martes, 26 de enero de 2021

Don y tarea

Hermosas palabras que san Pablo le dirige a Timoteo:
"Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti.
Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por imposición de mis manos porque, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza".
Claro que son palabras de un padre hacia su hijo, palabras que nos llevan a recordar nuestra fe y nuestra responsabilidad hacia esa fe. Palabras que nos ayudan a descubrir quiénes somos y por qué Dios nos ha llamado y nos ha ungido con el Crisma de la Salvación, y nos ha dado Su Espíritu Santo.
Porque el Don recibido de Dios en el bautismo nos ha comprometido, de por vida, con una misión: la de anunciar el Evangelio a toda la creación. Y, junto con el Don y la Misión, viene la Gracia necesaria para poder llevarla a cabo. Por eso Pablo le dice a Timoteo: "Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza", es decir, todo lo necesario para enfrentarnos a las realidad que nos tocan vivir.
Realidad que no son sólo realidades externas a nosotros, sino también a nuestras propias tempestades, a nuestros cambio de genio y temperamento, a nuestras desesperanzas y cansancios, a nuestros sinsabores y a nuestras preocupaciones diarias, para todo aquello que, interna o externamente, nos pueden impedir que llevemos a cabo nuestra misión, Dios ya ha preparado el remedio necesario: "fortaleza, amor y templanza".
Así, no tenemos que esgrimir el argumento que dicen en el evangelio: "ahí estan tu madre y tus hermanos que te buscan", como si por tener el título de familia tuviéramos más privilegios que los demás. No, nadie tiene más privilegio ante Dios que el que hace Su Voluntad: "Les contestó: - ¿Quienes son mi madre y mis hermanos?
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: - Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre".
En cuanto más Fieles seamos a la Voluntad de Dios y más nos "esforcemos" para realizarla en nuestras vidas, más Gracia el Señor nos regalará para mantenernos en el Camino de la Fidelidad. Por eso no hemos de temer ni a nuestros "propios demonios", ni a los que quieran hacernos callar, sino que confiados en Su Amor y Su Gracia, nos mantenemos firmes y fieles en las Manos del Señor, para buscar y realizar, siempre, Su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo.

 

lunes, 25 de enero de 2021

Pablo lo sufrió todo por amor a Cristo

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo

    Qué es el hombre, cuán grande su nobleza y cuánta su capacidad de virtud lo podemos colegir sobre todo de la persona de Pablo. Cada día se levantaba con una mayor elevación y fervor de espíritu y, frente a los peligros que lo acechaban, era cada vez mayor su empuje, como lo atestiguan sus propias palabras: Olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por delante; y, al presentir la inminencia de su muerte, invitaba a los demás a compartir su gozo, diciendo: Alegraos y congratulaos conmigo; y al pensar en sus peligros y oprobios, se alegra también y dice, escribiendo a los corintios: Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos y de las persecuciones; incluso llama a estas cosas armas de justicia, significando con ello que le sirven de gran provecho.
    Y así, en medio de las asechanzas de sus enemigos, habla en tono triunfal de las victorias alcanzadas sobre los ataques de sus perseguidores y, habiendo sufrido en todas partes azotes, injurias y maldiciones, como quien vuelve victorioso de la batalla, colmado de trofeos, da gracias a Dios, diciendo: Gracias sean dadas a Dios, que en todo tiempo nos lleva en el cortejo triunfal de Cristo. Imbuido de estos sentimientos, se lanzaba a las contradicciones e injurias, que le acarreaba su predicación con un ardor superior al que nosotros empleamos en la consecución de los honores, deseando la muerte más que nosotros deseamos la vida, la pobreza más que nosotros la riqueza, y el trabajo mucho más que otros apetecen el descanso que lo sigue. La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenia sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era agradar siempre a Dios.
    Y, lo que era para él lo más importante de todo, gozaba del amor de Cristo; con esto se consideraba el más dichoso de todos, sin esto le era indiferente asociarse a los poderosos y a los príncipes; prefería ser, con este amor, el último de todos, incluso del número de los condenados, que formar parte sin él, de los más encumbrados y honorables.
    Para él, el tormento más grande y extraordinario era el verse privado de este amor: para él, su privación significaba el infierno, el único sufrimiento, el suplicio infinito e intolerable.
    Gozar del amor de Cristo representaba para él la vida, el mundo, la compañía de los ángeles, los bienes presentes y futuros, el reino, las promesas, el conjunto de todo bien; sin este amor, nada catalogaba como triste o alegre. Las cosas de este mundo no las consideraba, en sí mismas, ni duras ni suaves.
    Las realidades presentes las despreciaba como hierba ya podrida. A los mismos gobernantes y al pueblo enfurecido contra él les daba el mismo valor que a un insignificante mosquito.
    Consideraba como un juego de niños la muerte y la más variada clase de tormentos y suplicios, con tal de poder sufrir algo por Cristo.
 

domingo, 24 de enero de 2021

El Reino de Dios está cerca

“Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio”.

¿Qué tiempo se había cumplido? El tiempo de preparación que anunciaron los Profetas y que, en ese último tiempo, fue anunciando Juan Bautista quien anunciaba la conversión y hacía un bautismo de conversión por el perdón de los pecados.

Se había cumplido el tiempo de preparar el corazón para recibir el Don de la Fe que permitiera al hombre conocer al Hijo de Dios, al Mesías que había sido prometido desde muchos siglos antes y que, el Pueblo, esperaba con esperanza siempre nueva.

El Reino de Dios estaba cerca, pero todavía no había llegado, y, quizás aún no ha llegado al corazón de algunos que no han creído en el Hijo de Dios. Quizás aún no ha llegado en aquellos corazones que no se han despojado de sí mismos, y, sólo confiando en sus propias fuerzas, siguen creyendo que son ellos los dioses de este tiempo y, erróneamente, de sus propias vidas.

Y, entonces, ¿el Reino de Dios ha llegado a nuestras vidas? ¿Cómo saber? ¿Cómo saber si hemos sido de aquellos “afortunados” que han liberado sus corazones del pecado de este tiempo y lo han abierto a la Voluntad de Dios?

Y, nos dirá el Señor: “por los frutos los conoceréis”. Pero ¿cuáles son los frutos de que el Reino de Dios está en nuestros corazones y no sólo cerca de nosotros? Le dice San Pablo a los Gálatas: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley”.

Si ves que estos son los frutos que tú produces, entonces en ti está el Reino de Dios. Consérvalos y hazlos crecer y sigue dando frutos.

 


sábado, 23 de enero de 2021

Un Nuevo Sacerdocio

"En cambio, Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su «tienda» es más grande y más perfecta: no hecha por monos del hombre, es decir no de este mundo creado.
No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna".
Jesús con su propia vida y con su propia sangre ha instaurado un sacerdocio nuevo y universal, un sacerdocio del que participamos todos, de una u otra forma: el sacerdocio real de todos los bautizados y el sacerdocio ministerial de los que hemos sido llamados al presbiterado.
Y ¿qué significa que somos partícpes del nuevo sacerdocio de Cristo? Que, como Él, también nosotros al responder afirmativamente a su llamado a seguirlo, hemos de entregar nuestra vida como ofrenda al Padre para hacer Su Voluntad: "Yo dije, aquí vengo, como está escrito, Padre, a hacer Tu Voluntad".
¿Por qué para hacer la Voluntad del Padre? Es el Camino que hemos elegido vivir para alcanzar la Vida en Dios, en la tierra como en el Cielo, y, viviéndola a semejanza del Hijo, podremos, con nuestra ofrenda diaria cooperar en la Obra de la Salvación de los Hombres, construyendo en nuestra vida en Hombre Nuevo según la Gracia, y, tansformando con nuestra vida la historia en la que estoy inserto, y dando testimonio y luz para que otros encuentren el Camino hacia la Vida.
Así como Jesús se ofreció al Padre para dar la Vida al Mundo, así también, cada día, al despertaranos, le ofrecemos al Padre nuestra vida para dar Vida al mundo, pues nuestros ofrecimientos colaboran en la Obra de Cristo, que Él, con su Vida comenzó para nuestra salvación y del mundo entero.
Con las palabras de san Pablo:
"Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia".
Y, ¿ cuál es el primer padecimiento? Renunciar a nosotros mismos para hacer la Voluntad de Dios, ese es nuestro primer padecimiento: dejar de pensar en lo que quiero para pensar en lo que Dios quiere, y, con la Gracia de Su Espíritu poder ser Fiel a la Vida que Él quiere que viva. Entregando, cada día, desde la Patena de nuestra corazón nuestra oración para nuestra salvación y la conversión de aquellos que necesitan salvarse.

 

viernes, 22 de enero de 2021

Amar solamente a Dios

De los capítulos de Diadoco de Foticé, obispo, sobre la perfección espiritual
 
El que se ama a sí mismo no puede amar a Dios; en cambio, el que, movido por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, deja de amarse a sí mismo ama a Dios. Y, como consecuencia, ya no busca nunca su propia gloria, sino más bien la gloria de Dios. El que se ama a sí mismo busca su propia gloria, pero el que ama a Dios desea la gloria de su Hacedor. En efecto, es propio del alma que siente el amor a Dios buscar siempre y en todas sus obras la gloria de Dios y deleitarse en su propia sumisión a él, ya que la gloria conviene a la magnificencia de Dios; al hombre, en cambio, le conviene la humildad, la cual nos hace entrar a formar parte de la familia de Dios. Si de tal modo obramos, poniendo nuestraalegría en la gloria del Señor, no nos cansaremos de repetir, a ejemplo de Juan Bautista: Él tiene que crecer y yo tengo que menguar. Sé de cierta persona que, aunque se lamentaba de no amar a Dios como ella hubiera querido, sin embargo, lo amaba de tal manera que el mayor deseo de su alma consistía en que Dios fuera glorificado en ella, y que ella fuese tenida en nada. El que así piensa no se deja impresionar por las palabras de alabanza, pues sabe lo que es en realidad; al contrario, por su gran amor a la humildad, no piensa en su propia dignidad, aunque fuese el caso que sirviese a Dios en calidad de sacerdote; su deseo de amar a Dios hace que se vaya olvidando poco a poco de su dignidad y que extinga en las profundidades de su amor a Dios, por el espíritu de humildad, la jactancia que su dignidad pudiese ocasionar, de modo que llega a considerarse siempre a sí mismo como un siervo inútil, sin pensar para nada en su dignidad, por su amor a la humildad. Lo mismo debemos hacer también nosotros, rehuyendo todo honor y toda gloria, movidos por la superior excelencia de la riquezas del amor a Dios, que nos ha amado de verdad. Dios conoce a los que lo aman sinceramente, porque cada cual lo ama según la capacidad de amor que hay en su interior. Por tanto, el que así obra desea con ardor que la luz de este conocimiento divino penetre hasta lo más íntimo de su ser, llegando a olvidarse de sí mismo, transformado todo él por el amor. El que es así transformado vive y no vive; pues, mientras vive en su cuerpo, el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios; su corazón, encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo, y su amor a Dios le hace olvidarse completamente del amor a sí mismo, pues, como dice el Apóstol, si empezamos a desatinar, a Dios se debía; si ahora nos moderamos es por vosotros.

 

jueves, 21 de enero de 2021

No basta con saber, hay que vivir

"Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Conocer a Dios intelectualmente, saber quién es Dios o su Hijo Jesucristo, no nos hace más religiosos ni más cristianos, pues vemos cómo los espíritus inmundos sabían y conocían verdaderamente a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, pero no eran fieles a Su Voluntad, ni lo amaban, ni se sometían a su Palabra, sino que lo rechazaban y, sobre todo, se metían entre medio para "arruinar" el proyecto de Dios para los Hombres.
¿Qué es lo que nos hace verdaderos creyentes o religiosos o cristianos?
Como dice el Salmo de hoy:
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy».
« - Como está escrito en mi libro - para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».
Y vuelvo a repetir: "Aquí estoy Señor, para hacer tu Voluntad".
Eso es lo verdadermente esencial de nuestra vida de fe, es lo que nos identificará como vedaderos cristianos, seguidores de Cristo, discípulos de Jesús, porque hemos aprendido de Él que el único Camino que nos conduce a la Vida Verdadera, y nos hace testigo confiables de Su Palabra, es ser Fieles como Él a la Voluntad de Dios. Que, paradójicamente, lo repetimos todos los días: "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo".
Y, ¿quién crees tú que tiene que hacer la Voluntad de Dios en la tierra como en el Cielo? ¿El vecino de al lado? ¿Aquél que yo creo que no es tan buen cristiano? ¿No seré acaso yo quien tengo que comenzar a hacer la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el Cielo?
Sí, como siempre, surge la misma expresión: "pero, no es fácil", y, no, los mejore destinos y el mejor camino en la vida no es el más fácil. Ya nos dijo el Señor: " el camino es estrecho y la puerta pequeña", así que nos tenemos que esforzar por recorrerlos y poder entrar por ella. Sabiendo, claro está, que como Él mismo lo dijo: "para Dios nada es imposible", por eso mismo tenemos que estar en íntima relación con Él para que nos ayude al caminar y nos fortalezca para ser niños y poder entrar por esa Puerta.

 

miércoles, 20 de enero de 2021

Amar la Ley de Dios

Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
A veces, cuando nos conviene, nos escudamos en la Ley, pero cuando nos conviene dejamos de lado la Ley y hacemos lo que queremos. En este caso, Jesús, no es que haga lo que tenga ganas, sino que deja de lado la ley para poder hacer el milagro de devolver al hombre su salud.
En este caso, los fariseos se confabulan contra Jesús porque no respeta el sábado, una ley humana que impedía que se trabajara en el día de descanso. Por eso, y, como sucede en varias ocasiones, ellos creen que por esas actitudes Jesús quiere modificar o anular la Ley de Dios y los preceptos que ellos mismo crearon.
Y así, Jesús les respodnerá que de la Ley ni una coma ni una tilde va a ser modificada, pues es la Ley que Dios le dio al Pueblo de Israel, pero no dice nada de las prescripciones humanas que ellos mismos se fueron dando a lo largo del tiempo. Pues la ley humana puede ser modificada por los hombres, en cambio, la Ley Divina no puede ser modificada, salvo por el mismo Legislador.
Y eso es lo que en estos tiempos no entendemos, no sólo los que no son cristianos, sino, incluso, los mismos cristianos: la Ley de Dios, es decicr los 10 mandamientos, y lo que la Iglesia recoge en el Antiguo y el Nuevo Testamento, lo que creemos que es Palabra de Dios, no puede ser modificado en su esencia por ningún hombre, sea Papa o no.
Después hay otras prescripciones que a lo largo del tiempo se fueron adaptando a las nuevas realidades, pero lo esencial de nuestra fe no puede ser modificado.
Por eso necesitamos volver a las Fuentes de nuestra Vida, necesitamos retomar el conocimiento de la Palabra de Dios, no sólo como un buen libro para leer (porque algunas cosas son aburridas) sino como el libro desde el cual puedo hablar con mi Padre Dios y aprender a concerlo, descubrir cómo es su lenguaje y su forma de amarme, conocerlo y amarlo, para que, amándolo pueda llegar a una relación profunda de amor y eso me lleve a aceptar su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo.