sábado, 7 de diciembre de 2019

El atractivo de Tus Palabras

De las Cartas de san Ambrosio, obispo

    Has recibido la carga del sacerdocio. Sentado en la popa de la Iglesia, gobiernas la nave en medio de las olas que la combaten. Mantén firme el timón de la fe, para que las fuertes tormentas de este mundo no te hagan desviar de tu rumbo. El mar es ciertamente grande y dilatado, pero no temas, porque él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
    Por ello no es de extrañar que, en medio de un mundo tan agitado, la Iglesia del Señor, edificada sobre la roca apostólica, permanezca estable y, a pesar de los furiosos embates del mar, resista inconmovible en sus cimientos. Las olas baten contra ella, pero se mantiene firme y, aunque con frecuencia los elementos de este mundo choquen con gran fragor, ella ofrece a los agobiados el seguro puerto de salvación.
    Sin embargo, aunque fluctúa en el mar, se desliza por los ríos, principalmente por aquellos ríos de los que dice el salmo: Levantan los ríos su voz. Porque existen unos ríos que manan de aquel que ha tomado de Cristo la bebida y ha recibido el Espíritu de Dios. Éstos son los ríos que, por la abundancia desbordante de la gracia espiritual, levantan su voz.
    Y existe también un río que se precipita entre sus santos como un torrente. Y existe un río que, como el correr de las acequias, alegra al alma pacífica y tranquila. Todo aquel que recibe de la plenitud de este río, como Juan Evangelista, como Pedro y Pablo, levanta su voz; y, así como los apóstoles pregonaron por todos los confines de la tierra el mensaje evangélico, así también éste se lanza a anunciar esa Buena Nueva del Señor Jesús. Recibe, pues, de Cristo, para que puedas hablar a los demás. Acoge en ti el agua de Cristo, aquella que alaba al Señor. Recoge el agua proveniente de diversos lugares, la que derraman las nubes de los profetas. Todo aquel que recoge el agua de los montes, el que la hace venir y la bebe de las fuentes, la derrama luego como las nubes. Llena, pues, de esta agua tu interior, para que la tierra de tu corazón quede humedecida y regada por sus propias fuentes.
    Para llenarse de esta agua es necesaria una frecuente e inteligente lectura; así, una vez lleno, regarás a los demás. Por esto dice la Escritura: Si las nubes van llenas, vierten lluvia sobre la tierra.
    Sean, pues, tus palabras fluidas, claras y transparentes, de modo que tu predicación infunda suavidad en los oídos de tu pueblo y con el atractivo de tus palabras lo hagas dúctil. De este modo te seguirá de buen grado a donde lo lleves.
    Tus exhortaciones estén llenas de sabiduría. En este sentido, dice Salomón: Las armas del espíritu son los labios del sabio; y, en otro lugar: Tus labios estén atados por la inteligencia, es decir, que tus sermones brillen por su claridad e inteligencia, y que tus exhortaciones y tratados no tengan necesidad de apoyarse en las afirmaciones de los demás, sino que tus palabras se defiendan con sus propias armas, y que ninguna palabra vana y sin inteligencia salga de tu boca.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Deseo de contemplar a Dios

Del libro Proslógion de san Anselmo, obispo

    Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante, entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Reposa en Dios un momento, descansa siquiera un momento en él.
    Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo, excepto Dios y lo que puede ayudarte a alcanzado; cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio.
    Di con todas tus fuerzas, di al Señor: «Busco tu rostro; tu rostro busco, Señor.» y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré.
    Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde te buscaré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te veo aquí presente? Es cierto que tú habitas en una luz inaccesible, ¿pero dónde está esa luz inaccesible?, ¿cómo me aproximaré a ella?, ¿quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿Bajo qué signos, bajo qué aspecto te buscaré? Nunca te he visto, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro.
    Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado, lejos de ti?, ¿qué hará este servidor tuyo, sediento de tu amor, que se encuentra alejado de ti? Desea verte y tu rostro está muy lejos de él. Anhela acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro.
    Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. Tú me creaste y me redimiste, tú me has dado todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar el fin para el cual fui creado.
    Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo dejarás de apartar tu rostro? ¿Cuándo volverás tu mirada hacia nosotros? ¿ Cuándo nos escucharás? ¿ Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos?
    Míranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Colma nuestros deseos y seremos felices; sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta ti, ya que sin ti nada podemos.
    Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amaré.

jueves, 5 de diciembre de 2019

No todo el que dice...

«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos".
Había un tiempo, según cuentan los mayores, en donde sólo existía la palabra de una persona. Un tiempo donde lo que se decía era un contrato de por vida, porque la palabra tenía valor y los contratos se sellaban con un apretón de manos. Y lo blanco era blanco y lo negro era negro. Pero esos tiempos han cambiado, y el Señor, como siempre, se adelanta a los tiempos y nos enseña a vivir con radicalidad el Camino elegido.
Hoy la palabra, nuestra palabra, casi no tiene sentido o no tiene para todos el mismo sentido. Hoy vivimos en la era de lo virtual, de lo indefinido donde todo vale y todo vale según quien lo mire, lo diga y lo decida.
Y en nuestra vida de fe pasa lo mismo. No siempre creemos lo que leemos en la Palabra de Dios, porque tampoco buscamos, muchas veces, la Voluntad de Dios. Y es a eso a lo que se refiere el Señor: creer en Su Palabra para poder discernir Su Voluntad, porque no vale llamarnos cristianos si no vivimos como Cristo. Y ¿cómo vivió Cristo? Haciendo la Voluntad del Padre.
Y Dios no se cansará nunca de volver a repertírnoslo, porque sabe que es el único Camino que nos lleva a la salvación. NO hay otro. Por eso mismo, al final de las Sagradas Escrituras, en el Apocalipsis, nos lo vuelve a repetir: "que tu sí sea sí, y que tu no sea no; se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca".
Así, nosotros, en estos tiempos tan en las tinieblas, tenemos que ser luz, pero Luz Verdadera y no porque tengamos la luz por nosotros mismos, sino porque nos alimentamos de la Fuente de la Luz, en la Fuente de la Vida. Porque vamos constantemente a buscar la Voluntad de Dios y a vivirla con Su Gracia, para que podemos ser radicales en nuestra vivencia de la Fe.
Cuando buscamos la Voluntad de Dios, siempre contaremos con Su Gracia, por eso no tenemos que temer, pero tenemos que buscarla con sinceridad de corazón, con el deseo de poder vivir Su Palabra, para que nuestra vida no sea hoy sí y mañana no, sino que siempre sea, como María: "¡Hágase en mí según tu Palabra!".
No dejemos que las tinieblas del error del mundo donde todo da igual nos cieguen y nos confundan en el Camino, sino que con la mirada siempre puesta en el Señor, podamos cimentar nuestra vida en el Señorío del Señor, que es la Roca Viva de nuestra Fe.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Compasión con todos?

"Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
La compasión de Jesús siempre ha tenido límites. Bueno, no me entendáis mal, no es que tenga límites sino que nos enseña que hay que saber con quien se tiene compasión. Me voy a explicar mejor.
En este pasaje de la multiplicación de los peces y los panes Jesús tiene compasión de la gente, pero no sólo porque tienen hambre, sino que tuvo compasión ya desde el comienzo porque se ha quedado con ellos durante tres días. Ellos eran los pobres, los necesitados, los enfermos. Eran todos los que estaban necesitados de Jesús, y Él tuvo compasión con ellos y, seguramente, no sólo los curó e hizo milagros, sino que con sus palabras sanó las heridas de sus corazones.
Pero, con otra gente, como con los fariseos, los escribas, los doctores de la ley, les exige, constantemente, mucho más. Seguramente siente compasión por ellos porque no pueden desprenderse de la ceguera con que mirar a Jesús, y por eso los reprende, los exhorta, los lleva hasta el límite de exigirles una conversión para que puedan descubrir en él al Salvador prometido. Pero no, no pueden dejar de creer en sus propias ideas y pensamientos.
Por eso decía que hay límites para la compasión, porque en algunos casos hay que ayudar, acompañar, comprender, y otras no, hay que saber exigir a quien puede dar.
Pero también, en este pasaje con llama a la esperanza. Sí, a la esperanza de saber que no necesitamos mucho para poder llegar a tener lo necesario.
"Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete y algunos peces».
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos".
Dios sabe lo que necesitamos y con lo poco que tengamos, si lo ofrecemos de corazón, Él se encargará del resto y nos dará lo que necesitemos en el momento apropiado. Sólo basta que creamos y que nos dispongamos a recibir el milagro.

martes, 3 de diciembre de 2019

Ay de mí si no anunciara la Buena Nueva

De las Cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio

    Visitamos las aldeas de los neófitos, que pocos años antes habían recibido la iniciación cristiana. Esta tierra no es habitada por los portugueses, ya que es sumamente estéril y pobre, y los cristianos nativos, privados de sacerdotes, lo único que saben es que son cristianos. \lo hay nadie que celebre para ellos la misa, nadie que es enseñe el Credo, el Padrenuestro, el Avemaría o los mandamientos de la ley de Dios.
    Por esto, desde que he llegado aquí, no me he dado momento de reposo: me he dedicado a recorrer las aldeas, a bautizar a los niños que no habían recibido aún este sacramento. De este modo, purifiqué a un número ingente de niños que, como suele decirse, no sabían distinguir su mano derecha de la izquierda. Los niños no me dejaban recitar el Oficio divino ni comer ni descansar, hasta que les enseñaba alguna oración; entonces comencé a darme cuenta de que de ellos es el reino de los cielos.
    Por tanto, como no podía cristianamente negarme a tan piadosos deseos, comenzando por la profesión de fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, les enseñaba el Símbolo de los apóstoles y las oraciones del Padrenuestro y el Avemaría. Advertí en ellos gran disposición, de tal manera que, si hubiera quien los instruyese en la doctrina cristiana, sin duda llegarían a ser unos excelentes cristianos.
    Muchos, en estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa. principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!»
    ¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que se les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando de lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al arbitrio de Dios, diciendo de corazón: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India.»

lunes, 2 de diciembre de 2019

Sobre el Adviento

De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo

    Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para libramos de la tiranía y del poder del demonio, invitamos al cielo e introducimos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñamos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecemos con los tesoros de su gracia y hacemos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
    La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la. fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
    La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
    Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecemos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Comportaros...

"Hermanos:
Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.
Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni envidias. Revestíos mas bien del Señor Jesucristo".
"Comportaos reconociendo el momento en que vivís". ¿A qué momento se refiere san Pablo? Yo creo que puede ser a dos momentos: un momento el personal y a otro momento el histórico.
El momento personal: según nuestra edad tenemos que vivir cada momento, porque no siempre somos conscientes de lo que debemos hacer en cada etapa de nuestra vida. Muchas veces vemos gente que no quiere asumir su edad, su rol en la sociedad, su rol familiar: los niños quieren ser jóvenes, los jóvenes adultos y los adultos adolescentes. Pero ninguno podemos ni saltarnos edades, ni descontarnos años. Cada edad y cada año tiene su sabor particular y su exigencia desde la vida cristiana, y por eso el Señor nos pide que sepamos comportarnos. Claro está que eso no quiere decir quitarle alegría y vida a cada etapa, sino viviendo con alegría cada etapa de nuestra vida, siendo lo que debemos ser.
Y, por otro lado, como el Señor muchas veces lo dijo, aprender a leer los signos de los tiempos. No vivimos en tiempos calmados, sino en tiempos revueltos, pero no dentro de una novela de ficción, sino que es nuestra realidad de cada día. Tiempos revueltos donde al mundo le da igual la luz que la oscuridad, y por eso le gusta vivir en la tiniebla del error, porque al estar todo bien, vivimos en el error constante, porque nada es verdad, no tenemos un límite para lo que se hace, y nadie tiene más derecho que el que más grita o lanzas piedras contra otros. Son tiempos donde la violencia está ganando la vida de pequeños y grandes, donde el respeto por el otro casi no existe, donde la verdad es discutible y puede cambiar de un día a otro, donde ya no hay autoridad ni en la familia, ni el país. ¿Cómo comportarnos en el día a día? Debemos "despertar del sueño" pues si antes "la religión era el opio del pueblo", ahora tenemos que despertar y ser valientes en vivir radicalmente nuestra fe, debemos tener en claro cuál es la Verdad, el Camino y la Vida. Tenemos que ser valientes a la hora de tomar nuestras decisiones y poder hacer frente a la fortaleza de las tinieblas del error y defender con las armas de la fe, siendo instrumentos de paz, aunque esa paz genere divisiones, porque cuando se busca y se vive en la Verdad del Evangelio se generarán divisiones: "no he venido a traer la Paz sino la guerra", dijo el Señor, porque Su Luz y Su Verdad pondrán en evidencia los caminos del error que muchos han tomado como camino de verdad y vida.