martes, 14 de junio de 2016

La obediencia del profeta

Continuando con la lectura de ayer del Primer libro de los Reyes, podemos detenernos en las dos personas que hay en el relato: Elías y Ajab.
Elías, el profeta, es llamado por el Señor para enviar un mensaje a Ajab por haber aceptado la instigación de Jezabel y el asesinato de Nabot. Dios envía su castigo a Ajab y Jezabel, y ese mensaje es el que tiene que llevar Elías.
No es fácil, en este caso, el papel del profeta. No nos gusta muchas veces tener que decir algo que suena a castigo o que a muchos no los agrada, pero el profeta tiene que cumplir con su encargo. Cuando sabemos que Dios nos llama a anunciar algo lo tenemos que hacer por amor a Dios y a nuestros hermanos, pues el anuncia lleva implícito algo maravilloso de parte de Dios, o un castigo para convertir el corazón del pecador, o un anuncio para que otros puedan salvar su vida.
Claro que, a muchos les ha pasado como a Elías, pues cuando llega a la presencia de Ajab, éste le dice:
«Así que has dado conmigo, enemigo mío»
Cuando el profeta anuncia algo que no nos gusta es nuestro enemigo, cuando nos trae buenas noticias es el amigo que más queremos. Pero, en uno u otro caso, el profeta siempre tiene que obedecer a Dios antes que a los hombres. Por aquello que también Dios le dijo a Ezequiel:
"Te pongo como centinela de la casa de Israel. Cuando recibas una palabra de mi boca, se la anunciarás de mi parte. Si digo a un malvado: ´Vas a morir', y tú no le adviertes ni le insistes para que se convierta de su mal camino y viva, el impío morirá por su culpa, pero demandaré su sangre de tu mano..."
Así, aunque el mensaje no le guste al profeta o no le gusta al que lo recibe igual hay que enviarlo porque es de parte del Señor para la salvación de quien lo recibe.
Por eso, al final de este pasaje de los Reyes vemos cómo Ajab acepta su pecado y su arrepentimiento convierte la ira de Dios en misericordia.
Y para finalizar el Evangelio no nos deja otra opción más que aceptar que el Camino que Jesús nos invita a recorrer es muy complicado y difícil (son las palabras que surgen en un primer momento) pero es el único Camino para alcanzar la Vida que anhelamos: "sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto". Por eso los cristianos no podemos dejar de buscar la Gracia de Dios para que Él nos lleve a la perfección, pues sabemos que nuestros pobres medios humanos nunca lo lograrán.
Y tomando palabras de Santa Teresita: "nos subimos a las alas del águila para que ella nos lleve a los más alto de la cima a alcanzar". Si no nos hacemos pequeñitos en brazos del Padre para que Él nos pueda conducir, para que Él nos pueda llevar, nunca alcanzaremos la perfección de la santidad. Quizás algunos alcancen una perfección humana, pero no llegarán a la santidad que es nuestra meta como hijos de Dios.

lunes, 13 de junio de 2016

El fin justifica el medio?

Es muy interesante la situación planteado por el Primer libro de los Reyes, en la cual Ajab quiere comprar una viña, pero el dueño no la quiere vender porque es herencia de los padres, lo cual lo entristece. La esposa de Ajab se da cuenta y sucede este diálogo:
"-«Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: “Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio”; pero él me contestó: : “No te cederé mi viña”».
Jezabel, su mujer, le replicó:
-«¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el animo. Yo mismo me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael»
Y así se encarga Jezabel de hacer que maten a Nabot para que su esposo tenga su viña, una decisión cruel para alcanzar un fin, y el rey ni siquiera pregunta cómo ha sido el proceso.
Creo que en esta situación nos podemos ver reflejados en muchas cosas, pero sobre todo en una en la que tenemos que tener mucho cuidado: la maldad del apetito de poder. Cuando creemos que podemos hacer todo lo queremos porque sí cometemos grandes errores que terminan lastimando a alguien o a nosotros mismos.
Vivimos en una cultura en donde creemos que podemos conseguir todo lo que queramos y no importa de qué manera. Incluso, los más pequeños, ya crecen sabiendo que con un berrinche pueden conseguir todo lo que se les ocurra, aunque luego de tenerlo no lo usen para nada. Eso es ejercer "poder" sobre los padres, aunque no lo veamos estamos creando una generación que no sabrá cuándo o dónde están los límites de nuestra libertad, de nuestros gustos, de nuestros deseos.
Es cierto que siempre tenemos que tender hacia lo más alto y más grade, pero no en el orden material, sino en el espiritual, de los valores humanos, de los valores sobrenaturales.


Además, como en esta situación, no siempre podemos ejercer el poder que podemos llegar a tener para conseguir algo que no nos pertenece: ¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel!, le dijo Jezabel al rey. Y eso no es verdadero poder, sino que el poder está en saber renunciar a lo que no me pertenece, o a lo que, en este momento no puede tener o no puedo conseguir.

domingo, 12 de junio de 2016

Humildad para pedir perdón

Hay tantas cosas que sugieren las lecturas de hoy que es imposible poder hablar sólo de una. Pero no os asustéis, sólo voy a hablar poco, porque creo que, para mí, sólo hay una que sobre pasa a todas las demás.
Supongo que ya lo habrán imaginado.
La necesidad de ser perdonado y de pedir perdón. Cuando la necesidad del perdón se siente y se necesita para encontrar la paz, no se buscan ni las palabras, ni los gestos, sólo se hace y no importa el tiempo, el momento o la situación.
Creo que esa es la situación que nos presenta el Evangelio: la mujer no tiene en cuenta nada, sólo que quiere expresar lo que siente en su corazón y lo hace sin importarle nada ni nadie, pues sabe qué es lo que está buscando: la Paz que le da el perdón de los pecados.
Muchas veces nuestra soberbia y vanidad no nos permiten experimentar la verdadera paz porque no somos capaces de demostrar cuántos amamos o queremos a alguien, cuánto necesitamos reconciliarnos con Dios, con el hermano, conmigo mismo. Porque ser perdonado no es sólo ponerse de rodillas en el confesionario y "recitar" algo de lo que puedo arrepentirme, sino que el verdadero perdón lo recibo cuando "perdono las ofensas de mis hermanos" (perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden)
Pero también existe el miedo o la vergüenza de expresar mis sentimientos o de reconocer ante otros mis errores. No nos gusta que los demás sepan que me he equivocado, y por eso, dejo pasar las mil oportunidades de pedir disculpas y, hasta incluso, somos capaces de decir aquella tan fea frase: "solo Dios me perdona", o "sólo a Dios tengo que pedirle perdón". Que, por una parte es cierto, pero me estoy escudando en algo que se que no me da paz.
La humildad es la virtud que nos ayuda a reconocer nuestros errores, defectos y pecados para que podamos convertirlos, y el segundo paso para convertirlos (el primero es reconocerlos) es expresar ante quien sea que me he equivocado, pedir perdón a quien he dañado, y pedirle a Dios la Gracia de la Reconciliación para fortalecer mi alma.

sábado, 11 de junio de 2016

Apóstoles del Señor

Al recordar hoy al apóstol San Bernabé, tenemos que recordar que también nosotros somos apóstoles, no sólo porque estamos fundados sobre la fe de ellos, sino porque el Señor nos ha elegido para ser apóstoles: aquellos que conociendo y escuchando al Señor llevaron la Buena Noticia a todos los hombres, respondiendo al mandato de Jesús: "Id al mundo entero y anunciad la Buena Noticia".
Y no fue un "si queréis y tenéis ganas, y claro, os sobra tiempo, hacedme un favor y anunciad aquello que Yo os he anunciado". No, no fue algo que dependiera de nuestro deseo, sino que fue un envío imperativo del Señor. Claro que está en mí aceptarlo o no, pero no aceptar el envío del Señor es no aceptar al Señor, pues ser cristiano implica ser apóstol, ser misionero.
Y fijaos lo que dice el libro de los Hechos sobre el apóstol:
"Llegó noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor".
Los apóstoles somos hombres de bien y llenos del Espíritu Santo y de fe, por eso, no somos nosotros quienes tenemos el Don de evangelizar, sino que nos es dado por nuestra disponibilidad al Señor. Cuando tomamos conciencia de nuestro llamado a ser cristianos aceptamos la misión de llevar la Buena Noticia con nuestra vida a todos los lugares por donde andemos. Por que no sólo se anuncia con la palabra, sino también, con las obras y con la vida.
Es, en estos tiempos nuestra vida cristiana el evangelio vivo para todos los hombres que no tienen fe, y para los que buscan un sentido para sus vidas. Las palabras ya no tienen sentido sin la vida que las acompañe, sin las obras que hablen de esas palabras. Por que sabemos, y somos conscientes de ello, que se pueden decir muchas palabras por segundo, pero si no hay una vida que las sostenga caen en el vacío del día a día.
Así, en el Evangelio, escuchamos lo que Jesús le dice a los apóstoles. Al finalizar todo el discurso de las exigencias evangélicas, les pide y les advierte:
"Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno".
Por lo tanto que nuestra vida sea cristiana cristiana, y no cristiana a medias o sólo de figuración, pues lo demás no pertenece a Dios.

viernes, 10 de junio de 2016

En el susurro suave de la brisa

"Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor.
Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor.
Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso en pie a la entrada de la cueva.
Y llegó una voz que le dijo:
– «¿Qué haces, aquí, Elías?», y él respondió:
– «Ardo en celo por el Señor, Dios del universo..."
No es fácil saber cuándo el Señor nos habla, pero es sencillo entender que siempre va a ser en el susurro de la brisa suave. ¿Por qué? Por que nunca querrá quitarnos la libertad de negarlo, ni querrá obligarnos a escucharlo. Es por ello que hay que estar atentos a Su Voz, pues siempre nos habla en el silencio, nunca dando gritos o grandes voces.
Vivimos en estos tiempos metidos en mucho ruido, no sólo ruidos externos sino también internos, porque el ritmo tan acelerado que llevamos siempre no nos permite detenernos a escuchar "el susurro de la brisa suave", y así vamos perdiendo mucho tiempo en la relación con nuestro Padre Dios.
Pero, claro ¿cómo hacer silencio interior? Es todo un desafío ir adecuando nuestro interior al silencio, y en es todo un esfuerzo poder llegar a hacerlo. Es un desafío porque para poder ir haciendo silencio interior tengo que ir ordenando mis prioridades, mis problemas, mis necesidades. Tengo que saber si realmente quiero silencio interior o me gusta como vivo. Porque en el hacer silencio interior me voy a encontrar conmigo mismo, con mi realidad, con mis cosas y, muchas veces, no tenemos fuerza para descubrir cómo estamos interiormente; y, en otros casos tenemos miedo de no encontrar nada en nuestro interior.
Y algo más que nos ayuda a hacer silencio interior es crecer en la confianza en la providencia. Sí, porque si confío en la Providencia Divina sabré que Dios quiere ayudarme a crecer, y sabe que para crecer tengo y necesito tiempo con Él. Por eso, si confío en la Providencia sabré que todo lo que Él quiera que yo realicé lo haré con su Gracia. Pero cuando no confío en la Providencia siempre creo que el único que puede hacer todo lo que quiero soy solo yo. Y por eso voy arrebatando tiempo de donde no hay para hacer todo lo que tengo ganas, sin preguntar si todo lo que quiero hacer es lo que debo hacer.
¿Qué es lo más hermoso de todo esto? Que cuando encuentro el silencio interior y en ese silencio me encuentro en un diálogo íntimo con el Señor, consigo Paz, Confianza, Esperanza, Amor, Alegría, todos aquellos dones que vienen del Espíritu Santo, porque es lo que el Señor me regala cuando me encuentro con Él, y lo hago con un corazón abierto y dispuesto a escuchar y hacer Su Voluntad. Y así comienzo un día nuevo dibujando en mi rostro los Dones que han llegado a mi corazón.
Por eso, al comenzar la mañana dediquemos un momento a "escuchar el susurro suave de la brisa" pues ahí "está el Señor".

jueves, 9 de junio de 2016

Exigencias del Evangelio

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego".
Estas partes del Evangelio son las que no nos gustan leer, por que nos llevan a pensar nuestras vidas más allá de la "letra" de los 10 mandamientos. "Nooo, yo no mato ni robo..."
Vivo en el sólo cumplir una letra que por ser sólo letra no da vida, sino que da Vida porque es Palabra de Dios. Si dejo que esa Palabra penetre en mi corazón, junto al Amor que Jesús nos dio por medio del Espíritu Santo, entonces comprenderemos el por qué que nuestra justicia sea mayor que la de los escribas y fariseos.
"No he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud" le decía Jesús a los escribas y fariseos, y la plenitud que Jesús le da es la vivencia radical de la Palabra de Dios, dada por Moisés y los Profetas. Y ¿cuál es la plenitud? Vivirla desde el Amor, "un mandamiento nuevo os doy: que se amen unos a otros como Yo los amé". Es el Amor puro y verdadero el que le da plenitud y fuerza a la Ley de Dios.
"Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda".
Vemos muchas veces cómo no nos hemos reconciliado con nuestros hermanos (de sangre o comunidad) y seguimos yendo al Encuentro del Señor. Vemos que, a veces, para no encontrarnos con nuestros hermanos nos cruzamos de acera, nos sentamos en otros bancos en la Iglesia, o, también, cuando se puede, nos vamos a otras iglesias para no ver a aquellos a quienes no queremos, a quienes no hemos perdonado, o a quienes no hemos pedido perdón.
Que nuestra vida sea mejor que la de los escribas y fariseos que sólo se contentaban con "cumplir" y no con vivir, así el corazón sigue siendo de piedra y no lleno del Amor de Dios. Y, por lo tanto, nuestra vida farisaica será un signo oscuro y falso de lo que es vivir el cristianismo, de lo que es seguir a Jesús. Pues por mucho que yo hable de Él y de todos los santos si mi corazón está lejos de vivir el Amor, entonces, como Jesús le dijo al fariseo: "tú no estás lejos del Reino de Dios", pero no tienes el Reino de Dios en tu corazón.

miércoles, 8 de junio de 2016

Decidirnos por uno u otro

"Elías se acercó a todo el pueblo y dijo:
-«¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal».
Siempre Dios nos ha dado libertad, y libertad de elección incluso hasta en nuestra fe: podemos elegir creer en Él o no, aceptarlo o negarlo, seguirlo o rechazarlo. Pero no podemos jugar a dos bandas, Jesús diría: "estáis conmigo o contra mí, recogen conmigo o desparraman", y en el Apocalipsis: "que tu Sí sea Sí y que tu No sea No. Se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca".
¿Por qué esta radicalidad en la elección? Pues cuando experimentamos la liberad de ser hijos, tenemos que saber que nuestras elecciones son nuestra responsabilidad, y que no podemos estar saltando de un lugar a otro, pues nunca sabremos cuál es el verdadero camino, y, por otro lado, así nunca nos hacemos responsables de definir nuestra vida según un estilo particular de creer, y, por sobre todo, estando en dos lados, nunca obedecemos a nadie. Pues "no se puede servir a dos señores, porque amarás a uno y odiarás a otro", y esto según el momento que me convenga.
Hoy estoy con Dios porque lo necesito, pero mañana estoy con el mundo porque es más divertido y no me recrimina el error, el pecado, y me da más libertad para hacer lo que quiera. Pero cuando ese mundo me produce dolor vuelvo a Dios para que me calme mis necesidades.
Elías le hacía esa exhortación al Pueblo de Israel, al pueblo que había optado por seguir al Señor, pero como habían aparecido otros profetas (los de Baal) que los invitaban a vivir de otro estilo más cómodo, entonces los seguían a ellos. Por eso la exhortación a elegir o uno u otro. Hoy no tenemos un Profeta que haga los milagros de Elías, pero sí tenemos miles de hermanos que viven el Evangelio y nos demuestran en sus vidas la pasión por el cristianismo, cómo los consejos evangélicos son posibles vivirlos y cómo los viven con alegría. Nos muestran con sus vidas cómo el fuego baja a sus corazones y enciendo en ellos el deseo de santidad que modela sus días.
Sí, es una elección. Una elección personal a la que nadie me presiona, pero que tengo que realizar para encontrar un Camino que sea el que perfecciones y de plenitud a mi vida. Pues nosotros, los que hemos elegido el camino de Cristo, y nos llamamos y decimos cristianos, tenemos la misión de mostrar con claridad el Camino; pues para eso el Señor nos dice que somos la Sal y la Luz del mundo.