viernes, 7 de enero de 2022

Nació y no quiso ser ignorado

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

    Aunque en el misterio mismo de la encarnación del Señor no faltaron claros indicios de su divinidad, la solemnidad que hoy celebramos nos descubre y revela de diversas maneras que Dios tomó naturaleza humana, para que nuestra condición mortal, siempre envuelta por las tinieblas de la ignorancia, no pierda por ignorancia lo que ha alcanzado tener y poseer sólo por gracia.
    Pues aquel que quiso nacer para nosotros no quiso ser ignorado por nosotros, y por eso se nos revela, para que este gran misterio de amor no se convierta en ocasión de gran error.
    Hoy los magos encuentran llorando en la cuna al que buscaban resplandeciente en las estrellas. Hoy los magos contemplan claramente entre pañales al que larga y resignadamente buscaban en los astros, en la oscuridad de las señales.
    Hoy los magos revuelven en su mente con profundo estupor lo que allí han visto: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, Dios en el hombre, y a aquel a quien no puede contener el universo encerrado en un pequeño cuerpecillo. Y, al verlo, lo aceptan sin discusión, como lo demuestran sus dones simbólicos: el incienso, con el que profesan su divinidad; el oro, expresión de la fe en su realeza; la mirra, como signo de su condición mortal.
    Así los gentiles, que eran los últimos, llegan a ser los primeros, ya que la fe de los magos inaugura la creencia de toda la gentilidad.
    Hoy entra Cristo en las aguas del Jordán, para lavar los pecados del mundo: así lo atestigua Juan con aquellas palabras: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Hoy el siervo prevalece sobre el Señor, el hombre sobre Dios, Juan sobre Cristo; pero prevalece en vista a obtener el perdón, no a darlo.
    Hoy, como dice el salmista, la voz del Señor sobre las aguas. ¿Qué voz? Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.
    Hoy el Espíritu Santo se cierne sobre las aguas en forma de paloma, para que así como aquella otra paloma anunció a Noé que el diluvio había cesado en el mundo, así ahora ésta fuera el indicio por el que los hombres conocieran que había terminado el naufragio del mundo; y no lleva, como aquélla, una pequeña rama del viejo olivo, sino que derrama sobre la cabeza del nuevo progenitor la plenitud del crisma, para que se cumpla lo profetizado en el salmo: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
    Hoy Cristo comienza la serie de sus signos celestiales al convertir el agua en vino. Más tarde, el agua se convertirá en el sacramento de su sangre, con lo que Cristo dará, a los que beban del vaso de su cuerpo, la auténtica bebida, dando así cumplimiento a las palabras del salmista: Y mi copa rebosa.

jueves, 6 de enero de 2022

El Señor da a conocer su Salvación

De los Sermones de san León Magno, papa

    La providencia misericordiosa de Dios, cuando dispuso socorrer en la plenitud de los tiempos al mundo que perecía, determinó salvar a todos los hombres en Cristo.
    Ellos forman la incontable descendencia prometida en otro tiempo a Abraham, descendencia que había de ser engendrada no según la carne, sino por la fecundidad de la fe, y que por esto fue comparada a la multitud de las estrellas, para que la esperanza del padre de todas las gentes tuviera por objeto no una progenie terrena, sino celestial.
    Entre, entre en la familia de los patriarcas la totalidad de los gentiles, y reciban los hijos de la promesa la bendición de la descendencia de Abraham, a la que han renunciado los hijos según la carne. En la persona de los tres magos adoren todos los pueblos al Autor del universo; y sea Dios conocido no sólo en Judea, sino en todo el orbe, a fin de que en todas partes su fama sea grande en Israel.
    Adoctrinados, amadísimos hermanos, por estos misterios de la gracia divina, celebremos, llenos de gozo espiritual, el día de nuestras primicias y el comienzo de la vocación de los gentiles, dando gracias a Dios misericordioso que, como dice el Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido; porque, como había profetizado Isaías, el pueblo de los gentiles que caminaba en tinieblas vio una grande luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras brilló un intenso resplandor. De ellos dice el mismo profeta, dirigiéndose al Señor: Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti.
    Éste es el día que Abraham contempló y saltó de gozo, al reconocer a los hijos de su fe que habían de ser bendecidos en su descendencia, que es Cristo; y, al contemplar de antemano que había de ser por su fe padre de todas las gentes, dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, que lo había prometido, tenía también poder para cumplirlo.
    Éste es el día que cantó el salmista, cuando dijo: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
    Sabemos que estas predicciones empezaron a cumplirse desde que la estrella hizo salir de su lejano país a los tres magos, para que conocieran y adoraran al Rey de cielo y tierra. Su docilidad es para nosotros un ejemplo que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las invitaciones de la gracia, que nos lleva a Cristo.
    Todos, amadísimos hermanos, debéis emularos en este empeño, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega por la integridad de la fe y por las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 5 de enero de 2022

Los benditos pre-juicios

"Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó: «Ven y verás».
Los benditos pre-juicios son los que ponen división entre nosotros. Y, por otro lado, nos dejan sin palabras a la hora de poder hablar y testimoniar nuestra fe. Pre-juicios que se suman a nuestra falta de madurez espiritual, o a nuestro poco valor para defender lo que creemos.
Es claro que Felipe no tenía demasiados criterios y argumentos para defender su afirmación sobre Jesús, pero tuvo el valor de decir: "Ven y verás", y lo llevó ante Jesús. Y ahí esta, también, nuestra respuesta: cuando no tenemos argumentos debemos llevar a los nuestros a la presencia del Señor, pues Él tiene las palabras necesarias para llegar al corazón de aquél que está en búsqueda.
Y ahí está el otro punto que tenemos que tener en cuenta: Jesús hace milagros cuando el corazón del hombre está dispuesto a dejarlo entrar, sino no puede hacer nada. Aunque lo deje frente al Señor todo un año sin comer, si tiene el corazón cerrado a creer, no creerá.
Sabemos que el Don de la Fe, es un Don de Dios. Él siempre lo tiene preparado para todos los que quieren creer. Pero también depende de la disposición del corazón del hombre que si no quiere recibir el don no lo recibirá, sino todo lo contrario, cada día se cerrará más a ese Don.
Natanael era un hombre que estaba en búsqueda como todos los judíos del Mesías que iba a venir, y, dentro de todo, confiaba en Felipe, por eso lo siguió. Y al seguirlo teniendo su corazón en búsqueda lo encontró y creyó, pues sólo le bastaron unas pocas palabras de Jesús para creer y dejarse guiar por su Palabra.
"Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

 

martes, 4 de enero de 2022

Te animas a hablar de Dios?

"En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús".
El testimonio de Juan Bautista le permitió a los discípulos acercarse a Jesús, interesarse, por lo menos, por lo que decía Juan y así ponerse en contacto con Él.
"Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
La curiosidad les llevó a acercarse a Jesús y preguntara lo que querían saber, y Jesús los invita a conocer, a ver, y a creer.
Así tiene que ser, también, nuestro testimonio: sembrar, por lo menos, la curiosidad en la gente que nos escucha.
Hace unos días decía en la iglesia: ¿cuánto tiempo pasamos hablando con la gente? ¿En la tienda, en el super, en el bar, en la peluquería, en la acera...? ¿Cuánto de ese tiempo lo dedicamos a hablar de nuestra fe, de nuestra oración, de lo que significa para mi creer, rezar, ir a misa...? Son esos momentos en los que yo doy testimonio de mi fe, de mi vida espiritual, de lo que significa ser cristiano.
Pero no, no hablamos de esas cosas. Quizás nos de vergüenza o no sepa como hacerlo. Por eso creemos que sólo pueden hablar de las cosas de la religión aquellos que son misioneros, o enviados, o catequeistas o sacerdotes o religiosos, pero ¿yo en mi vida diaria hablar de Dios? ¿Quién soy yo para hablar de esas cosas?
Muy simple, desde el momento en que recibimos el bautismos hemos sido enviados por Dios al mundo para llevar la Buena Noticia de la Salvación. NO. No necesitas ningún título académico para hablar de Dios, y, que me perdón los académicos, pero es mejor que no tengas ningún título, porque a los académicos, muchas veces, no se les entienden las cosas.
Para hablar de Dios sólo hace falta que creamos en Él, que hayamos tenido la experiencia de estar con Él, en la oración, en la reflexión de la Palabra, en la Eucaristía... Halba de tu fe, da testimonio de tu fe, siembra la semilla de la curiosidad del vivir en Dios, con Dios y para Dios.
¿Te animas a dedicarle algún minuto de tu conversación diaria con la gente, con los amigos, con la familia, para hablar de Dios?

 

lunes, 3 de enero de 2022

El doble precepto del amor

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan

    Lleno de amor ha venido a nosotros el mismo Señor, el maestro de la caridad, y al venir ha resumido, como ya lo había predicho el profeta, el mensaje divino, sintetizando la ley y los profetas en el doble precepto de la caridad.
    Recordad conmigo, hermanos, cuales sean estos dos preceptos. Deberíais conocerlos tan perfectamente que no sólo vinieran a vuestra mente cuando yo os los recuerdo, sino que deberían estar siempre como impresos en vuestro corazón. Continuamente debemos pensar en amar a Dios y al prójimo: A Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente; y al prójimo como a nosotros mismos.
    Éste debe ser el objeto continuo de nuestros pensamientos, éste el tema de nuestras meditaciones, esto lo que hemos de recordar, esto lo que debemos hacer, esto lo que debemos conseguir. El primero de los mandamientos es el amor a Dios, pero en el orden de la acción debemos comenzar por llevar a la práctica el amor al prójimo. El que te ha dado el precepto del doble amor en manera alguna podía ordenarte amar primero al prójimo y después a Dios, sino que necesariamente debía inculcarte primero el amor a Dios, después el amor al prójimo.
    Pero piensa que tú, que aún no ves a Dios, merecerás contemplarlo si amas al prójimo, pues amando al prójimo purificas tu mirada para que tus ojos puedan contemplar a Dios; así lo atestigua expresamente san Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
    Escucha bien lo que se te dice: ama a Dios. Si me dijeras: «Muéstrame al que debo amar», ¿qué podré responderte sino lo que dice el mismo san Juan: Nadie ha visto jamás a Dios? Pero no pienses que está completamente fuera de tu alcance contemplar a Dios, pues el mismo apóstol dice en otro lugar: Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios. Por lo tanto, ama al prójimo y encontrarás dentro de ti el motivo de este amor; allí podrás contemplar a Dios, en la medida que esta contemplación es posible.
    Empieza, por tanto, amando al prójimo: Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo, cuando veas a alguien desnudo cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
¿Qué recompensa obtendrás al realizar estas acciones? Escucha lo que sigue: Entonces brillará tu luz como la aurora. Tu luz es tu Dios, él es tu aurora, porque a ti vendrá después de la noche de este mundo. Él, cierta mente, no conoce el nacimiento ni el ocaso, porque permanece para siempre.
    Amando al prójimo y preocupándote por él, progresas sin duda en tu camino. Y ¿hacia dónde avanzas por este camino sino hacia el Señor, tu Dios, hacia aquel a quien debemos amar con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente? Aún no hemos llegado hasta el Señor, pero al prójimo lo tenemos ya con nosotros. Preocúpate, pues, de aquel que tienes a tu lado mientras caminas por este mundo y llegarás a aquel con quien deseas permanecer eternamente.

domingo, 2 de enero de 2022

La esperanza de ser hijos de Dios

Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios”.
Es de ley comenzar con el tradicional saludo de ¡Feliz Año Nuevo! y, realmente, es el deseo para cada día del Año, que todos los días sean días nuevos, llenos de paz, amor, esperanza, pues los que hemos nacido del Espíritu Santo, cada día tenemos una misión nueva, nada diferente, pero sí original, pues nuestro Padre del Cielo quiere que seamos sus hijos mirando al Hijo. “Nos dio el poder de ser hijos de Dios”, y ¡lo somos en verdad! pues el Espíritu Santo nos ha configurado como hijos por el Hijo, y por eso, cada día nacemos a una vida nueva, porque el Espíritu renueva todas las cosas.
Ese tiene que ser nuestro deseo al despertar cada mañana: ser renovados por el Espíritu Santo, o, mejor dicho, dejarnos renovar por el Espíritu para que siempre tengamos la alegría no sólo de saber que somos hijos de Dios, sino de vivir como hijos de Dios, llenos de luz, de esperanza, de amor, y, como dice San Francisco, “ser instrumentos de Su Paz”.
Hay muchos en este mundo en que vivimos que no han reconocido al Hijo de Dios, o que, reconociéndolo se niegan a aceptarlo en sus vidas, hay otros que se niegan tan siquiera a oír hablar de Él. Nosotros en cambio creemos en Él, sabemos, también, que Él vive en nosotros, y por eso nos toca a nosotros vivir para Él y por Él. Que podamos llegar a decir con San Pablo: “ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí”. ¡Esa es la vida nueva que el Padre quiere para nosotros! Por que ese es el único Camino que nos da Vida verdadera.
Así es nuestra obligación como hijos de Dios mostrar al mundo que no lo conoce o que no quiere reconocerlo, cuál es la alegría de los hijos, cuál es la esperanza que nos motiva día a día a seguir creyendo, cuál es el amor que queremos brindar a todos los hombres, para poder construir juntos, como hermanos, el Reino de Dios aquí en la tierra. Y, para ello “hagamos Su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo”.


 

sábado, 1 de enero de 2022

Bendigamos el Año Nuevo

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
Comenzar el año, o un ciclo nuevo, o tan sólo un día nuevo, con la bendición de Dios, no es un día cualquiera, sino que ese día, ciclo, año, cuenta, no sólo con la bendición de Dios, sino con la confianza que yo tengo en la bendición de Dios. Una confianza que habla de un corazón de niño que sigue necesitando del apoyo de Su Padre para poder hacer lo que Él quiere, para poder vivir de acuerdo a Su Voluntad.
Porque, para el cristiano, no hay mejor día o el día no está mejor aprovechado cuando se intenta vivir en la Voluntad de Dios. Sí, porque intentando vivir cada día en la Voluntad de Dios nos da la seguridad de que contamos con Su Gracia, de que contamos con Su compañía, de que contamos con su bendición.
Es claro que contar con la bendición de Dios y su Gracia no quiere decir que todo nos vaya a salir bien o que todo salga como uno quiere. Sino que siempre tendré la fortaleza necesaria para seguir adelante, pues "sé en quien he puesto mi confianza".
Y, además, aunque no todo salga como pensaba o me sucedan cosas que no entienda o no comprenda, entonces, María, mi Madre, guía mis pasos y me ayuda a vivir como vivió Ella todos esos momentos que eran incomprensibles:
"María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
Sí, porque no siempre vamos a comprender la Voluntad de Dios, pues Él tiene pensado mi camino y mi meta, y, por eso, muchas veces, me lleva por verdes prados y otras muchas por quebradas oscuras, pero por que sé en quien tengo puesta mi confianza, nada temo (tomando las palabras del salmo 22)
Comenzar un año nuevo, un ciclo nuevo, o un día nuevo es volver a empezar, pero sabiendo que, si estoy tomado de Su Mano siempre será algo que de plenitud, que llene mi corazón y con su Gracia creceré en sabiduría y santidad, no porque lo entienda todo, sino porque todo lo dejo en mi corazón para que, con la ayuda del Espíritu Santo, pueda aceptarlo y vivir con plena confianza en Su Amor y en Su Gracia, fortaleciendo mi Esperanza y madurando en mi Fe, para que mi Amor no sea sólo un sentimiento pasajero, sino una realidad que hace que, cada día nuevo, crezca como verdadero hijo de Dios.