lunes, 13 de julio de 2020

A tí, Señor, me manifiesto tal como soy

De las Confesiones de san Agustín, obispo.

    Conózcate a ti, Conocedor mío, conózcate a ti como soy por ti conocido. Fuerza de mi alma, entra en ella y ajústala a ti, para que la tengas y poseas sin mancha ni defecto. Esta es mi esperanza, por eso hablo; y en esta esperanza me gozo cuando rectamente me gozo. Las demás cosas de esta vida tanto menos se han de llorar cuanto más se las llora, y tanto más se han de deplorar cuanto menos se las deplora. He aquí que amaste la verdad, porque el que obra la verdad viene a la luz. Yo quiero obrar según ella, delante de ti por esta mi confesión, y delante de muchos testigos por este mi escrito.
    Y ciertamente, Señor, a cuyos ojos está siempre desnudo el abismo de la conciencia humana, ¿qué podría haber oculto en mí, aunque yo no te lo quisiera confesar? Lo que haría sería esconderte a ti de mí, no a mí de ti. Pero ahora, que mi gemido es un testimonio de que tengo desagrado de mí, tú brillas y me llenas de contento, y eres amado y deseado por mí, hasta el punto de llegar a avergonzarme y desecharme a mí mismo y de elegirte sólo a ti, de manera que en adelante no podré ya complacerme sino es en ti, ni podré serte grato si no es por ti.
    Comoquiera, pues, que yo sea, Señor, manifiesto estoy ante ti. También he dicho ya el fruto que produce en mí esta confesión, porque no la hago con palabras y voces de carne, sino con palabras del alma y clamor de la mente, que son las que tus oídos conocen. Porque, cuando soy malo, confesarte a ti no es otra cosa que tomar disgusto de mí; y, cuando soy bueno; confesarte a ti no es otra cosa que tomar disgusto de mí; y, cuando soy bueno, confesarte a ti no es otra cosa que no atribuirme eso a mí, porque tú, Señor, bendices al justo; pero antes de ello lo transformas de impío en justo. Así, pues, mi confesión en tu presencia, Dios mío, es a la vez callada y clamorosa: callada en cuanto que se hace sin ruido de palabras, pero clamorosa en cuanto al clamor con que clama el afecto.
    Tú eres, Señor, el que me juzgas; porque, aunque ninguno de los hombres conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él, con todo, hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita en él; pero tú, Señor, conoces todas sus cosas, porque tú lo has hecho. También yo, aunque en tu presencia me desprecie y me tenga por tierra y ceniza, sé algo de ti que ignoro de mí.
    Ciertamente ahora te vemos como en un espejo y borrosamente, no cara a cara, y así, mientras peregrino fuera de ti, me siento más presente a mí mismo que a ti; y sé que no puedo de ningún modo violar el misterio que te envuelve; en cambio, ignoro a qué tentaciones podré yo resistir y a cuáles no podré, estando solamente mi esperanza en que eres fiel y no permitirás que seamos tentados más de lo que podamos soportar, antes con la tentación das también el éxito, para que podamos resistir.
    Confiese, pues, yo lo que sé de mí; confiese también lo que de mí ignoro; porque lo que sé de mí lo sé porque tú me iluminas, y lo que de mí ignoro no lo sabré hasta tanto que mis tinieblas se conviertan en mediodía ante tu presencia.

domingo, 12 de julio de 2020

No hay peor sordo que el que no quiere oír

"Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
"Por más que oigan, no comprenderán,
por más que vean, no conocerán.
Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido,
tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos,
para que sus ojos no vean,
y sus oídos no oigan,
y su corazón no comprenda,
y no se conviertan,
y yo no los sane".
Dentro de la predicación de Jesús no sólo encontramos lo que nos dice directamente, sino podemos ver lo que dice indirectamene, para que, como dice el refrán: "al que le quepa el sayo que se lo ponga". En este caso, no sólo le hablaba en parábolas a la gente que lo escuchaba sino también a aquellos que no lo querían escuchar.
Muchas veces damos por entendida las cosas y la voluntad de Dios. Muchas veces creemos que sabemos lo que hay que hace o cómo hacerlo. Muchas veces sabemos mucho de la Palabra de Dios porque la hemos escuchado mucho tiempoo o, incluso, porque la hemos estudiado. Pero, en realidad, no siempre escuchamos para entender u oímos para comprender lo que nos está pidiendo el Señor. Y Jesús se refiere a esos oídos que no quieren escuchar y a esos ojos que no quieren ver, porque, como diría también otro refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír (y, también lo modificamos y podemos decir: no hay peor ciego que el que no quiere ver)
Dios constantemente nos está halbando y manifestando su Voluntad, porque se ocupa de que sus hijos puedan encontrar el Camino que los conduzca a la Vida, a la liberación final, a la plenitud de nuestro ser; pero no siempre queremos recorrer el Camino que nos propone Dios, porque ya hemos hecho nuestros planes y así "acomodamos" la Palabra de Dios a nuestros intereses y no a los Planes del Señor.
Por todo esto es que nos dice San Pablo:
"Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.
Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo".
Es hora de despertar del sueño y descubrir el Verdadero Camino que nos conduce a la Vida, y aunque nos cueste el dolor de tener que abandonar nuestros planes y proyectos, saber que ese será el mejor de los Caminos. Porque "considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará".

sábado, 11 de julio de 2020

De la Regla de San Benito

    Cuando emprendas alguna obra buena, lo primero que has de hacer es pedir constantemente a Dios que sea él quien la lleve a término, y así nunca lo contristaremos con nuestras malas acciones, a él, que se ha dignado contamos en el número de sus hijos, ya que en todo tiempo debemos sometemos a él en el uso de los bienes que pone a nuestra disposición, no sea que algún día, como un padre que se enfada con sus hijos, nos desherede, o, como un amo temible, irritado por nuestra maldad, nos entregue al castigo eterno, como a servidores perversos que han rehusado seguirlo a la gloria.
    Por lo tanto, despertémonos ya de una vez, obedientes a la llamada que nos hace la Escritura: Ya es hora que despertéis del sueño. Y, abiertos nuestros ojos a la luz divina, escuchemos bien atentos la advertencia que nos hace cada día la voz de Dios: Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón; y también: El que tenga oídos oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.
    ¿Y qué es lo que dice? Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Caminad mientras tenéis luz; para que las tinieblas de la muerte no os sorprendan.
    Y el Señor, buscando entre la multitud de los hombres a uno que realmente quisiera ser operario suyo, dirige a todos esta invitación: ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Y si tú, al oír esta invitación, respondes: «Yo», entonces Dios te dice: "Si amas la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. Si así lo hacéis, mis ojos estarán sobre vosotros y mis oídos atentos a vuestras plegarias; y, antes de que me invoquéis, os diré: Aquí estoy
    ¿Qué hay para nosotros más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor, con su amor paternal, nos muestra el camino de la vida.
    Ceñida, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, avancemos por sus caminos, tomando por guía el Evangelio, para que alcancemos a ver a aquel que nos ha llamado a su reino. Porque, si queremos tener nuestra morada en las estancias de su reino, hemos de tener presente que para llegar allí hemos de caminar aprisa por el camino de las buenas obras.
    Así como hay un celo malo, lleno de amargura, que separa de Dios y lleva al infierno, así también hay un celo bueno, que separa de los vicios y lleva a Dios y a la vida eterna. Éste es el celo que han de practicar con ferviente amor los monjes, esto es: tengan por más dignos a los demás; soporten con una paciencia sin límites sus debilidades, tanto corporales como espirituales; pongan todo su empeño en obedecerse los unos a los otros; procuren todos el bien de los demás, antes que el suyo propio; pongan en práctica un sincero amor fraterno; vivan siempre en el temor y amor de Dios; amen a su abad con una caridad sincera y humilde; no antepongan nada absolutamente a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna.

viernes, 10 de julio de 2020

Si hubiésemos cumplido los mandamientos

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.

Ya veis, queridos hermanos, cuán grande y admirable cosa es la caridad, y cómo no es posible describir su perfección. ¿Quién será capaz de estar en ella, sino aquellos a quienes Dios mismo hiciere dignos? Roguemos, pues, y supliquémosle que, por su misericordia, nos permita vivir en la caridad, sin humana parcialidad, irreprochables. Todas las generaciones, desde Adán hasta el día de hoy, han pasado; mas los que fueron perfectos en la caridad, según la gracia de Dios, ocupan el lugar de los justos, los cuales se manifestarán en la visita del reino de Cristo. Está escrito, en efecto: Entrad en los aposentos, mientras pasa mi cólera, y me acordaré del día bueno y os haré salir de vuestros sepulcros.
Dichosos nosotros, queridos hermanos, si hubiéremos cumplido los mandamientos de Dios en la concordia de la caridad, a fin de que por la caridad se nos perdonen nuestros pecados. Porque está escrito: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuya boca no se encuentra engaño. Esta bienaventuranza fue concedida a los que han sido escogidos por Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea dada gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Roguemos, pues, que nos sean perdonadas cuantas faltas y pecados hayamos cometido por asechanzas de nuestro adversario, y aun aquellos que han encabezado sediciones y banderías deben acogerse a nuestra común esperanza. Pues los que proceden en su conducta con temor y caridad prefieren antes sufrir ellos mismos y no que sufran los demás; prefieren que se tenga mala opinión de ellos mismos, antes que sea vituperada aquella armonía y concordia que justa y bellamente nos viene de la tradición. Más le vale a un hombre confesar sus caídas, que endurecer su corazón.
Ahora bien, ¿hay entre vosotros alguien que sea generoso? ¿Alguien que sea compasivo? ¿Hay alguno que se sienta lleno de caridad? Pues diga: «Si por mi causa vino la sedición, contienda y escisiones, yo me retiro y me voy a donde queráis, y estoy pronto a cumplir lo que la comunidad ordenare, con tal de que el rebaño de Cristo se mantenga en paz con sus ancianos establecidos.» El que esto hiciere se adquirirá una grande gloria en Cristo, y todo lugar lo recibirá, pues del Señor es la tierra y cuanto la llena. Así han obrado y así seguirán obrando quienes han llevado un comportamiento digno de Dios, del cual no cabe jamás arrepentirse.

jueves, 9 de julio de 2020

Comulgar en la mano o en la boca... esa es la cuestión

"Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva".
Os parecerá raro que ponga esta cita evangélica pues no aparece en las lecturas del día de hoy, pero todo tiene una explicación.
Hace varios días, y especialmente ayer, leía varios artículos sobre la Sagrada Comunión: si recibir la comunión en la mano o en la boca. Para muchos sólo se puede recibir en la boca, y, pareciera que es una herejía recibirla en la mano. Otros dicen que es Palabra de Dios que hay que recibirla en la boca. Y así, unos y otros, como decía Jesús, "atan pesadas cargas en los hombros de la gente", porque van haciendo dudar a los fieles y haciéndoles pensar que están pecando gravemente cuando comulgan en la mano.
Y, en realidad, no es Palabra de Dios comulgar en la mano, en todo caso, como narra san Pablo, el Señor entregó el Pan y el Vino en la mano a los apóstoles en la Última Cena, y, si nos guiamos por la Palabra de Dios, lo lógico sería recibirla en la mano.
La liturgia de la Iglesia, que es palabra humana y no es Palabra de Dios, permite la dos opciones y no cuestiona si es pecado o no, una cosa o la otra. Pero, como siempre, en la vida social y en la eclesiástica hay gente que quiere saber más y se pone a dictar leyes que no están escritas ni siquiera en el Corazón del Señor, y van creando confusión y dolor de pecado en el corazón de los fieles.
¿Qué es lo importantes cuando vamos a Comulgar? Tener el corazón preparado para recibir al Señor, saber que Él quiere alimentarnos con Su Vida para que nosotros, débiles por el pecado, podamos crecer y santificarnos, y, así, poder llevar la Buena Noticia de la Salvación a todos los hombres.
Se que los que escribieron esos artículos no van a leer el mío, y se también, que muchos harán comentarios diferentes, pero no puedo, en conciencia dejar pasar y dejar que otros cuestionen la buena disposición del corazón de la gente, y les llenen el coraón de dudas. Esforcémonos por ayudar a la gente a vivir en santidad, y no atemos pesadas cargas a sus hombros, cargas que no ayudamos a llevar.

miércoles, 8 de julio de 2020

Nueva evangelización

"En aquel tiempo, Jesús, llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia".
¿Por qué Jesús elige a los discípulos, a los apóstoles? ¿No podía Él hacer solo su misión? Sí, Jesús podía haber hecho Él solo la misión que le encomendó el Padre, pero sabía que su misión no terminaría en pocos años, y, además sabía cómo iba a terminar Él su vida en la tierra. Pero, sobre todo, no quiere Dios hacer las cosas por sí solo, sino que quiere hacerla con nosotros, que nosotros seamos partícipes y protagonistas de la Historia de la Salvación, por eso elige hombres como cada uno de nosotros, y nos llama para ser sus discípulos, cada uno con su estilo de vida propio y particular, pero con una misión igual:
"A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».
Es fue la primera instrucción que Jesús le da a los 12: anunciar el Reino a las ovejas descarriadas de Israel; porque ellos habían perdido la originalidad del mensaje y lo habían convertido en un mensaje humano, pues habían trasnformado la Ley de Dios en prescripciones humanas que no cumplían con lo que Dios quería.
La Gran Misión que Jesús les dio a sus discípulos, antes de ser elevado a los Cielos fue: Id al mundo entero y proclamad el evangelio.
Así nosotros hemos recibido esa Buena Noticia y hemos optado por seguirle, por ser, nosotros también, sus enviados, sus discípulos, sus apóstoles. Y, en estos tiempos que corren, quizás, tendremos que volver al primer mandato de Jesús, pero en este caso con una corrección (sin querer ser más que Jesús, ya me entenderán): "no vayais a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria sino id a las ovejas descarriadas de la Iglesia. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos".
¿Por qué digo "id a las ovejas descarriadas de la iglesia"? Porque hemos perdido, como lo hizo el Pueblo de Israel, la originalidad del Mensaje Evangélico, nos hemos creído que nosotros somos Jesús y no sus enviados, y por eso hemos convertido el evangelio en prescripciones humanas, y cada uno lo interpretamos como nos da la gana, perdiendo así la Originalidad del Mensaje, es decir, la fuerza original, la Vida que Jesús quería darnos con su Palabra, la hemos perdido porque dejamos que el mundo se hiciera protagonista del mensaje, y, hemos "acomodado" el mensaje evangélico a las propuestas del mundo quitándole, así, la verdad de lo que Jesús vino a traernos.
La Nueva Evangelización de la que tanto se habla no es sólo un cambio de formas y vestidos, sino una transformación del corazón para aceptar la Palabra de Dios tal cual es: Palabra de Dios y no palabra humana. Volver a la raíz del Mensaje de Cristo, tiene que ser el camino para la Nueva Evangelización.

martes, 7 de julio de 2020

Sembradores...

"Puesto que siembran viento, cosecharán tempestades; “espiga sin brote no produce harina”.
Le dice Dios al Pueblo por medio de Oseas, el profeta. Y es una frase que hemos oído muchas veces, y, otras tantas, hemos repetido. Y, quizás, no siempre hemos sabido de dónde venía ni a qué se refería, pero, seguramente, nos hará mucho bien si nos la ponemos a reflexionar para nuestra vida.
Sí, generalmente, cuando tenemos una frase así, que suena bien y que, sobre todo, hace referencia a lo que otros hicieron o hacen, nos gusta repetirla y decirla, para acusar a algunos o para hacerlos culpables de lo que hicieron. Pero nunca usamos esas frases para reflexionar sobre lo que nostros mismos hacemos o decimos, porque, en este caso, también nosotros, sí, cada uno de nosotros, vamos sembrando en el día a día algo. Y ¿qué es lo que sembramos?
Sembramos con nuestros actos y con nuestras palabras, y, también, con nuestros silencios. No hay nada que nosotros, cada uno, realice que no quede sin respuesta en el mundo, en la sociedad, en los demás, y, en nuestra propia vida. Como se dice habitualmente: todo está conectado, y, en idioma crisitano diríamos: por la comunión de los santos (que no son los que ya están en el Cielo, sino los que intentamos serlo) todo repercute en el Cuerpo Místico de Cristo, en la vida de todos los que formamos la Iglesia.
Teniendo esto en cuenta tenemos que ponernos a pensar, en cada momento, qué es lo que estoy sembrando para saber cuál va a ser la consecuencia de lo que yo estoy haciendo o dejo de hacer, porque de eso me tendré que hacer responsable. O mejor dicho, Dios me hará responsable de mis actos o de mis silencios.
Claro es que tenemos la Gracia que nos ha dado el Señor de poder "sanar" los daños que hago, porque por el arrepentimiento y el pedido sincero de perdón puedo devolver la Gracia y ayudar a quien he dañado, pero para eso tengo que crecer en humildad para poder pedir perdón como es debido. Porque la Gracia de la Confesión surte efecto cuando reparo el daño causado.
Por eso no nos acostumbremos a penar que son los demás los que siembran vientos, sino que yo mismo lo estoy haciendo con mis actos, palabras o silencios; y así podré comenzar a valorar mejor mi siembra, y con la Gracia de Dios seré un buen sembrador de los Dones que el Espíritu ha dejado en mi corazón.