sábado, 14 de octubre de 2023

Feliz de tí por haber creído

«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Seguramente para María ha sido algo muy hermoso poder ser madre, pues es un sentimiento que todas las mujeres lo tienen. Pero en Ella no sólo se unía el sentir la maternidad como un momento de plenitud, sino que también, y sobre todo, se unía con el saber que en Ella se cumplía la Promesa de Dios de darle al Pueblo el Salvador Prometido, el Mesías, el Señor.
Una Promesa que el Pueblo Elegido esperaba que se cumpliera durante siglos, y en Ella, la pequeña María comenzó a cumplirse cuando en Nazaret le dio el Sí al Señor. Así también se lo dijo Isabel en aquél saludo tan hermoso y lleno del Espíritu: ¡Feliz de tí porque lo que te ha dicho de parte del Señor se cumplirá!
Todo eso, seguramente, que lo tenía Jesús en su corazón. Conocía la felicidad de María, de Su Madre, por el don de la Vida de Su Hijo, pero también, porque la Gracia del Señor seguía en Ella porque era Fiel al Sí que dio aquél día, y no sólo se quedó con que fue un día, sino que, cada día, desde la Anunciación Ella fue Fiel a la Voluntad de Dios, pues no sólo concibió en su seno al Hijo de Dios, sino que la Palabra de Dios se hizo vida en Ella, gracias a su perseverancia y fidelidad a Dios.
También, Jesús ha podido ver en José y María cómo vivieron esa fidelidad a Dios, como en ellos, también como en Él, se daba aquello de "mi alimento es hacer la Voluntad de Dios", por eso sabía que no era cuestión de título: ser la Madre de Jesús, sino que era una cuestión de vida, de fidelidad al Amor de Dios por ellos y por los Hombres, pues la misión que le fue encomendada iba más allá de sus posibilidades.
Así, hoy, nos lo dice a nosotros: sed Fieles al Sí dado al Señor, mirad a mi Madre que Ella, en todo momento, sea agradable o no, sea en la Luz o en la oscuridad, en la alegría o el dolor, siempre se mantuvo Fiel a la Voluntad de Dios, no sólo tuvo el título de Madre de Jesús, sino que hizo vida la Palabra de Dios, y así fue bienaventurada aquí en la tierra y coronada en el Cielo.

viernes, 13 de octubre de 2023

No dejarnos vencer

"El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama".
En el medio del relato del Evangelio está esta frase que, al parecer, quiere pasar desapercibida, y, quizás, para nosotros, sería mejor que pasase desapercibida pues nos exige más de lo que, a veces, queremos dar.
No hay términos medios en la vida cristiana. Aunque, la más de las veces, vivimos mediocremente y ¡así nos va! No hay término medio porque Él no vivió su vida mediocremente, y a lo que nos ha invitado no es a seguirlo como un perrito a su dueño, sino que nos ha invitado a ser sus discípulos, a llevar una vida como la llevó Él. Por eso, desde el principio nos lo advirtió, y, en muchos. momentos del evangelio tenemos la misma advertencia.
¿Por qué no quiere que vivamos mediocremente nuestra vida cristiana? Porque estamos luchando contra el enemigo de Dios, porque estamos en una batalla contra el enemigo del Hombre, contra aquél que quiere impedir que alcancemos la plenitud de nuestra vida y llevemos a cabo el Plan de Dios, para nosotros y para toda la Humanidad.
Y, a las batallas no van los peores o los más débiles, sino los más fuertes y decididos, pues hay que saber combatir y tener la fuerza necesaria para hacerlo en muchas batallas, pues el enemigo no se cansa de combatir contra Dios y contra los que quieren vivir como sus hijos.
"Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice:
“Volveré a mi casa de donde salí”.
Al volver se la encuentra barrida y arreglada.
Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí.
Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio".
Tener nuestra alma bien limpia y dispuesta, y, sobre todo, fortalecida con los Dones del Espíritu para que cuando llegue el momento sepamos cómo responder y como defendernos de esos ataques, para que no caer en sus redes, sino que, a pesar de las tentaciones que ponga en el camino, poder mirar hacia la Cruz y tener la fuerza de decir: Señor que se haga Tu Voluntad y no la mía, pues esa es la fórmula con la que el Señor triunfó ante el dolor de la Cruz.

jueves, 12 de octubre de 2023

Elogio a la virgen del Pilar

 Elogio de la Virgen del Pilar 


Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María, a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a la Virgen y a venerar su Pilar.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la veneran también como patrona.

Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica en Zaragoza es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.

Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Convertíos en nuevas criaturas

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Tralianos

Revestíos de mansedumbre y convertíos en creaturas nuevas por medio de la fe, que es como la carne del Señor, y por medio de la caridad, que es como su sangre. Que ninguno de vosotros tenga nada contra su hermano. No deis pretexto con ello a los paganos, no sea que, ante la conducta insensata de algunos de vosotros, los gentiles blasfemen de la comunidad que ha sido congregada por el mismo Dios, porque ¡ay de aquel por cuya ligereza ultrajan mi nombre!
Tapaos, pues, los oídos cuando oigáis hablar de cualquier cosa que no tenga como fundamento a Cristo Jesús, descendiente del linaje de David, hijo de María, que nació verdaderamente, que comió y bebió como hombre, que fue perseguido verdaderamente bajo Poncio Pilato y verdaderamente también fue crucificado y murió, en presencia de los moradores del cielo, de la tierra y del abismo y que resucitó verdaderamente de entre los muertos por el poder del Padre. Este mismo Dios Padre nos resucitará también a nosotros, que amamos a Jesucristo, a semejanza del mismo Jesucristo, sin el cual no tenemos la vida verdadera.
Huid de los malos retoños: llevan un fruto mortífero y si alguien gusta de él muere al momento. Estos retoños no son plantación del Padre. Si lo fueran aparecerían como ramas de la cruz y su fruto sería incorruptible; por esta cruz Cristo os invita, como miembros suyos que sois, a participar en su pasión. La cabeza, en efecto, no puede nacer separada de los miembros, y Dios, que es la unidad, promete darnos parte en su misma unidad.
Os saludo desde Esmirna, juntamente con las Iglesias de Asia, que están aquí conmigo y que me han confortado, tanto en la carne como en el espíritu. Mis cadenas, que llevo por doquier a causa de Cristo mientras no ceso de orar para ser digno de Dios, ellas mismas os exhortan: perseverad en la concordia y en la oración de unos por otros. Conviene que cada uno de vosotros, y en particular los presbíteros, reconfortéis al obispo, honrando así a Dios Padre, a Jesucristo y a los apóstoles.
Deseo que escuchéis con amor mis palabras, no sea que esta carta se convierta en testimonio contra vosotros. No dejéis de orar por mí, pues necesito de vuestro amor ante la misericordia de Dios para ser digno de alcanzar aquella herencia a la que ya me acerco, no sea caso que me consideren indigno de ella.
Os saluda la caridad de los esmirniotas y de los efesios. Acordaos en vuestras oraciones de la Iglesia de Siria, de la que no soy digno de llamarme miembro, porque soy el último de toda la comunidad. Os doy mi adiós en Jesucristo a todos vosotros, los que estáis sumisos a vuestro obispo, según el querer de Dios; someteos también, de manera semejante, al colegio de los presbíteros. Y amaos todos, unos a otros, con un corazón unánime.
Mi espíritu se ofrece como víctima por todos vosotros, y no sólo ahora, sino que se ofrecerá también cuando llegue a la presencia de Dios. Aún estoy expuesto al peligro, pero el Padre es fiel y cumplirá, en Cristo Jesús, mi deseo y el vuestro. Deseo que también vosotros seáis hallados en él sin defecto ni pecado.

martes, 10 de octubre de 2023

Una cosa es necesaria

"Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
¿Cuántas veces hemos escuchado esta parte del Evangelio? ¿Cuántas veces nos lo habrán dicho? ¿Cuántas veces hemos pensado en él? Pero... seguimos cayendo en la misma trampa del actuar, de hacer muchas cosas, y de no dejarnos tiempo para el Señor. Seguro que nos lo proponemos para esta semana que comienza... como las dietas: el lunes comienzo, pero el lunes pasa y, quizás, un día sí, otro también, pero al tercero...
Y nos seguimos metiendo dentro del ritmo acelerado del mundo y vamos dejando lo necesario para después, porque "ahora estoy bien" y "sé lo que tengo que hacer".
Nos sentimos tan autosuficientes para hacer lo que sabemos que tenemos que hacer que ya no nos interesa, demasiado, ponernos en manos de Dios. O sí, creemos que nos ponemos en manos de Dios, pero, en realidad, sólo estamos en nuestras manos y con nuestras fuerzas. ¿Por qué? Porque creemos que con hacer bien las cosas está bien. Y, sí, está bien hacer bien las cosas, pero a nosotros, los que nos llamamos y somos cristianos, no nos basta con hacer bien las cosas, sino que tenemos que buscar la Voluntad de Dios para que las cosas no sólo sean buenas, sino que ayuden a la Salvación de los hombres y, por ende, a mi conversión y santidad.
Por eso necesitamos ponernos, todos los días, sí, todos los días a los pies del Señor. Claro que, según nuestro propio estilo de vida, para algunos serán 15 minutos, para otros media hora, y otros tendrán todo un día para estar en oración. No le puedes pedir a un padre o madre de familia que esté dos o tres horas en oración, por que tendrán sus trabajos sus actividades. Pero sí se le puede pedir que hagan oración para estar con el Señor, para recibir de Él su Gracia y buscar su Voluntad para ese día.
Que también se pueden tener diferentes pequeños momentos de oración en la vida cotidiana, porque son "pequeños oasis" donde recargo las pilas, donde encuentro paz, sosiego, alimento para ese día o ese momento en el que me gustaría estrangular a alguien... o simplemente un descanso para aclarar ideas, para preguntarle al Padre si está bien así o no.
Cuando te acostumbras a esos momentos de paz siempre los buscarás, y harás lo necesario para tenerlos, porque comprendes que no es perder el tiempo sino que es ganar tiempo y, sobre todo, ganar Gracia para seguir avanzando.
Por eso, no sólo te acuerdes de las palabras de Jesús, sino ponlas en práctica para que busques siempre lo necesario y no te dejes "comer" por el activismo de la vida diaria.

lunes, 9 de octubre de 2023

Orar por la Iglesia

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre Caín y Abel.

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo. Alabar a Dios es lo mismo que hacer votos y cumplirlos. Por eso se nos dio a todos como modelo aquel samaritano que, al verse curado de la lepra juntamente con los otros nueve leprosos que obedecieron la palabra del Señor, volvió de nuevo al encuentro de Cristo y fue el único que glorificó a Dios, dándole gracias. De él dijo Jesús: No ha vuelto ninguno a dar gloria a Dios, sino este extranjero. Levántate —le dijo— y vete; tu fe te ha salvado.
Con esto el Señor Jesús en su enseñanza divina te mostró, por una parte, la bondad de Dios Padre y, por otra, te insinuó la conveniencia de orar con intensidad y frecuencia: te mostró la bondad del Padre haciéndote ver cómo se complace en darnos sus bienes para que con ello aprendas a pedir bienes al que es el mismo bien; te mostró la conveniencia de orar con intensidad y frecuencia no para que tú repitas sin cesar y mecánicamente fórmulas de oración, sino para que adquieras el espíritu de orar asiduamente. Porque con frecuencia las largas oraciones van acompañadas de vanagloria y la oración continuamente interrumpida tiene como compañera la desidia.
Luego te amonesta también el Señor a que pongas el máximo interés en perdonar a los demás cuando tú pides perdón de tus propias culpas; con ello tu oración se hace recomendable por tus obras. El Apóstol afirma, además, que se ha de orar alejando primero las controversias y la ira, para que así la oración se vea acompañada de la paz del espíritu y no se entremezcle con sentimientos ajenos a la plegaria. Además, también se nos enseña que conviene orar en todas partes: así lo afirma el Salvador cuando dice, hablando de la oración: Entra en tu aposento.
Pero, entiéndelo bien, no se trata de un aposento rodeado de paredes, en el cual tu cuerpo se encuentra como encerrado, sino más bien de aquella habitación que hay en tu mismo interior, en la cual habitan tus pensamientos y moran tus deseos. Este aposento para la oración va contigo a todas partes, y en todo lugar donde te encuentres continúa siendo un lugar secreto, cuyo solo y único árbitro es Dios.
Se te dice también que has de orar especialmente por el pueblo de Dios, es decir, por todo el cuerpo, por todos los miembros de tu madre la Iglesia, que viene a ser como un sacramento del amor mutuo. Si sólo ruegas por ti, también tú serás el único que suplica por ti. Y si todos ruegan solamente por sí mismos, la gracia que obtendrá el pecador será, sin duda, menor que la que obtendría del conjunto de los que interceden si éstos fueran muchos. Pero, si todos ruegan por todos, habrá que decir también que todos ruegan por cada uno.
Concluyamos, por tanto, diciendo que, si oras solamente por ti, serás, como ya hemos dicho, el único intercesor en favor tuyo. En cambio, si tú oras por todos, también la oración de todos te aprovechará a ti, pues tú formas también parte del todo. De esta manera obtendrás una gran recompensa, pues la oración de cada miembro del pueblo se enriquecerá con la oración de todos los demás miembros. En lo cual no existe ninguna arrogancia, sino una mayor humildad y un fruto más abundante.

domingo, 8 de octubre de 2023

Cuál hubiera sido tu piedra angular?

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Seguramente, si miramos bien en nuestra vida, hemos desechado muchas piedras angulares, no sólo a Dios, si no, quizás, a muchas personas que por X o Z las hemos dejado de lado y hemos descubierto, después, que las necesitábamos para crecer, para madurar.
Cuando nos dejamos llevar por prejuicios o por el qué dirán o por el me dijeron… entonces podemos llegar a cometer muchos errores en las elecciones fundamentales para nuestra vida. Sobre todo, teniendo en cuenta que nuestra vida, nuestra historia, se va haciendo con pequeñas decisiones que voy tomando cada día.
Dios nos ha creado y nos ha llamado a la vida con un fin determinado, que, cuando lo descubro, es lo que le da sentido a mi vida. Y ese sentido, vocación o profesión, lo voy desarrollando o me va motivando para que, cada día, toma una decisión particular en favor de una decisión fundamental.
Cuando Jesús les dice a los judíos que han desechado la piedra angular, es porque no lo han reconocido como el Mesías esperado, sobre el que se basaba toda su fe, toda la Ley y los Profetas. Al desecharlo como el Mesías todo se derrumba y ya no hay esperanza, o, mejor dicho, la esperanza la deben volver a poner en las profecías que, para algunos, se cumplían en Jesús, pero para otros aún no se han cumplido.
Por eso, cuando miramos a Jesús, cuando leemos Su Palabra, cuando nos encontramos con Él en la oración, estamos manteniendo la Piedra Angular de nuestra fe, de nuestra vida, porque sobre Él se asienta nuestra esperanza, Él es nuestra Salvación, nuestra Vida, nuestro Camino, nuestra Verdad. Así que, cuando nos dejamos llevar por nuestros propios instintos y principios y dejamos fuera a Cristo, es cuando se nos viene encima todo lo que creemos y dejamos de creer y tener esperanzas, porque donde se sostenía nuestra vida cristiana ya no existe, porque he dejado de tener a Cristo como centro y he puesto mi yo u otra persona en su lugar.
No nos dejemos llevar por historias mundanas o ideologías mundanas que nos hacen creer que nuestra fe en Cristo es falsa, sino que volvamos a renovar, día a día, nuestra relación con Él para que sea Él quien nos ayude a seguir cimentando nuestra vida en Su Palabra, en Su Vida, en Su Amor por cada uno de nosotros, por mí y por ti.