martes, 10 de septiembre de 2019

Vanas seducciones mundanas

"Hermanos:
Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.
Cuidado con que nadie os envuelva con teorías y con vanas seducciones de tradición humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo".
Creo que no cabrían más explicaciones sobre este texto, pero no puedo con mi sentir pastoral de no dar ninguna. Pero creo que san Pablo, o mejor dicho, Dios por medio de san Pablo, no puede ser más explícito en aquella hora y, sbore todo, en esta hora que estamos viviendo.
Sí, porque si san Pablo lo veía hace más de dos mil años el peligro de que los cristianos se dejaran seducir por los elementos del mundo y no por los de Cristo, ¿qué podemos decir de este tiempo que vivimos? ¿Cuántas cosas: pensamientos, formas de ser, formas de vivir, ideas o ideologías, vamos aceptando los cristianos que no son cristianas?
¿Alguna vez nos hemos puesto a analizar si las ideologías o ideas que aceptamos en nuestras vidas son propias del cristianismo? ¿Alguna vez nos hemos parado para saber si lo que estamos apoyando con nuestras propuestas o con nuestra vida es propia del cristianismo? ¿Somos conscientes que muchas de las obras, proyectos, o movimientos de protestas de hoy no son para nada cristianos?
¿Está bien que un cristiano esté alineado a ideología que no están de acuerdo a la moral cristiana, ni tan siquiera al evangelio? Es que no nos damos cuenta, muchas veces que ser cristiano es vivir de acuerdo al Evangelio de Cristo y no a la ideología del momento, ni tan siquiera puedo hacer que la Palabra de Dios se haga eco de tantas ideología que hoy pululan por el mundo, porque muchas hasta van en contra de la vida humana. ¿Cómo ser parte de algo que va en contra de lo que digo que creo? ¿Cómo apoyar algo que, incluso, está en contra de mi propio estilo de vida, si es que en verdad me digo que soy cristiano?
"No se puede amar a dos señores", decía Cristo, y no sólo se refería al dinero y al espíritu, sino al mundo y a Dios, al bien y al mal, a lo moral y a lo inmoral. Por eso, al finalizar la Biblia el Señor en el Apocalipsis nos dice: "que tu sí sea sí, y que tu no sea no. Se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca". Y hoy, lamentablemente, muchos creen que porque apoyan a las nuevas ideología del mundo son grand es cristianos, y no se dan cuenta que apoyando las ideología del mundo están en contra del Evangelio que dicen que creen.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El gozo de la Cruz

"Hermanos:
Ahora me alegro de mi sufrimiento por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor".
La Cruz, el sufrimiento no es algo valioso para nadie, ni tan siquiera para los cristianos, sobre todo porque como humanos no soportamos el sufrimiento, pues vemos en el una desgracia para quien lo tiene. Pero, cuando lo miramos a la Luz del Espíritu y nos conduce la mirada hacia la Cruz de Cristo, tenemos que comenzar a pensar como san Pablo: el sufrimiento, la cruz es una bendición para quien la recibe porque nos asocia a Jesús Crucificado y hace que todo sea parte del mismo plan de salvación.
Sabemos por la revelación que la crucifixión de Jesús fue un plan de Dios Padre para salvarnos del pecado, por eso, Pablo se alegra de sufrir "por nosotros" y "a favor de la iglesia", porque asocia su sufrimiento a la Cruz de Jesús, así es cuando el sufrimiento y la cruz, de cada día, cobran un sentido sobrenatural y, aunque sigue siendo dolorosa, se vuelve gozo para el espíritu que camina en santidad.
Cada uno de nosotros (siempre lo repito y no me cansaré de hacerlo) fuimos incorporados al Cuerpo Místico de Cristo bajo el signo de la Cruz, pues es la primera señal que se realiza antes del bautismo. Y, en muchos momentos del día, nos hacemos la señal de la Cruz, porque el Señor nos ha salvado por la Cruz, y, como dice san Pablo "completamos en nuestra carne lo que falta los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia", en favor de la humanidad. Porque nuestro servicio a los hombres es seguir los pasos de Jesús, es vivir como Jesús, y el único camino de salvación y redención es la entrega de nuestra vida.
Claro es que no siempre los sufrimientos y la cruz vienen físicamente, sino que también, en muchos la Cruz es en el alma, el dolor moral y espiritual, la oscuridad del alma, la sequedad, el pecado son, muchas veces, grandes cruces que no vemos pero que se sienten con mucho dolor en quien las padece. Por eso no renunciamos a la entrega cotidiana en favor de auqellos que llevan cruces pesadas, pero, sobre todo, asumimos nuestras cruces ofreciéndoselas al Padre como lo hizo Jesús en el Huerto de los Olivos: "Padre, si es posible que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya".

domingo, 8 de septiembre de 2019

No es lo mismo...

"En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío".
A la gente que acompañaba a Jesús, Él les dijo estas palabras, y eso lo tenemos que tener muy en claro, porque, generalmente, cuando hablamos de renunciar a nosotros mismos se cree que Jesús se lo dijo a sólo a los apóstoles, y por eso, se piensa que eso es sólo para los curas y los religiosos, o las relgiosas y los consagrados. No la renuncia a uno mismo para seguir a Jesús, es para "todos aquellos que lo quieran seguir". Ahora si no quieres seguir a Jesús... eso es otra cosa, pero si lo quieres seguir, ya sabes las condiciones.
Y estas condiciones para el seguimiento de Cristo, es decir, para ser cristianos son condiciones esenciales, es decir que si no aceptas estas condiciones no puedes ser cristiano. Hoy en día creemos que podemos ser cristianos y aceptar que todo se puede vivir o se puede vivir como uno quiera. Y no es así, ¿dónde dice Jesús que podemos vivir de cualquier manera? ¿dónde dice Jesús que podemos aceptar la moda del mundo para hacer lo que queramos y no lo que Dios nos pide?
Claro que no renunciamos para perder la vida y dejar de ser personas, sino que renunciamos a nosotros mismos para llegar a ser Hombres en plenitud. Y eso lo sabemos porque María, la Virgen Madre de Jesús nos lo ha demostrado con su propia vida. "He aquí la esclava del Señor, que se cumpla en mí según has dicho", y María ha sido la perfectísima porque se dejó modelar por Dios, dejó que el Señor guiara su vida y en cada momento pudo seguir siendo Fiel, hasta la Cruz de su Hijo.
Está claro que no es un camino fácil, pero Ella y su Hijo lo recorrieron, por eso nos invitan a hacerlo a nosotros y Jesús lo pone como condición sin la cual no se puede alcanzar el Reino, y no se puede ser su discípulo.
Hoy en día vemos que es una condición que no sólo no la viven muchos laicos, sino que tampoco la vivimos muchos consagrados (llámase curas, mojas, religiiosas, religiosos, consagrados...) pareciera que la renuncia a nosotros mismos ha pasado de moda que se nos ha olvidado que forma parte de la vida cristiana, y por eso, la obediencia a nuestros superiores no es algo que tenga mucho valor en la vida eclesial. Y todo porque en el mundo se nos está predicando que el mejor camino es la libertad de hacer lo que te de la gana, ¡total todo da lo mismo!
Y no han sido esa las Palabras que escuchamos de parte de Jesús, no es lo mismo...

sábado, 7 de septiembre de 2019

Felicidad del Reino

Del Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas

    Después de haber encomiado el Señor la bienaventuranza de la pobreza, prosiguió diciendo: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. El llanto al que aquí se promete el consuelo eterno nada tiene que ver con la tristeza de este mundo, ni hay que creer que las lágrimas que derraman los hijos de los hombres, cuando en su tristeza lloran, a nadie hagan feliz. Es muy distinta la razón de las lágrimas de las que aquí se habla, muy otra la causa de este llanto de los santos. La tristeza religiosa es la que llora los pecados propios o bien las faltas ajenas; esta tristeza no es ni tan sólo la que se lamenta ante el castigo con que Dios nos amenaza, sino que se duele simplemente ante la iniquidad que los hombres cometen, pues sabe que es mucho más digno de compasión el que hace el mal que quien lo sufre, porque el inicuo, con su pecado, se hace reo de castigo, en cambio, el justo, con su paciencia, merece la gloria.
    A continuación el Señor añadió: Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Aquí se promete la posesión de la tierra a los sufridos y mansos, a los humildes y modestos, y a los que están dispuestos a soportar toda clase de injurias. No se debe estimar pequeña o de baja calidad esta herencia, como si fuera algo diverso del reino de los cielos, pues, en realidad, aquí se trata de aquellos que van a entrar en el reino de Dios. En efecto, la tierra prometida a los sufridos, y cuya posesión se dará a los mansos, no es otra sino los propios cuerpos de los santos, los cuales, como premio de su humildad, serán transformados en la resurrección feliz y se verán revestidos de una gloriosa inmortalidad. Esta carne, revestida así de inmortalidad, en nada contrariará ya al espíritu, antes bien, vivirá siempre en unidad perfecta y en consentimiento pleno con el querer del alma. Entonces realmente el hombre exterior será la posesión pacífica e inmutable del hombre interior.
    Esta tierra, pues, la poseerán los sufridos con una paz perfecta y sin que nada disminuya nunca el gozo de esta posesión, pues, entonces, esto corruptible se vestirá de incorrupción, y esto mortal se vestirá de inmortalidad; de este modo el castigo se habrá convertido en premio y lo que era carga se habrá tornado honor.

viernes, 6 de septiembre de 2019

La novedad de lo antiguo

"Les dijo también una parábola:
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo. el nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos".
Estaba pensando en esta parábola y no se entiende cuando venimos hablando de ser cristiano desde que tenemos uso de razón (que no es mi caso), sino que Jesús se lo hablaba a gente que no era cristiana, sino que cuestionaba lo que Jesús hacía. Y lo cuestionaba porque no entendía la novedad de lo que Jesús venía a traer al mundo, porque la Palabra que Jesús predicaba era "algo nuevo" para ellos, y por eso no podían aceptar lo nuevo porque no podían quitarse lo que se había hecho viejo. Que, en realidad, eso es lo que le criticaba Jesús a los fariseos, escribas y doctores de la Ley: haber hacer "envejecido" la religión, es decir, algo que era una novedad para el mundo, pasados los años se había transformado en algo que no servía para la salvación, porque se habían dedicado a "vaciar" de contenido la Ley de Moisés y los Profetas, tanto que al venir el Mesías anunciado no lo pudieron reconocer.
Es así que no pueden adherir a lo nuevo sin dejar atrás lo viejo, o, mejor dicho, no quieren desprenderse de lo viejo para aceptar lo nuevo, por eso "no se puede poner un parche nuevo en un vestido viejo, ni un parche viejo en un vestido nuevo, porque no durarán unidos".
Y así nos pasa en nuestra vida: no podemos vivir la Novedad del Evangelio porque no dejamos la vida del mundo, es decir, aquello que no es de Dios no lo podemos unir a lo que es de Dios, "no se puede servir a dos señores, porque llegará el momento en que amarás a uno y odiarás a otro".
Pero, también, hay una frase que me llamó la atención y es la del final de la parábola:
"Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: "El añejo es mejor"».
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿aceptar la novedad o aceptar lo antiguo? Es que Jesús no vino a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud, por eso aceptar, con todo el corazón, con toda la mente, y con todo el entendimiento, el Evangelio de Jesús es vivir en plenitud la Ley y los Profetas. Porque Jesús vino a vivir lo que Dios había anunciado desde un principio, así lo orignal de Cristo es que no vino a "cumplir con la Ley", sino que vino a Vivir la Ley y los Profetas. Y ese es el vino añejo que es más sabroso que el nuevo. Por eso cuando muchos quieren hacer "nuevo" el evangelio, pierden lo mejor de lo que Jesús vino a traer: la novedad del anuncio original, que es lo que nos salvará en verdad, porque es la Palabra de Dios que se hizo Vida para que nosotros tuviéramos Vida en abundancia.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Una conducta digna del Señor

"Hermanos:
No dejamos de orar por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual.
De esta manera vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificando en toda obra buena, y crecimiento en el conocimiento de Dios, fortalecidos plenamente según el poder de su gloria para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz".
San Pablo le habla a los colosenses, pero también nos hace recordar nuestra "obligación" de orar por nuestros hermanos, de dar gracias por los hermanos que el Señor nos ha dado y que nos acompañan en este Caminar hacia el Señor en santidad. Un Caminar que no siempre resulta fácil y cómodo, sino que tiene muchas vueltas, subidas, bajadas, tropiezos, caídas pero que, si tomamos conciencia de la comunión de los santos, nos resultará más fructíficero si descubrimos nuestra comunión y sabemos que no estamos solos en este caminar.
"No dejamos de orar por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual".
¡Qué importante es este párrafo! Conseguir un conocimiento perfecto de la Voluntad de Dios, pero no sólo un conocimiento intelectual sino un conocimiento que nos convenza de que así tenemos que vivir, que así seremos verdaderamente sus hijos, porque el Hijo lo vivió así: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre". Porque, en este caminar, muchas veces, creemos que porque ya hemos recorrido un trecho es suficiente y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos, gustos y proyectos, dejando de lado la Voluntad de Dios, su Querer para nosotros, y su proyecto para nuestra misión.
Por eso, cuando nos esforzamos por "conseguir un conocimiento perfecto de Su Voluntad", nuestra "conducta será más difna del Señor, agradándolo en todo". Porque de eso se trata, al no sólo llamarnos cristianos, sino al serlo de verdad, nuestra vida tiene que ser digna de Cristo, no digna del mundo, porque del mundo son muchos, y ya Jesús nos lo dijo: "estáis en el mundo pero no sois del mundo". Por eso, en este continuo caminar tenemos que ir quitando de nuestra vida el vivir mundano y esforzarnos por el vivir cristiano.
Segurmente, no será fácil el camino, pero seremos "fortaleccidos plenamente según el poder de su gloria para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz". Él nos ha dado y nos seguirá dando la fortaleza y la sabiduría para que el Caminar sea gozoso y seguro hacia la meta soñada.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Cristo se refería a su propio cuerpo

Del Comentario de Orígenes, presbítero, sobre el evangelio de san Juan

    Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días. Creo que en esta frase los judíos representan a los hombres carnales, entregados a la vida de los sentidos. Indignados al ver que Jesús había arrojado a los que con sus actos convertían la casa del Padre en lugar de negocios, pedían al Hijo de Dios, a quien ellos no reconocían, un signo con el que probara su autoridad para obrar de esta forma. El Salvador les dio entonces una respuesta en la que se refería tanto a su cuerpo como al templo sobre el que ellos preguntaban. En efecto, al decir ellos: ¿Qué señal nos das que justifique lo que haces?, Jesús responde: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días.
    Según mi parecer, tanto el templo como el cuerpo de Cristo pueden llamarse, con toda verdad, figura de la Iglesia, pues la Iglesia, construida de piedras vivas, edificada como templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, cimentada sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y teniendo al mismo Cristo Jesús como piedra angular, puede llamarse templo con toda razón. Por ello la Escritura afirma de los fieles: Vosotros sois cuerpo de Cristo, y sois miembros unos de otros. Por tanto, aunque el buen orden de las diversas piedras viniera a derribarse, aunque los huesos de Cristo fueran dispersados por las embestidas de la persecución, o los tormentos con que nos amenazan los perseguidores pretendieran destruir la unidad de este templo, el templo sería nuevamente reconstruido y el cuerpo resucitaría al tercer día, es decir, pasado el día del mal que se avecina y el de la consumación que lo seguirá.
    Porque llegará ciertamente un tercer día y en él nacerá un cielo nuevo y una tierra nueva, cuando estos huesos, es decir, la casa toda de Israel, resucitarán en aquel solemne y gran domingo en el que la muerte será definitivamente aniquilada. Por ello podemos afirmar que la resurrección de Cristo, que pone fin a su cruz y a su muerte, contiene y encierra ya en sí la resurrección de todos los que formamos el cuerpo de Cristo. Pues de la misma forma que el cuerpo visible de Cristo, después de crucificado y sepultado, resucitó, así también acontecerá con el cuerpo total de Cristo formado por todos sus santos: crucificado y muerto con Cristo, resucitará también como él. Cada uno de los santos dice, pues, como Pablo: Líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Por ello de cada uno de los cristianos puede no sólo afirmarse que ha sido crucificado con Cristo para el mundo, sino también que con Cristo ha sido sepultado, pues, si por nuestro bautismo fuimos sepultados con Cristo, como dice san Pablo, con él también resucitaremos, añade, como para insinuarnos ya las arras de nuestra futura resurrección.