viernes, 6 de mayo de 2022
Elige el Señor
jueves, 5 de mayo de 2022
La Eucaristía, prenda de resurrección
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
Si no fuese verdad que nuestra carne es salvada, tampoco lo
sería que el Señor nos redimió con su sangre, ni que el cáliz eucarístico es
comunión de su sangre y el pan que partimos es comunión de su cuerpo. La sangre,
en efecto, procede de las venas y de la carne y de todo lo demás que pertenece a
la condición real del hombre, condición que el Verbo de Dios asumió en toda su
realidad para redimirnos con su sangre, como afirma el Apóstol: Por este
Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Y, porque somos sus miembros, nos sirven de alimento los
bienes de la creación; pero él, que es quien nos da estos bienes creados,
haciendo salir el sol y haciendo llover según le place, afirmó que aquel cáliz,
fruto de la creación, era su sangre, con la cual da nuevo vigor a nuestra
sangre, y aseveró que aquel pan, fruto también de la creación, era su cuerpo,
con el cual da vigor a nuestro cuerpo.
Por tanto, si el cáliz y el pan, cuando sobre ellos se
pronuncian las palabras sacramentales, se convierten en la sangre y el cuerpo
eucarísticos del Señor, con los cuales nuestra parte corporal recibe un nuevo
incremento y consistencia, ¿cómo podrá negarse que la carne es capaz de recibir
el don de Dios, que es la vida eterna, si es alimentada con la sangre y el
cuerpo de Cristo, del cual es miembro?
Cuando el Apóstol dice en su carta a los Efesios: Porque
somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos, no se refiere a
alguna clase de hombre espiritual e invisible -ya que un espíritu no tiene
carne ni huesos-, sino al hombre tal cual es en su realidad concreta, que
consta de carne, nervios y huesos, que es alimentado con el cáliz de la sangre
de Cristo. y que recibe vigor de aquel pan que es el cuerpo de Cristo.
Y del mismo modo que la rama de la vid plantada en tierra da
fruto a su tiempo, y el grano de trigo caído en tierra y disuelto sale después
multiplicado por el Espíritu de Dios que todo lo abarca y lo mantiene unido, y
luego el hombre, con su habilidad, los transforma para su uso, Y al recibir las
palabras consecratorias se convierten en el alimento eucarístico del cuerpo y
sangre de Cristo; del mismo modo nuestros cuerpos, alimentados con la eucaristía,
después de ser sepultados y disueltos bajo tierra, resucitarán a su tiempo, por
la resurrección que les otorgará aquel que es el Verbo de Dios, para gloria de
Dios Padre, que rodea de inmortalidad a este cuerpo mortal y da gratuitamente
la incorrupción a este cuerpo corruptible, ya que la fuerza de Dios se muestra
perfecta en la debilidad.
martes, 3 de mayo de 2022
El poder de la predicación
Del Tratado de Tertuliano, presbítero, Sobre la prescripción de los herejes
Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo
quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que
él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea
conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el
pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había
elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como
maestros de las naciones.
Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba
para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que
fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los apóstoles -palabra que significa «enviados»-, después de
haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar
así el número de doctores (apoyados para esto en la autoridad de una profecía
contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del
Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el
Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron
allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la
misma doctrina y la misma fe.
De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada
población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser
verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el
retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias
son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias
apostólicas.
Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen.
Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia
fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido
son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una
sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así
como su mutua fraternidad y hospitalidad, Todo lo cual no tiene otra razón de
ser que su unidad en una misma tradición apostólica.
El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los
apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las
Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva
voz y, más tarde, por carta.
El Señor había dicho en cierta ocasión: Tendría aún muchas
cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas; pero
añadió a continuación: Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la
verdad completa; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya
que les prometía que el Espíritu de verdad les daría el conocimiento de la
verdad completa. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los
apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.
lunes, 2 de mayo de 2022
El mercadillo del pueblo
domingo, 1 de mayo de 2022
Siempre llama
sábado, 30 de abril de 2022
Por María nos llega la Bendición
De las Disertaciones de san Sofronio, obispo
Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede
haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más
excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede
imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las
maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú
posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza
de una excelencia claramente inferior.
El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir
contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento
inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por
esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de
cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de
gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres,
sino también a los mismos coros celestiales.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que
yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos
de la antigua maldición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a
aquel que les obtendrá la salvación divina.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición
sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir
espinas y abrojos.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en
verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda
verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que
realmente das a luz a Dios.
Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora
en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y
comunicando a todos la luz divina.
Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha
puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual
gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en
todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto
confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.
viernes, 29 de abril de 2022
Por los frutos...