la vida lo que decían cumplir, sabían mucho pero poco hacían y se jactaban de hacer cumplir la Ley. Por eso mismo Jesús les llamó "raza de víboras y sepulcros blanqueados, muy blanquitos por dentro pero llenos de podredumbre". Porque no basta con decir que cumplo si no vivo, si no he entendido lo que quiere Dios de mí, y por eso me erijo en juez de los demás porque yo soy el mejor cumplidor.
Y el "poder" terrenal que tenía Herodes lo hacía presentarse como el que podía y quería manejar a todo el mundo y su ego se iba hinchando como el pan el agua, creyéndose el mejor de todos y por eso mandó en su momento a matar a los inocentes por miedo a que le quitaran el trono y el poder, creyéndose un dios.
Todo eso y, seguramente, más quería decir Jesús con esa frase, pero si nos quedamos en nuestros pobres pensamientos nunca vamos a entender nada de lo que Él nos está pidiendo. Y al final Jesús les dice: ¿todavía no comprendéis? También es para nosotros esa pregunta...

lunes, 16 de febrero de 2026

Las pruebas de la vida

Nos dice el apóstol Santiago:
"Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia. Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá".
Y ¿quién no tiene pruebas en estos tiempos? Si no nos prueba Dios para fortalecer nuestra fe, nos prueba el mundo para ver si somos capaces de sostenernos en nuestra o si somos tan débiles como para dejar de lado nuestra fe y vivir según el mundo. Pero, en todo caso, tenemos muchas pruebas en nuestras vidas.
A veces creemos que Dios nos pone a prueba para hacernos daño, que nos pide vivir tal o cual cosa porque nos hemos portado mal. Como decían antes: si te portas mal Dios te va a castigar. Pero no es verdad, hay momentos en la vida en que Dios permite que vivamos ciertas realidades, que asumamos ciertas cruces, pero, también, es cierto que hay otras situaciones que Dios quiere que vivamos pero no para ver si tenemos o no fe, sino para fortalecer nuestra fe, nuestra esperanza y caridad.
Es un ejercicio que nos lleva a ser cada día más fuerte y poder tener el espíritu siempre pronto para una respuesta sabia y acorde a la Voluntad de Dios. Así, Santiago nos dice que pidamos la sabiduría a Dios, pues es necesaria para poder discernir y entender lo que Dios quiere o lo que pide o lo que permite, para no caer en las respuestas mundanas de creernos castigados por la mano de Dios.
También necesitamos la sabiduría de Dios para saber cuándo tenemos que aceptar tal situación o no, porque, muchas veces, las cruces o las situaciones complicadas vienes porque no sabemos decir que no, o porque nos las inventamos o aceptamos hacernos cargo de situaciones que no son nuestras. Por eso, muchas veces, no tenemos la suficiente Gracia para llevar adelante tal situación porque no nos corresponde vivirla y sin embargo nos empeñamos en tal o cual cosa y no es para nosotros, o no nos corresponde a nosotros vivirla.

domingo, 15 de febrero de 2026

Es nuestra elección

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley".
Si bien estas Palabras las dijo Jesús hace más de 2000 años todavía hoy no las hemos retenido en nuestra memoria de cristianos. No las recordamos porque no queremos que sigan vigentes, no queremos que las exigencias del Evangelio sean las que regulen nuestra vida hoy en día. Y en realidad Jesús no quería regular nuestra vida, no quería exigirnos tal o cual cosa, pues Él sabe lo que el Padre nos ha dado: la libertad de elección, así lo dice el Señor en el Eclesiástico:
"Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad.
Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera".
Y lo mismo lo dice Jesús: "quien quiera seguirme..."
No hay una exigencia a seguirlo. No hay una exigencia de ser cristiano, creyente o católico. Es una elección libre, pero también tiene que ser consciente.
Libre porque Dios nos ha creado libre y ha puesto frente a nosotros los distintos camino a recorrer, y nos ha recordado qué es lo que hay al final de cada camino, y cada uno elige lo que más le guste.
Y debe ser consciente la elección para saber lo que implica recorrer cada camino y lo que me voy a encontrar al final de él, y los obstáculo que, también, tendré en ese recorrido.
Por eso, cuando Jesús nos invita a seguirlo nos dice: quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame. Y no deja, en su Palabra, de decirnos cómo va a ser el Camino que nos lleve a la Vida, y, sobre todo que no va a modificar la Ley de Dios, sino que la llevará a su plenitud por la Ley del Amor.

sábado, 14 de febrero de 2026

Acrecienta la Ilgesia

De la Vida eslava de Constantino Cirilo
 
Cargado de trabajos, Constantino Cirilo cayó enfermo; estuvo muchos días con fiebre y un día tuvo una visión de Dios y empezó a cantar así:
«Qué alegría cuando me dijeron: `Vamos a la casa del Señor´; se regocijan mi corazón y mi espíritu.»
Revestido de sus ornamentos, se pasó todo aquel día lleno de contento, diciendo:
«Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén.»
Al día siguiente se vistió con el santo hábito monástico y, como quien añade luz a la luz, se impuso el nombre de Cirilo. Permaneció con este hábito durante cincuenta días.
Llegada la hora de recibir el merecido descanso y emigrar a las moradas eternas, levantó las manos hacia Dios, diciendo entre sollozos:
«Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno.
Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado. Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»
Y, besando a todos con el ósculo santo, dijo:
«Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos.»
Y con esto se durmió en el Señor. Tenía cuarenta y dos años de edad.
El papa ordenó que todos los griegos residentes en Roma, así como los romanos, asistieran con cirios al funeral de aquel santo varón, y que lo hicieran como si del mismo papa se tratase

viernes, 13 de febrero de 2026

Se realiza un acto ceeador

 San Efrén, diácono (s. IV)


La fuerza divina que el hombre no puede tocar, bajó, se envolvió con un cuerpo palpable para que los pobres pudieran tocarle, y tocando la humanidad de Cristo, percibieran su divinidad. A través de unos dedos de carne, el sordomudo sintió que alguien tocaba sus orejas y su lengua. A través de unos dedos palpables percibió a la divinidad intocable una vez rota la atadura de su lengua y cuando las puertas cerradas de sus orejas se abrieron. Porque el arquitecto y artífice del cuerpo vino hasta él y, con una palabra suave, creó sin dolor unos orificios en sus orejas sordas; fue entonces cuando, también su boca cerrada, hasta entonces incapaz de hacer surgir una sola palabra, dio al mundo la alabanza a aquel que de esta manera hizo que su esterilidad diera fruto.También el Señor formó barro con su saliva y lo extendió sobre los ojos del ciego de nacimiento (Jn 9, 6) para hacernos comprender que le faltaba algo, igual que al sordomudo. Una imperfección congénita de nuestra pasta humana fue suprimida gracias a la levadura que viene de su cuerpo perfecto. Para acabar de dar a estos cuerpos humanos lo que les faltaba, dio alguna cosa de sí mismo, igual como él mismo se da en comida [en la eucaristía]. Es por este medio que hace desaparecer los defectos y resucita a los muertos a fin de que podamos reconocer que gracias a su cuerpo «en el que habita la plenitud de la divinidad» (Col 2, 9), los defectos de nuestra humanidad son suprimidos y la verdadera vida se da a los mortales por este cuerpo en el que habita la verdadera vida.

miércoles, 11 de febrero de 2026

De dónde viene la injusticia?

Benedicto XVI, Papa (s. XXI)

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7, 15. 20-21).
Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 51, 7).
Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3, 1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?
Para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?
Cristo es la justicia de Dios, puesto que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (cf. Rm 3, 21-25).
¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás.

martes, 10 de febrero de 2026

Por que amó más

San Gregorio Magno - De los libros de los Diálogos

Elástica, hermana de Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. El varón de Dios se encontraba con ella fuera de las puertas del convento, en las posesiones del monasterio. Cierto día vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.
Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo: «Te ruego que no me dejes esta noche y que sigamos hablando de las delicias del cielo hasta mañana.»
A lo que respondió Benito: «¿Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento.» Pero aquella santa, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.
Al levantar la cabeza, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni Benito ni los hermanos que le acompañaban pudieron salir de aquel lugar.
Comenzó entonces el varón de Dios a lamentarse y entristecerse, diciendo: «Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas de hacer?»
Respondió ella: «Te lo pedí, y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio.»
Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que quedarse allí. Así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.
No es de extrañar que al fin la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y, por esto, pudo más porque amó más.
A los tres días, Benito, mirando al cielo, vio cómo el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Él, congratulándose de su gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.
Así ocurrió que estas dos almas, siempre unidas en Dios, no vieron tampoco sus cuerpos separados ni siquiera en la sepultura.

lunes, 9 de febrero de 2026

Camino de perfección

Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia (s. XVI) • Camino de Perfección, c. 34.

 
Cuando Jesús estuvo en este mundo, el simple contacto con sus vestiduras curaba a los enfermos. ¿Por qué dudar, si tenemos fe, que todavía haga milagros en nuestro favor cuando está tan íntimamente unido a nosotros en la comunión eucarística? ¿Por qué no nos dará lo que le pedimos puesto que está en su propia casa? Su Majestad no suele pagar mal la hospitalidad que le damos en nuestra alma, si le es grata la acogida. ¿Sentís la tristeza de no contemplar a nuestro Señor con los ojos del cuerpo? Dígase que no es lo que le conviene actualmente. 
Pero tan pronto como nuestro Señor ve que un alma va a sacar provecho de su presencia, se le descubre. No lo verá, cierto, con los ojos del cuerpo, sino que se le manifestará con grandes sentimientos interiores o por muchos otros medios. Quedáos pues con él de buena gana. No perdáis una ocasión tan favorable para tratar vuestros intereses en la hora que sigue la comunión. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Ser sal y luz

No es una metáfora bonita o una simple comparación la que hace Jesús en este Evangelio, sino que Él nos habla de una realidad que hay en nosotros o que tiene que haber en nosotros, y no por que lo seamos de por sí, sino porque Él nos ha transformado con su Espíritu. Por eso al leer o escuchar lo que nos dice nos tenemos que poner en movimiento para poder alcanzar este Ideal, para poder descubrir en en qué no estamos siendo Fieles a lo que Él nos dice que tenemos que ser:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente".
La sal le da sabor a la comida, realza los sabores de las cosas por eso nos pide que seamos sal. Pero sal verdadera no esos sustitutos de sal que no son en realidad la sal del mar, sino que descubramos en la vida la mano del Padre para alegrarnos por lo que Él hace por nosotros, para alegrarnos por la Gracia de Dios en nuestras vidas, para alegrarnos por el maravilloso Don del Amor de Dios y de la entrega de Jesús en la Cruz por nosotros, y, sobre todo, por el Don del Espíritu Santo que se nos dio en el bautismo y que inhabita en nosotros para santificarnos y hacernos gustar de las maravillas de Dios.
Y así, no sólo le daremos a nuestras vidas y a la vida de los demás un saber especial y verdadero, sino que también nos llama a vivir de una determinada manera cuando nos dice:
"Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».
Ser Luz por la Gracia de Dios y por eso mismo no tener miedo de iluminar, no tener miedo de mostrarnos tal cual somos ante Dios y ante los hombres, pues nuestra iluminada y fortalecida y santificada por el Espíritu Santo tiene que ser el método indiscutible de vida en Dios. Sí, y Dios lo sabe, que vamos a tropezar y caer, pero siempre nos levantaremos y seguiremos intentando recorrer el camino de la santidad que es el que nos conduce hacia el Padre y le da el verdadero sentido a nuestra vida, y con la ayuda del Espíritu podremos ser aquello que Jesús nos llama a vivir, confiados en el Amor del Padre y la fuerza del Espíritu que vive en nosotros y, de manera especial, alimentados por el Cuerpo y la Sangre del Hijo que se nos entrega cada día

sábado, 7 de febrero de 2026

Lo urgente o lo esencial?

"Entonces le dijo Dios:
«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti
Te concedo también aquello que no has pedido, riquezas y gloria mayores que las de ningún otro rey mientras vivas».
Esta respuesta de Dios a Salomón, rey de Israel, hijo de David, es realmente fuerte, pues nos habla de lo que debemos pedir: no es lo que queremos sino lo que necesitamos, pues de lo demás se encarga Dios.
Salomón le pidió a Dios la sabiduría para discernir entre el bien y el mal pues era un rey joven y no sabría hacerlo, no le pidió ni oro ni dinero, sino lo que él vio que necesitaba como rey para guiar a su pueblo.
A veces, las "urgencias" sociales nos hacen pedir a Dios cosas que nos gustaría tener, pero pocas veces pedimos lo que necesitamos para ser fieles a su Voluntad. Y ese es el mejor camino para recorrer. Como nos dice Santiago en su carta:
"Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones".
O como le dice san Pablo a los romanos:
"Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
Así es, cuando en el silencio dejamos que el Espíritu Santo nos hable será Él quien nos enseñe a pedir, quien nos enseñe a descubrir qué es lo que necesitamos para poder ser Fieles a la Voluntad de Dios, en todo momento y ocasión. Por eso, la oración del cristiano tiene que ser una oración al Espíritu Santo que es quien sabe el camino y el sentido que el Padre quiere darle a nuestras vidas.
No dejemos que las urgencias del día a día o del mundo nos obliguen a olvidarnos de lo esencial.

viernes, 6 de febrero de 2026

Herodías y su hija

Hablemos de Herodías y de su hija:
"La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?».
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista».
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
¿Cuántas veces nos pasa que vamos a hablar con alguien, o a comentarle algo sobre alguien, o a pedir consejo y nos sucede que hacemos lo que la otra persona no quiere hacer por sí misma? En este caso Herodías quería vengarse de Juan el Bautista y lo hizo por medio de su hija.
Nosotros, muchas veces, nos hacemos eco de la maldad de otros sin ponernos a pensar si lo que estoy haciendo está bien, si lo que me han comentado es la verdad, y ¿tengo que aceptar lo que otros me dicen sin pensar ni reflexionar ni tan siquiera preguntarme qué es lo que quiere Dios que haga?
Pero, también, soy yo, muchas veces, quien "tiro de la lengua", quien lanza juicios y condenas para que otros se hagan cómplices de mi dolor o de mi venganza.
Y, lo peor, es que uno puede decir: "yo no lo te lo dije para que lo hicieras, yo no tengo la culpa que lo hayas hecho". Pues sí, tienes la culpa de haber puesto la cizaña o haber encendido la mecha para que esa situación explote.
Nosotros, los cristianos, tenemos que ser sembradores o instrumentos de paz, y no sembradores de cizaña o jueces que van dando sentencia para que otros la cumplan, ni tan siquiera somos los vengadores del mundo para ir dando golpes para salvar el mundo.
Por eso tenemos que recordar siempre las palabras de Jesús:
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas". Y si no entendemos esto pensemos: no hagas a los demás lo que no te gusta que hagan contigo.

jueves, 5 de febrero de 2026

Llamados y enviados

"En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos".
Hay tres palabras y conceptos claves en esta frase del envío de los 12: los llamó, los envió, y les dio autoridad. Digo que son claves porque son las que nos orientan en nuestra vida cristiana y de apóstoles (sabiendo que desde el bautismo todos somos apóstoles de Cristo, cada uno según su propio estilo de vida).
Primero tener mucha conciencia de que, como nos dijo Jesús, "no somos nosotros quienes lo elegimos sino que es Él quien nos elige y nos llama". Es que hay mucha diferencia cuando digo que soy yo quien elige o simplemente soy quien acepta seguir a alguien. ¿Por qué? Porque si soy yo quien elige entonces tengo derecho a exigir lo que sea, en cambio si soy quien acepta un camino me tengo que adecuar a seguir las normas de Quien ha marcado el camino. Por eso al aceptar ser cristiano acepto "las reglas" que tiene este estilo de vida, y no soy yo quien impone las reglas, sino que ya todo está escrito.
Por otro lado hay que tener en cuenta que al aceptar el llamado a ser cristiano, seguidor de Cristo, seré enviado primero a vivir la Voluntad del Padre, y segundo seré enviado a llevar el mensaje de la Salvación: "Id al mundo entero y anunciad el Evangelio", y, como dijo alguien "si es necesario hacedlo con palabras". Nuestra vida es el mensaje para los demás, pues mi vida es el Evangelio de Cristo. ¿Lo es?
Y por último sabiendo que para que pueda alcanzar esa meta que el Padre me propone no lo hago por mis propios medios, ni con mi propia fuerza, sino que para todo ello el Padre me capacitará con su Gracia (si me mantengo unido a Él por medio de la oración, la reflexión de la Palabra y los sacramentos) además de tener el Espíritu Santo que el Hijo me otorgó el día de mi bautismo.
Así, teniendo en cuenta estas "cositas" no me atreveré a querer cambiar las leyes del Evangelio, sino que, con la Gracia de Dios, podré aceptarlas para llevarlas a la vida y ser, así, luz para los demás.

miércoles, 4 de febrero de 2026

No es el hijo del carpintero?

"Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y se escandalizaban a cuenta de él".
Muchas veces hablamos de los prejuicios sobre los demás, como le pasó a los paisanos de Jesús que se preguntaban de dónde sacaba tanta sabiduría si era el hijo del carpintero (como dice en otro evangelio) Y así somos todos, o casi todos, porque no miramos el contenido y la verdad que dice tal o cual, sino que lo primero que analizamos es quién es y de dónde viene o cómo se viste o esto o lo otro, y si lo que dice nos cuestiona entonces descartamos sus palabras porque es tal o cual. Pero si lo que dice nos viene bien para criticar a otros entonces afirmamos sus palabras porque, en realidad, nos vienen bien para afirmarnos contra otras personas.
Pero, también, existen los prejuicios sobre uno mismo, porque las infravaloraciones que hacemos sobres nosotros mismos son fruto de nuestros propios prejuicios, o de lo que, a veces, otros nos hacen creer de nosotros mismos.
Imagínense que Jesús hubiese creído las palabras que la gente decía sobre él, si hubiese sido así no hubiese seguido predicando, se habría encerrado en su casa porque el hijo del carpintero y de familia humilde no puede hacer grande cosas. Sin embargo no hizo caso a las palabras de la gente sino que se dedicó a escuchar la Voz de Aquél que lo había llamado, de Su Padre del Cielo.
Y eso es lo que nos enseña este pasaje: no creer en lo que dicen de nosotros y no dejar que las palabras de la gente nos bajen la autoestima (ni tampoco la suban demasiado) sino que aprendamos a escuchar a nuestro Padre que nos conoce desde las entrañas maternas y Él sabe quienes somos y cuál es nuestra misión en este momento, en este lugar y en esta historia. Así podremos llegar a hacer el milagro de vivir de acuerdo a Su Voluntad y alcanzar la plenitud de nuestra vida. De este modo sabremos quienes somos y cuál es el sentido de nuestra vida para que todo lo que hagamos lo hagamos en función de la meta que el Padre quiere que alcancemos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Luz de las naciones

El 2 de febrero tiene varios nombres: el día de la Candelaria, día de la Presentación del Señor (el verdadero nombre), el día de la Luz, de la vida consagrada.
Empecemos por el primero: es el día en que celebramos la Presentación del niño Jesús en el Templo, pues como dice el Evangelio los padres tenían que consagrar a su primogénito en el Templo y cumplir el rito de la purificación de la madre, y la circuncisión del niño. Todo lo que, siendo fieles a la Ley, cumplen María y José. Podemos ver aquí lo fieles que son ellos a la Ley de Moisés, a lo que Dios les pide que hagan, no sólo lo hicieron en el principio de la Anunciación y el Nacimiento, sino que en todo momento y con todas las Leyes que había que cumplir.
El día de la Candelaria y de la Luz porque Simeón habla de Jesús como "luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel", por eso en este día se bendicen las velas (cirios o candelas) porque llevamos, también, esa luz a nuestras casas y nos reconocemos, como cristianos, como dijo Jesús "vosotros sois la luz del mundo".
De la vida consagrada en relación con la profetisa Ana que estaba consagrada al Templo y con vida comenzó a alabar a Dios y dar a conocer la noticia de la Venida del Salvador, pero también, porque la vida consagrada a imagen de María y José llevan en su corazón la Luz del Jesús a todo el mundo, con una entrega completa de sus vidas al Señor.
Y todo eso nos lleva a alegrarnos del día en que el Señor, una vez más se dio a conocer por medio de los más simples y sencillos, como Simeón y Ana que abiertos a la Voz del Espíritu pudieron descubrir en ese pequeño Niño al Dios que cumplía sus promesas y con alegría desbordante en el corazón fueron luz para iluminar la vida de todos los que estaban cerca, así también, nosotros, debemos iluminar con nuestra alegría de sabernos no sólo hijos de Dios, sino también profetas y anunciadores de la Gran Noticia de la Salvación.

domingo, 1 de febrero de 2026

Un camino diario

 "En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos".
El famoso "Sermón de la montaña" tan conocido y tan escuchado pero, me parece, no tan meditado por nosotros. Digo no tan meditado porque nos cuesta entender que Jesús haya dicho estas cosas y no porque no nos resulte simpática y hasta atrayente el Sermón, sino porque hay bienaventuranzas que no nos gustan demasiado porque ninguno quiere vivirlas, no a todas, sino casi todas.
Hoy la liturgia une este Sermón a la profecía de Sofonías, es decir a la Palabra que Dios dirige al Pueblo de Israel por medio del profeta Sofonias y le dice:
"Buscad al Señor, los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor".
Es lo que Jesús nos pide, también, en las bienaventuranzas: la humildad, la verdad, la justicia, el derecho.
Comenzar las bienaventuranzas con la mención a la pobreza de espíritu es un camino que nos lleva a pensarnos diariamente. Sí, a pensarnos diariamente porque la humildad no es algo que nos nazca espontáneamente, sino que es una virtud que tenemos que trabajar todos los días. No es que no seamos humildes, sino que el pecado original que vive en nosotros nos lleva siempre por el camino del egoísmo, de la vanidad, de la soberbia y de eso es de lo que tenemos que alejarnos y convertirnos.
Es esa la espina del pecado que, muchas veces, nos impide ver y aceptar la Voluntad de Dios porque yo ya hice mis planes, porque yo ya programé tal cosas, porque mi vida, porque mi libertad, porque mis anhelos, porque esto porque lo otro... y ahí descubro que no soy pobre ante Dios, que no soy pobre de espíritu.
La pobreza de espíritu no es decir que no soy nada, porque eso es muy fácil, sino saber que todo lo que poseo, menos el pecado, todo es del Padre que me lo ha dado. Por eso soy pobre porque nada es mío sino que me ha sido dado y, más aún, como dice san Pablo, todo me lo ha sido dado y a ¡qué precio! Así reconociendo mi pequeñez podré aceptar los caminos que me propone mi Padre y vivir en la Bienaventuranza de sentirme conducido por la Mano de Aquél que me formó en el vientre de mi madre y que me pensó desde antes de la creación del mundo para ser santo e irreprochable ante Él por el amor.